BMW R 1200 GS Adventure - Segunda opinión- Todoterreno

Escrito por José Mª Hidalgo el . Publicado en Pruebasafondo

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Segunda Opinión

BMW GS Adventure 018

Nombre: Tomás Pérez

Ficha Técnica: Altura: 1,91, Peso :105, Edad: 55

Nivel: Subcampeón de la Mac90 2012 Categoría Twin. Piloto de enduro y del nacional de Raids en el 91 y 92

La Patada.

El punch del nuevo boxer vuelve a sorprenderme. Al ralentí y con el cabeceo, cada vez más disimulado, del primer golpe de gas en vacío se siente un bóxer, pero cuando enroscas el puño de verdad para salir catapultado, a mí personalmente, me recuerda el genio destemplado de un motor Testa Tetra. Es más, me gustaría ahora volver a probar la trail de Bolonia, a tomar de nuevo sus referencias, porque con este nuevo bóxer ya no se antojan ni tan contundentes ni tan estratosféricas como en mi primera toma de contacto.

El Síndrome Mc´Gregor.

Hice varios kilómetros por diferentes escenarios con la Adventure ataviado con una chaqueta de moto, sí, pero de corte civilizado, más “de vestir”, como se suele decir, y con un casco integral de carretera, además, de perfil deportivo. Incluso hice algunos recorridos urbanos calzando zapatos, también de vestir. No es que sintiera la Adventure como una cabra en un garaje desenvolviéndose por las calles, avenidas y autovías de circunvalación, pero quedaba bien a las claras que no estaba conectando con el auténtico espíritu, el verdadero gen de esta soberbia moto, contenido, ni más ni menos que en su propio nombre.

Así es que hice caso a los sabios apuntes de mi compañero -y sin embargo amigo- en otros medios David Navarrete, vertió en uno de los programas de radio al que le invitamos en Super7:”Yo procuro vestirme con el equipo acorde con el modelo que voy a probar para entenderlo mejor y representar así el papel correspondiente a su motorista”, dice el bueno de David.

Y así, ni corto ni perezoso, tomé el casco off road de la estantería, con su visera lanzada hacia el frente y con las gafas de cross ya acopladas; y saqué del armario la chaqueta bicolor, de un corte y reparto cromático que recuerda a la propia que vende BMW para sus clientes más aventureros.

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Me puse la chaqueta, me enfundé el casco y me subí a la Adventure y ¡Oye! Nada más arrancar y meter la primera…, no sé si será por esa fantasía que permanentemente preside mi mente -seguramente será así- pero el caso es que me sentí iniciando una larga e intricada aventura mientras abandonaba las calles de mi barrio. Me sentí Mc Gregor, simpático personaje al que conocí en Garmich, con motivo de la concentración anual GS de 2010. Sí, me sentí como Mc Gregor partiendo desde las calles vecinales que me ven día a día, dejando atrás unos amigos, un hogar, una familia…, una vida para emprender una larga e intrincada travesía por…

Lo siento. Discúlpeme el lector, pero, en este caso, la Adventure ha impulsado demasiado lejos mi fantasía.

La Adventure y la Altura

La planta descomunal de la Adventure, incluso su aspecto un tanto destartalado para algunos, desaparece en el momento en el que nos subimos a horcajadas de esta máquina.

Vuelvo a hacer el comentario sobre la sensación al inclinar que en otros reportajes de muchas trail, pero en el caso de la Adventure corregido y aumentado. Cuando inclinas con una deportiva, llegas a ángulos impensables. Por otro lado, los ángulos que se pueden alcanzar con una trail en general, y con la Adventure de BMW en particular, no son nada despreciables, desde luego, y a veces realmente sorprendentes; aunque nunca llegarán a los de una deportiva. Sin embargo el arco que describe nuestra cabeza inclinando sobre una doble erre tiene una longitud mucho menor que el que traza con una trail, más aun si en la deportiva hacemos una conducción al uso, y echamos la cabeza abajo y hacia el interior de la curva, y si en la trail mantenemos el tronco más o menos erguido con la cabeza recta sobre él.

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La Adventure en Tierra

Al entrar en la tierra desplazando un volumen tan aparatoso en apariencia, la Adventure encoge y encoge, hasta convertirse casi en una trail monocilíndrica. Me recordó, sólo en cuanto al balanceo de la moto a un lado y al otro, y en cuanto a la conjunción con la contundente patada del motor, a las carismáticas Husqvarna 610T contra las que competí a principios de los noventa.

