KTM Freeride Eléctrica - Ascendiendo
Article Index

En Subida
Antes de nada es fundamental subrayar un dato de la prueba en este apartado. El peso de un servidor con el equipo completo encima rondará los 120, o probablemente algo más. Y la primera pregunta que se hará el lector, y la que me han hecho muchos amigos después de esta experiencia, es si la Freeride E tiene potencia suficiente para trepar monte arriba con algo más que dignidad, con fuerza, con brío, con velocidad. Bien, pues tuve ocasión de probarlo y comprobarlo en tres situaciones, con el nivel 2 seleccionado, que espero resulten suficientemente descriptivas para dar una idea al lector de esa capacidad de esta enduro eléctrica.
Una de ellas se dio en la crono que KTM nos preparó. Un circuito variado y suficientemente exigente para poner a prueba la capacidad de la Freeride E. Se trataba de un paso a la vuelta de una esquina muy forzada y estrecha. Al doblarla, me encontraba de cara con una rampa de tierra, casi una pared de unos cinco metros de altura, y, gracias a mis trasnochadas dotes para el enduro, la esquina me dejaba sin inercia, con la Freeride E prácticamente muerta cara al muro de tierra. Desde la primera vuelta no tuve ninguna duda sobre su capacidad de tracción y encaré esa rampa poniéndome completamente erguido sobre los estribos y girando todo el puño. Mi Freeride E me catapultó de inmediato hacia arriba, con la rueda trasera escarbando entre las profundas roderas que ya habían grabado mis compañeros sobre la pared de tierra, e incluso se permitía ganar aceleración para brindarme al final un pequeño brinco como colofón en la cresta.

Otra situación, creo que también muy descriptiva de esa capacidad de ascensión la viví en una empinada ladera –me pregunto si las habrá allí de otro tipo-. Sí, una de esas pendientes alfombradas por la hierba en la que tomas la decisión de subirla en su base y, una vez que te metes en ella, ya no puedes cortar gas. Un trance así exige que la tracción sea sólida y constante, o incluso en ascenso. Allí me metí, montaña arriba, y la Freeride E no sólo subía sobradamente conmigo encima, sino que lo hacía, además, con una fuerza y una velocidad que tuve que ir graduando. Pero este detalle no fue lo más representativo de esa prueba. Cuando llevaba trepadas varias decenas de metros de aquella ladera, me quedé por un momento sin respiración al aparecer, escondido bajo el raso que modelaba el verde sobre la pendiente, un cortado, tallado artificialmente, de algo más de medio metro. La Freeride E pasó sobre él impulsada por la inercia y por la tracción, con una limpieza que apenas me dejó sentir un bote de la rueda trasera con un pestañeo sin empuje. Aparecieron aun otros dos cortados más –digo yo que surcados sobre la montaña para encauzar el deshielo-; pero el último que me salió al paso, casi en la cima, alcazaba sobradamente el metro: un auténtico salto en plena ascensión. Yo no hice nada más que mantener las piernas semiflexionadas, tratando de adaptar el cuerpo al obstáculo. La Freeride E se encargó de todo el trabajo, gestionó –como tanto gusta decir ahora- el salto para pasarlo con sobrada solvencia y con una trayectoria limpia.

Una tercera, -en realidad son varias repetidas- la viví en las escasas pistas por las que transitaba la ruta que nos prepararon. Siendo desde luego, mucho más un quemado de la velocidad que un hombre del enduro, estaba deseando encontrar algún espacio abierto, por corto que fuera, para desmelenarme y dar rienda suelta a mis deseos de sentirme, siquiera por unos segundos, inmerso en un raid, envuelto por la electricidad de esta KTM.
Bien. La Freeride E derrapa en las curvas de subida, derrapa de la forma gradual que te convenga o derrapa en curvas, que serían de tercera o cuarta en una moto de gasolina, con verdadera mala leche, si le buscas las cosquillas. Además, si te apetece jugar, o si tu técnica te permite salvar así una serie continua de obstáculos, puedes marcarte un caballito en subida o en bajada tan prolongado como seas capaz y, muy importante, provocándolo en plena marcha, con la Freeride E ya lanzada. Un caballito que, además, se controla muy bien con el freno trasero colocado en la maneta izquierda.
Por último, un detalle muy importante, sobre todo para los que piensan iniciarse en el mundo del enduro, una auténtica perogrullada que no por ello va a resultar menos cierta y sobre todo menos útil. La Freeride E no se cala. No, no se cala en la comprometida rampa de una trialera, en el momento más crítico, que es lo que le suele ocurrir al principiante con los motores de explosión. Sí es cierto, como tuve ocasión de comprobar por dos veces, que si cae al suelo hay que volver a pulsar el botón de arranque para continuar la marcha. Además de ello, la Freeride E también monta el obligado conmutador rojo de emergencia en el puño derecho y sobre el pulsador de arranque.
