BMW HP4 Easyrace by Castromaroto - La Tensión de la Espera

Escrito por Tomás Pérez y Sergio Hidalgo el . Publicado en Pruebas

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Más nervioso que un opositor

Oigo a Edu, pero lo cierto es que tengo que hacer un verdadero esfuerzo para no dejar de prestarle atención. La inminente proximidad de mi relevo y mi imaginación, pintando a mi compañero subido en la HP-4 Easyrace, volando sobre el trazado manchego atraen todo mi interés en ese momento. Finalmente, dejo a Edu en el umbral de box para cruzar con cuatro pasos el pit line. Me asomo entre las verjas que rematan el final del muro tratando de divisar el paso de Sergio sobre la súper BMW. Lo cierto es que, en la distancia y contando a los pilotos, acoplados cada uno detrás de su cúpula, pensé que me resultaría muy difícil, casi imposible, reconocerlo; sin embargo, estaba equivocado. Desde el principio de la recta, allá en el fondo, cuando todos llevan ya el puño retorcido al cien por cien (gas full) para exprimir el motor al máximo, un sonido agudo se superpone levemente en la distancia, tan leve que casi se presiente, como una soprano sobre el coro, por encima del rumor que forma los demás en conjunto. Poco a poco se va definiendo como las notas de esa música retransmitida desde cualquier parte del mundo que escuchamos muchos domingos en televisión. Finalmente distingo el casco de Sergio escondido tras el plástico transparente de un aparato que devora la recta como una exhalación, envuelto por un aullido salvaje y descarnado que termina por sobrecogerme el vientre cuando por fin cruza por delante de mí. Vuelvo la cabeza con un giro violento para escuchar cómo Sergio deja tras de sí la misma banda sonora de MotoGP que escuchamos siempre atenuada dentro de un televisor.

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Me vuelvo al interior del box para prepararme. No quiero verlo pasar, entre otras cosas porque impone lo suyo la velocidad y la permanente aceleración con la que lo hace. Examino la pantalla del casco y decido darle una pasada con papel y un spray apropiado. En realidad no lo necesita y uso la operación –lo confieso- como terapia para espantar los nervios y también el peso que te cae encima con la responsabilidad de pilotar un artefacto como éste, tan caro, con tantas horas de trabajo echadas en su preparación, pero sobre todo tan rápido que te la puede liar en un instante, cuando menos te lo esperes.

Doy unos pasos dentro del box para salir al pit line, ya completamente equipado, con el casco abrochado y todo, y al minuto veo aparecer a Sergio por el fondo del carril, llevando consigo un sonoro balbuceo, como la guagua de una guitarra eléctrica, por el efecto que provoca el límite obligado de velocidad sobre el motor. Se detiene frente a mí y me entrega la bestia, como dije antes: igual que si se tratase de un relevo de endurance.