Honda Crossrunner: Una "Suv" en el término medio - En otros ámbitos
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De noche
Lo cierto es que el completo display, de fondo azul muy oscuro, ofrece una lectura tan clara como relajada, que cambia de intensidad con la noche, e incluso de tonalidad en distintas fases del día.
Los intermitentes, por otro lado, no necesitan testigos de día, menos aun de noche: Los ves lucir directamente con su cadencioso palpitar.
Además, cuando están en reposo permanecen los delanteros encendidos, dando al frontal de la Crossrunner, visto a través de un espejo retrovisor, una luminosidad realmente destacada y llamativa para el resto de los conductores, haciendo conjunto con el grupo de leds diurnos que lucen en la franja inferior de cada faro.
En cuanto al grupo óptico, proyecta una ancha franja con la luz de cruce y una más amplia aun, de lado a lado, pero llamativamente más estrecha en el fondo, con la de carretera (larga); un característica que no debe entenderse como una limitación del alcance –no lo es-, sino más bien que su extensión lateral es extraordinariamente ancha. El resultado es una iluminación excelente en inclinaciones moderadas, que son, sobre el papel, las que marcará el ritmo natural de la Crossrunner. De otro modo, si te marcas una tumbada de quemado, el haz, tan amplio y tan intenso, se hundirá irremisiblemente en el seno de la inclinación y la zona a la que dirijas esa mirada anticipada quedará a oscuras.
Dos plazas
Un verdadero lujo. No cabe otro calificativo para el asiento dispuesto en la plaza trasera, mucho más propio de una auténtica GT que de esta naked con medio pie puesto en la zona trail. Amplio, extenso, generoso en espumado y, por si fuera poco, con dos asas dispuestas a lo largo de toda la plaza trasera, permitiendo cambiar de postura en los viajes más largos, desplazando las manos a lo largo de ellas. Las estriberas, con una posición tan asentada como relajada, terminan de componer una postura para el pasajero tan cómoda como natural. Como decía, un lujo que llama la atención incluso al sentarse.
Para remate, el asiento trasero se destapa para descubrir un espacio más que suficiente para guardar la libreta de un servidor, más un buen bocadillo al que atacar a media mañana de trabajo, con un par de latas de refresco, incluso; además de un compartimento, perfectamente estanco y ajustado, para guardar la documentación justo debajo de la plaza delantera.
Por último, los bajos y medios del V-4, incrementados en la Crossrunner, le dan un potencial todavía mayor a la hora de hacer cualquier adelantamiento o subir, yendo cargada, el puerto más encrespado.
En Tierra (sólo un momento)
Sí, sólo un momento, porque no sé si ya hemos comentado que Honda no vende esta VFR 800 X como una trail, sino que la encuadra dentro de ese segmento que nosotros hemos llamado “suv” sólo para entendernos. Hice una mínima incursión por un campo llano, tal y como es la propia Castilla, y recorrí algunos tramos de un camino pisado con rodillo, una alfombra de tierra, para describirlo con más precisión. Allí desconecté el control de tracción y aceleré a fondo fondo, sin concesiones, empalmando la marcha siguiente con el cambio semiautómico. La Crossrunner mantuvo la línea recta como se de una fulgurante planeadora contrabandista se tratase. Al volver sobre mis pasos, Jesús, que me estaba esperando, me señaló a la tierra en la arrancada. Se veía un surco de unos cuarenta metros, bien definido sobre el camino, marcando una levísima ese, tan tenue que daba la impresión de resultar recta, enfrentando con la vista sus dos extremos. Lo cierto es que sentí sacudir suavemente el trasero de la Crossrunner, mientras el V-4 rabiaba arriba, pero manteniendo la trayectoria del manillar y transmitiendo, además, esa electrizante sensación de perder parte de la tracción con la rueda escarbando en la tierra.
En definitiva, este detalle da una idea de la nobleza de la Crossrunner fuera del asfalto; una nobleza sobrada para cualquier paso por tierra que su futuro usuario vaya a dar para alcanzar el chalé de una finca o el recinto de una concentración motera, por ejemplo.
El Display
Al entrar en un codo a derechas del circuito FK-1, sentí la moto con poca retención, pero con el sol de frente, que empezaba ya a caer, miré al display sin convicción para tratar de saber qué marcha llevaba puesta. ¡Caramba! Pues resulta que el tono tenue que dispone el cristal líquido que ha montado Honda, en estas condiciones, lo hace visible a pesar del deslumbramiento. Efectivamente, iba en tercera, un poco largo, para hacer un buen paso por el codo. Lo cierto es que la pantalla cambia en varias tonalidades según las condiciones de luz que incidan sobre ella, adaptándose a cada circunstancia.
Pegas
1.- El control de tracción (HSTC en esta Honda) resulta un tanto brusco al cortar. Sorprende, incluso, cuando abrimos gas a fondo e interviene cortando en seco la aceleración y abriendo un lapso hasta que devuelve la tracción en el que la moto llega a retener y nosotros a sentir la deceleración, casi como un toque de freno. Bien es verdad que la Crossrunner no está destinada a un usuario con pretensiones de acelerar a fondo sobre la tierra; bastante será que su conductor se adentre en alguna ocasión en ella, y para ese momento lo que más agradecerá un motorista así será un control de tracción poco transigente con cualquier amago de la rueda trasera.
2.- La cancelación automática de los intermitentes actúa muy pronto. No estaría mal que diese tres o cuatro segundos más para evitar que se apaguen cuando aún contamos con ellos activos en una incorporación larga y con tráfico, por ejemplo.
3.- El haz de luz estrecho se hunde con ese tramo blando de los primeros centímetros en los que se comprime la horquilla. Se puede contrarrestar haciendo más suave la retención, claro está, o haciendo un pequeño truco, jugando con el acelerador y el freno trasero.
Precio
13.499€ con IVA y gastos de transporte incluidos.
Tomás Pérez
