Entre las piernas el viejo motor y entre los oídos la buena música (Prejuicios)

Escrito por Dani Matute el . Publicado en Kustom Kulture

Kawasaki W650 Engine with Kick Starter
Música a dos ruedas- Estuve hace poco en un concierto en una sala en el centro de Madrid. E hice algo que a partir de este mes ya no podré hacer más: me planté en la puerta con mi W650. Ya tuve problemas para aparcar con la nueva normativa del ayuntamiento madrileño, pero entiendo esas reglas, aunque no confío en que se aumenten las plazas reservadas para las motos. (Sigue leyendo)


Lo que es totalmente ilógico es que la inmensa mayoría de motocicletas no vayan a poder entrar más en esa almendra central de la capital. Es irónico que un medio de transporte que fomenta la movilidad sea arrinconado y casi proscrito en pos de esa misma movilidad. Y no sólo cuando haya episodios de alta contaminación, que hasta podría entenderse, sino para siempre. El ayuntamiento de Madrid siempre había sido amigo de las motos pero ahora parece que les ha cogido alergia. En Madrid, las motos son menos del diez por ciento del parque móvil (9,7%) y sólo contribuyen con un 0,2 por ciento de dióxido de nitrógeno y un 1 por ciento en óxidos de nitrógeno Nox (los mayores problemas de la capital). Gracias a esto, y a ser intrínsecamente vehículos de alta ocupación, el Ayuntamiento de Madrid las había dejado fuera de las limitaciones. Una moto anterior a 2003 no tiene etiqueta medioambiental porque contamina más que las motos posteriores a ese año (homologación Euro 2 y posteriores). Pero no significa que contamine como un coche sin etiqueta medioambiental: ¡contamina muchos menos! Sus emisiones son más bajas y por su movilidad (pasa menos tiempo circulando con el motor en marcha) todavía tienen menos impacto en el medioambiente. Esto el público no lo sabe (los políticos sospechamos que tampoco) pero es un éxito (demagógico) prohibir circular ”a los vehículos más contaminantes”.
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Pero volvamos a temas más musicales: al concierto de un rockero que descubrí a los trece años, cuando ya él había desafiado a la sociedad de entonces y era uno de los pioneros e iconos del rock and roll español. Un cantante que, si hubiese muerto entonces, sería nuestro puto Morrison. Y, honestamente, creo que fue un gran concierto que tuvo todos los ingredientes para disfrutar del rock. Un artista bastante chulesco y a veces arrogante. ¿Qué es el rock sino un ejercicio de arrogancia y chulería? Un cantante con una voz limitada sí. Pero un cantante juega con ventaja sobre un escritor que, si no escribe bien, no te captura. Un cantante que no tiene buena voz puede compensarlo con talento. Si se juntan las dos cosas, voz y talento, hablamos de palabras mayores. Aunque no sea caso. Pero el estilo nace de los límites. Y este artista juega muy bien con el límite. A esto le sumamos un grupo de músicos excepcionales y muy engrasados que conocen el blues y el rock y lo ejecutan a las mil maravillas. Y las canciones hablan de sexo, coches (¿motos?), drogas, rock and roll y alcohol, como mandan los cánones. Pero no sólo eso. También hablan de barrio, de amor, de respeto, haciendo hincapié en que las mujeres no pertenecen a nadie, que se enteren todos. Manifiesto en contra de la guerra y sus horrores, declaración de principios a favor de los trabajadores en su lucha contra el poder, antes y ahora. Bofetada en la cara a ese poder cuando te engaña y defrauda que, si mandan los de antes, es que algo marcha mal. Eso se llamaba punk en mis tiempos. Advertencias de que no te creas todo lo que te dicen. Pero también mucho lirismo. Todo con mucha actitud rock and roll. Y además de eso, gratitud y cercanía con su público, bajando a pie del escenario e interactuando con ellos. Complicidad compartiendo experiencias alucinógenas. Todo esto, que no es poco, mezclado y aderezado con grandes punteos de guitarra, solos de armónica y bases rítmicas poderosas que terminan construyendo un puñado de buenas canciones y muchos himnos del rock español, de calidad superior a la de la media nacional. No cantó su canción más motera (“Tu pecho hundido en mi espalda/Entre las piernas el viejo motor/El aire abrasa mi cara/En tu cintura se agita la pasión) y desde hace algún tiempo ya no cabalga en su Harley Softail Heritage. Pero este concierto se merecía aparecer en nuestra web motera porque rezuma rock.

Si lees todo esto es posible que pienses que te hubiese gustado estar allí. Si ahora te digo que el concierto era de Ramoncín, algún exabrupto saldrá de tu boca. A lo menos, una mueca de disgusto o algún chascarrillo. Pero no voy a intentar defender y justificar al personaje. Ni a atacarlo. Ya se han encargado de ello los medios, los fiscales, los jueces, la gente. Entiendo que haya gente que odie y otra gente que ame al personaje. Lo que no entiendo es que la mayoría de la gente no pueda reconocer, objetivamente, su aportación a la música en España. Todos hemos entonado alguna de sus canciones y aún hay quién se sorprende de que “esa canción” sea suya. Para mi forma el póker mágico de pioneros junto a Burning, Rosendo y Loquillo. Y eso sólo valorando su música y no el impacto que supuso su irrupción en la sociedad que no viví y sólo he podido leer.

Mi máximo respeto por un tipo que hace un concierto de dos horas y media con más de sesenta años y que logra, no ya que no te aburras, sino incluso que vibres y disfrutes. Un tipo que es consciente de que le han humillado y de que humillan a los que le siguen y por eso les trata lo mejor que puede. Por ejemplo, con el detallazo de proporcionar la entrada en color al acceder a la sala. Ya no me acuerdo de la última entrada así que tuve ya que incluso cuando aún no se compraban online te la daban en la tienda impresa en blanco y negro.

En definitiva, el rock y el punk siguen vivos para disfrutar y pelear.

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