¿Qué es el KMZ para un quemado?

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El KMZ, un nutrido grupo de harlystas con sede en Madrid, con una particular idiosincrasia y con una forma entrañable de entender el motociclismo (Sigue Leyendo).

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En cierta ocasión…, mejor dicho: en una lejana ocasión, allá por el año de Nuestro Señor de 1.990, un amigo de entonces, a la sazón, concejal de cultura y festejos de un importante ayuntamiento toledano, me hizo una consulta con manifiesta desorientación:

-Oye, Tomás. Mira: me han hecho una petición para montar una concentración de ésas, o no sé muy bien cómo se llaman…, una concentración de motos en mi pueblo.

-Ya, ¿y quién lo ha hecho, un motoclub, un grupo…?

-Bueno, sí…, no sé –dudó, y luego planteó su punto de vista eminentemente político
-El caso es que puede ser muy interesante para el municipio porque, aparte de todas las motos que pueda traer, también tiene su atractivo publicitario y de promoción.

Me rasqué la barbilla, repasé mentalmente en mi imaginación el panorama que ofrecía una concentración de entonces, que no tenía nada que ver, en absoluto, con el ambiente que se vive en una de las actuales. Me lo pensé dos veces y finalmente le respondí tratando de describirle un panorama más que posible.

-Pues verás, Pepe: Al principo de la tarde del sábado todo será espectáculo y expectación con la llegada paulatina de las motos, como en una derrama continua. Todo será simpatía, camaradería y armonía: un ambiente entrañable y festivo, a pesar de que el número supere la más optimista de vuestras previsiones. Sin embargo, a medida que el sol vaya cayendo y con él las cerveza y los cubatas que correrán por el recinto, la atmósfera se irá enrareciendo y tomando a la vez una tensión, que al cabo de la noche se hará complicado de controlar, por no decir que resultará imposible contener el desmadre. Aceleraciones destempladas, berridos de escapes libres hasta el amanecer, caballitos, borracheras descerebradas, alguna pelea, percances –y en ese momento recordé-… ¡Ah! Y que no te venga un grupo con los chalecos negros llenos de chapas, las Harleys, los tíos con tatuajes y de barba rala, los espejos recortados como la Cruz de Hierro, las calaveras por todas partes…, ¡ah!, y los cascos con cuernos de vikingo (una moda que, por cierto, creo se extinguió antes que lo hiciera aquella época de los 90).

El tiempo, y sobre todo los años dedicados al periodismo de La Moto, me han acercado poco a poco al mundo Harley y me ha ayudado a conocer, aunque siempre desde el exterior, la idiosincrasia de los personajes que lo pueblan. A pesar de ello, aquella imagen intimidante y marginal de los chalecos negros parcheados, las barbas salvajes, los tatuajes coloristas y, sobre todo, los cascos de vikingo (no sé por qué, en aquella época, los que lo llevaban sobre la cabeza eran los más alborotadores) ha trascendido en mi mente con el paso de los años.

Hasta que llegué al KMZ.

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