KTM Freeride Eléctrica - Vadeando
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Pasada por Agua
Entre los participantes surgieron las bromas y los chascarrillos cuando supimos que daríamos un chapuzón a nuestras Freeeride E en uno de tantos ríos que surcan la zona. A ver si nos va a dar calambre, lo mismo saltan chispas, a lo mejor se cortocircuita algo… En fin, ya sabemos cómo somos los de aquí.
Lo cierto es que el río era más ancho que un arrollo, pero poco profundo, y la única forma de sumergir allí mi Freeride E era cayéndome con ella. No lo hice. Aparte del agua, el río me sirvió como una excelente prueba para apreciar la capacidad de absorción y recuperación de las suspensiones. Su rapidez en la extensión-compresión era algo proverbial, surcando el agua que corría sobre un lecho de cantos angulosos. La manejabilidad del chasis, que se hacía tan natural como si se tratase de una prolongación de mis extremidades, y la liviana estrechez del conjunto me permitieron, incluso, el lujo de marcar alguna figura de cierta plasticidad sobre la moto –o al menos ésa es la impresión que tuve-. Llegados a este punto, se preguntará el lector por qué escribo con esa profusión de calificaciones positivas. Bien, pues porque, sencillamente, la Freeride E me permitió fluir río arriba y río abajo sobre las piedras, en no sé cuántas ocasiones, sin sentir siquiera el amago de caerme, sin rayar el ridículo quedando encallado entre las piedras y sobre el agua, y por haber salvado el pabellón delante de mis compañeros especializadísimos de la prensa verde sobre dos ruedas.
Rendimiento
Otra pregunta del millón que vamos a abordar en este punto; aunque me temo que a ésta puedo responder más desde el plano de la deducción y menos desde el práctico. La Freeride E en el nivel 3 (22 CV) rinde algo más, lógicamente, que seleccionando el 2 (15 CV); pero, en cualquier caso, no tengo ninguna duda de que si exprimes este motor eléctrico en subida, en su máximo grado y por una pista, te fundirás la batería, seguro, en esos 30 minutos que además, con el vértigo de la velocidad y de los derrapajes, tendrás la sensación de que son muchos menos, casi un suspiro, que los marcados en el catálogo de la Freeride E.
En el nivel 2, subiendo de una forma más directa y haciendo un enduro trabajoso y revirado monte a través en descenso, esta KTM eléctrica da mucho, pero mucho más de sí de lo que uno pudiera imaginar a priori. Para ello no hay que olvidar que el consumo en bajada es cero absoluto y que el esfuerzo, la técnica a aplicar y la diversión son máximas.

En el nivel 1, con el rendimiento y el consumo mínimos que ofrece la Freeride E, sinceramente, no soy capaz de describir el resultado de un análisis, puesto que este reportaje se basa, tan sólo y al fin y al cabo, en una presentación, y no en una prueba a fondo. La sensación, al seleccionar este nivel básico, es de un recorte del brío, como el morlaco pasado por la suerte de varas, pero con una respuesta llena, que conserva todo el poder y el potencial para elevarte a la largo de cualquier rampa de una trialera, por empinada que ésta se presente.