Una vez metidos en faena con esta BMW, hay dos elementos que no debemos olvidar al hacer una conducción off road. Por un lado, si tenemos una mínima experiencia en la práctica del enduro, nuestra propia inercia y la misma invitación que nos hace la Adventure, en cuanto hayamos asumido ese efecto mágico por el que su peso se disipa, nos empujarán hacia senderos intrincados, senderos que casi siempre nos guardan pasos angostos donde la magia de la Adventure, evidentemente, no puede adelgazar de repente su extraordinaria anchura.

Por otro lado, si hemos sido, o seguimos siendo, aficionados al cross, la conducción de la Adventure, tan suelta y tan sorprendentemente natural sobre la tierra, nos va a llevar a tirarnos contra cualquier talud con forma de peralte que nos salga al paso para cambiar de dirección en un suspiro, aprovechando ese maravilloso efecto de catapulta que ejercen la reacción de las suspensiones al recuperar en un momento todo su recorrido. En ese momento, nuestro instinto de conducción nos va a llevar a sacar la pierna avanzando el pie hacia delante. Craso error, porque nos pasará lo que ya viví en tierra con la versión GS más civilizada, toparemos con el cilindro correspondiente y, a menos que calcemos botas de cross, nos llevaremos un buen golpe justo en el mismísimo término medio de la espinilla.

En las zonas más complicadas, el sorprendente radio de giro, casi como el de una moto de trial, facilita aun más las cosas, salvando piedras y obstáculos en los momentos más apurados, incluso pie a tierra.

Por otro lado, en los tramos más rápidos y divertidos, el modo “enduro” restringe la intervención del control de tracción, permitiendo cortas derrapadas, por otro lado, el ABS trasero desconectable facilita el giro en las curvas más lentas de una pista, cruzando la Adventure a nuestro gusto.

Otro punto extra a añadir en la forma enduro, es que la pantalla regulable de la Adventure nos permitirá hacer tramos de autopista con toda comodidad, yendo equipados con un casco off road. Podemos buscar, subiendo y bajando esa pantalla, un efecto aerodinámico de acoplamiento entre la protección de la moto y la visera del casco, fluyendo el aire justo por la superficie superior de esta última para deslizarse por detrás con la misma suavidad y sin más turbulencias que con un casco integral de carretera. De esta forma, quedaremos al resguardo que el fuerte viento a alta velocidad ejercería sobre el frente del casco off road, sobre su mentonera, sobre sus gafas y sobre todo por debajo de la visera, sometiendo a nuestro cuello a un fuerza constante y muy molesta.

Por último en este apartado dedicado a la tierra, las estriberas dentadas afianzan una posición de lo más natural, conduciendo completamente de pie, sin un detrimento notable de la comodidad en la gran ruta o en la autopista.

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La sensibilidad con el Telelever.

No estamos hablando de una moto de trial, donde poner el pie en el suelo al negociar un paso complicado tiene una trascendencia sumando 4 puntos de penalización; tampoco hablamos de una moto de enduro, en la que nos preocupe pasar por encima de los obstáculos o atravesar los senderos lo más rápido posible para llegar a tiempo al siguiente control en un tramo de enlace, y más de prisa aun, si estamos inmersos en un tramo cronometrado. No. Con esta BMW Adventure no vamos a vivir ninguno de esos trances, y nuestro único objetivo será llegar, antes o después, al destino de nuestra aventura, pero llegar. Llegar, al fin y al cabo.

Por eso, las sensaciones sobre la Adventure desde luego resultan bastante diferentes de las que puedes percibir sobre una monocilíndrica de horquilla invertida. Cuando pasas de pie sobre la Adventure por encima de algunas rodadas secas, por ejemplo, sientes, e incluso escuchas, que va ocurriendo algo por ahí abajo, como si se librase una pequeña batalla entre las crestas secas y quebradizas de la tierra y los neumáticos haciendo equipo con las suspensiones de la Adventure. Unas, las más gruesas y sólidas de esas crestas, son pasadas por encima, absorbidas por las suspensiones y otras, las más frágiles, son sencillamente trituradas bajo las ruedas de este coloso del off road.

Sí, llegar al fin y al cabo, y ese objetivo queda subrayado con detalles como el que uno descubre repasando el entramado de barras en color aluminio que constituyen el atalaje sobre el que se acoplan sus maletas blindadas. Un asa en el lado izquierdo que se instala para ayudarnos a subir este equino sobre su caballete central, pero que, por otro lado, queda a la mano para agarrar la Adventure y tirar de ella, sacándola de cualquier atolladero en el que nos podamos meter, animados por sus sorprendentes cualidades fuera del asfalto.

Con lluvia

“Como pez en el agua”, es una frase que pierde por completo todo su carácter tópico para convertirse, en el caso de la Aventure sobre el asfalto mojado, simplemente, en una pura realidad. La sensación de dominio de la situación que transmite este soberbio modelo es total, tanto que conducir sobre mojado puede resultar de lo más divertido, olvidándote incluso de la marca y modelo de los neumáticos que calces.

