Triumph Bonneville, el espíritu de Lord Byron - Opinión de un rutero
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Probador 3
José María Hidalgo
Ficha: 58 años, 83 kilos, 1,83m
Nivel: Rutero, sufridor de atascos, adicto a las carreteras de montaña, aficionado a las tandas en circuito.
Aprovechando la ocasión que me brinda la prueba de la Triumph Bonneville que estaban haciendo mis compañeros ‘Café Racers’ para Super7, les he pedido que me la presten un día completo y así poder dar mi opinión desde el punto de vista de un rutero y usuario de la moto a diario. Me picaba la curiosidad por ver si sacabamos conclusiones parecidas sobre ella.
Ya tuve ocasión de probar su hermana casi gemela, la Bonneville SE hace un año y la recuerdo con mucho cariño.
La Bonnie nos proporcuiona una imagen de los sesenta en una moto muy actual que, como el Rock&Roll, no pasa de moda y demuestra que la belleza y la elegancia no están reñidas con la funcionalidad.
Al volver a verla de cerca, he recordado inmediatamente mis sueños motociclistas de cuando solo podía conducir motos de 74 cc. y aspiraba a tener una moto grande. Confieso que su antecesora fue la primera moto de más de 250 cc. con la que soñé.
La T100 respeta con increíble fidelidad la imagen de la de los 60, hasta el punto de que, si no fuera por los frenos de disco, habría que dedicar algunos segundos antes de decidir que estamos ante la moderna y no la del siglo pasado. Es la encargada de dar réplica a las Bonneville de los 60 como su hermana la SE a las de los 70.
Siempre me ha resultado curioso que se asocie la imagen motociclista estadounidense de los años 50/60/70 a Harley Davidson cuando en muchas de las películas míticas de aquellos años la marca más repetida era Triumph. Aparece con Steve McQueen (La Gran Escapada, On Any Sunday, The Blob, etc. ), Marlon Brando (The Wild One), James Dean ( Rebelde sin causa), Ann Margret (The Swinger), Elvis Presley (Stay Away Joe) y seguro que me dejo muchos.
Bueno, me han dicho que no me alargue y antes de subirme a ella ya he llenado más de medio folio.
La tengo delante:
Sobre la estética no hace falta hablar mucho, solo hay que ver las fotos o mejor aún, verla en directo. En mi opinión es preciosa y llena de detalles para acentuar al máximo el parecido con su predecesora. El máximo ejemplo de ello es que, estando el motor alimentado por un sistema de inyección de última generación, cualquiera juraría que lleva un par de carburadores Amal de la época ya que la forma de los cuerpos de los inyectores los imita e incluso el starter está situado en la misma posición que los antiguos estranguladores.
Su aspecto es antiguo, pero los componentes son modernos y la convierten en una motocicleta práctica y funcional. Lo que mas distingue a esta Triumph de sus antecesora es que nunca hay una mancha de aceite en el suelo debajo de su motor ni hay que apretar tornillos cada vez que se vuelve de un viaje, basta con hacer las revisiones que marca el fabricante para disponer siempre de un vehículo fiable.
Al subir noto lo baja que es, llego al suelo con las piernas flexionadas. Los mandos están muy a mano, siendo las manetas regulables (otra concesión a la modernidad). La postura es cómoda y permite un buen control del vehículo en parado. El asiento es amplio, de una sola pieza y recto dando la misma altura al piloto y pasajero, como corresponde a la época. Los retrovisores están bien colocados y cumplen perfectamente su cometido.
En marcha se nota ligera, suave y fácil. A ritmos medios resulta ágil, fácil de cambiar de dirección y muy agradable. He hecho unos 300 kilómetros de tirón por carreteras variadas, más bien retorcidas, sin cansancio alguno y disfrutando de una respuesta de motor y chasis muy agradable para hacer camino plácidamente sin renunciar a disfrutar de sensaciones más intensas en las zonas muy viradas.
Desgloso mis impresiones en cada tramo:
Ciudad: Es una moto muy práctica, se maneja perfectamente, el motor es dulce y progresivo desde muy abajo, el embrague es suave y se llega excepcionalmente bien al suelo. Me ha parecido fácil de conducir, cómoda y pasa muy bien entre los coches. Es elegante, atractiva y capta la atención. Un vehículo muy recomendable en este terreno.
Autovía y carretera: Mientras no le pidamos velocidades muy altas, para las que su aerodinámica no está pensada, responde estupendamente, la postura es natural, el asiento amplio y parece recibir bien al pasajero de forma que promete jornadas de muchas horas sin cansancio excesivo. A pesar de ser un bicilíndrico vertical, no aparecen vibraciones que lleguen a molestar a ningún régimen. El consumo, en este recorrido mixto a ritmo variado, ha sido de 5,7 litros a los 100 y la reserva ha entrado a los 210 Km.
Carreteras de montaña: He disfrutado transitando por ellas a ritmo medio, disfrutando del paisaje, del ronroneo del motor y de su buena entrega de potencia desde bajas vueltas. En carreteras bacheadas se nota que los amortiguadores traseros no tienen progresividad en su anclaje y los baches se notan en nuestra cintura. Se puede realizar una conducción alegre y divertida con ella, aprovechando su agilidad a la entrada y noble entrega de par a la salida de las curvas, siempre recordando que chasis y suspensiones están más orientados a la facilidad de uso que a la eficacia extrema.
Conclusión: Es preciosa (especialmente este modelo bicolor) y muy práctica para el día a día. Quién busque una moto con imagen no se sentirá defraudado, tendrá un vehículo funcional, una compañera para disfrutar de sus carreteras favoritas y no se sentirá tan tentado de superar las velocidades legales. La Bonnie es además una buena ciudadana fácil de conducir. Por la dulzura de su motor, su acertada ergonomía y su facilidad para llegar al suelo, la recomendaría sin dudarlo como ‘primera moto grande’ tras un scooter o una 125. Es tan dulce como una 600 ciudadana pero con mucha mas personalidad. Comparada con otras motos de aspecto retro, resulta más cómoda, práctica y deportiva que la mayoría de las ‘Custom’ de estilo americano, también más cómoda y práctica para el día a día que las Ducati SportClassic, aunque estas últimas la superan en cualidades deportivas. Con un poco de imaginación te puedes sentir como Steve McQueen conduciendo su Bonnie por las carreteras de California.

José Mª Hidalgo
Fotografía: Pedro Mordt