La sensación de control te va transmitiendo una confianza tal que en algunos momentos tuve que recordarme: “¡Tomás! Que el suelo está mojado. Fíjate bien, ¡que está mojado!”, porque en algunas curvas iba a tirarme con la misma determinación, y yo diría que con el mismo arrojo que si condujese en seco.

El modo “Rain” facilita las cosas más todavía de lo que la Adventure, genéticamente, ya ofrece, suavizando la entrega de potencia sin restar ni un caballo. Lo cierto es que el motor se siente lleno, pleno y también con un empuje constante, sin un solo pico. En cuanto a las suspensiones, más de lo mismo, el modo “Rain” las adapta a las condiciones de lluvia; tal vez ése fue un componente más que me animara a tirarme en cada curva mojada con la Adventure con las misma ganas que si estuviera seca.

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La Adventure y su Altura

“Tomás, ésta es tu moto”. Con mi 1,91, es el comentario que he escuchado de mis amigos y conocidos cuando me han visto llegar subido a la Adventure. Mi punto de vista es que se trata tan sólo de una cuestión estética, porque lo cierto es que me encuentro muy a gusto montando sobre infinidad de motos; aunque en el caso de alguna de ellas me cargue, directamente, la foto que me vayan a hacer conduciéndola. Esto mismo puede servir para muchos motoristas que sin ser tan altos pueden encontrarse en una Adventure. Me viene muy a mano ahora el ejemplo del magnífico Gaston Rahier, a la sazón, Campeón del mundo de motocross en el 75, 76 y 77, y que con su exigua estatura, se impuso, además, en el Dakar del 84 y 85 con una R 80 GS preparadísima y descomunal, predecesora de esta Adventure 2.013.

De todos modos, entre el 1,91m de un servidor y la prodigiosa capacidad de aquel genial belga, se extiende una franja que puede abarcar a un buen número de motoristas, compensando con la altura una limitada pericia o con la habilidad una discreta estatura. En definitiva: son muchos más de los que pueda presumirse en una principio los que pueden disfrutar de esta magnífica moto, porque lo mismo que ocurre con el peso, la altura de la Adventure deja de intimida en cuanto te subes a ella y te pones en marcha, por las facilidades y la docilidad que muestra en el momento en el que te afianzas en su asiento, aunque ya sé que por mi tamaño no soy el que pueda ofrecer la mayor credibilidad al afirmarlo.

Dos Plazas.

El asiento, amplio y confortable tanto para el conductor como para el pasajero. Muy cómodo, con buenos asideros y una natural colocación de los reposapiés para la plaza trasera.

Por otro lado, el espacio que ofrece es tan generoso como para viajar tras una discusión de pareja corriendo el aire con fluidez entre ambos.

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De noche.

La frase: “Cuando enciendes la luz, se hace de día” podemos reservarla para su hermana, o prima hermana, la K 1600 GT o GTL; pero la cuestión es que el haz de luz que proyecta el grupo óptico de la Adventure tiene una intensidad llamativa, viendo el suelo con una nitidez sobrada para detectar sombras sospechosas, bien de humedad o bien impregnadas con alguna substancia, que es tal vez lo que más nos preocupa al motorista cuando viajamos de noche e inclinamos la moto.

Por otro lado, la altura de la Adventure supone en este capítulo nocturno un punto extra, porque la zona iluminada del asfalto se hunde mucho menos que en cualquier otra moto a la hora de inclinar, y a menos que hagamos una tumbada casi de circuito –algo rarísimo circulando de noche- el haz de luz se proyectará alcanzando una distancia más que aceptable mientras que hagamos el trazado del viraje.

Además de ello, si nos apoyamos en los faros auxiliares que monta la Adventure, nos servirán de “cuneteros” con la moto vertical y el haz de cada uno de ellos, cuando quede en el lado exterior en una inclinación, se proyectará a lo lejos sobre el viraje.

Concluyendo.

La Adventure no necesita verse rodeada de la selva amazónica, con dos palmos de barro bajo las ruedas y una intrincada flora como palio para encontrarse en su hábitat natural, por así decirlo. Es una moto que se desenvuelve por el tráfico urbano y cotidiano mucho mejor de lo que pudiera presumirse en un principio, que resulta divertidísima, y muy difícil de batir, en un tramo de curvas de montaña -mejor aun si el asfalto está roto-; y finalmente una viajera incansable, una auténtica tragamillas, ofreciendo una comodidad que raya en la de alguna que otra GT.

Tomás Pérez

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