KTM RC-8 Track Carreras-Cliente - En Marcha
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¿En marcha? ¡Pero, oye!, ¿dónde has dejado la llave?
¿La llave? ¡Qué llave! No, no. Aquí no hay llave que valga, no hay cerradura: Estamos subidos en una máquina de competición, una Carreras Cliente.
Bien: Botón de arranque, y al cuarto o quinto giro del motor eléctrico se dejar oír el otro, el bicilíndrico en uve a 75º, atronando el box con el implacable sonido de tractor que escapa por el conjunto dos en uno Akrapovic, embutido e invisible dentro de la quilla homologada para carreras (con forma de recipiente para recoger las posibles fugas de cualquier líquido).
Pero mejor, hagamos un alto antes de salir a pista para decir que durante los primeros 500 km, más o menos, la Track deja escapar con el motor frío una nube de aceite, tan evidente a la vista como agobiante al olfato, que se disipa cuando el motor ha tomado su temperatura de trabajo y que poco a poco va remitiendo hasta desaparecer cuando ha pasado ya del millar de kilómetros.
Primera hacia arriba, sueltas el embrague saliendo del box y sientes un traqueteo entrecortado e inestable, que te da la sensación de que en cualquier momento llegará a bloquearse la rueda trasera. Y, efectivamente, así puede ser, y con una brusquedad tal que puede hacerte volcar quedado debajo de esos 173 kilos, como así estuvo a punto de ocurrirme en cierta ocasión por tratar con demasiado miramiento el acelerador con el motor en rodaje.
Recorres el pit line jugando con el embrague para evitar esas brusquedades y sientes como si alguna parte de la moto se fuera a desencajar cuando aguardas en el semáforo tu turno para salir a pista. Da la impresión, hasta ese momento, de que la Track no es un conjunto compacto, como debería de resultar una máquina de carreras, sino una aglomeración de componentes regidos por un extraño desbarajuste. No me imagino esta moto circulando apaciblemente por una calle de barrio y mucho menos entre los coches atrapados por un atasco.
Luz verde, gas sin contemplaciones, y de repente todo cambia por completo. Es como si hasta ese momento todos los músicos de una orquesta hubieran estado recorriendo el pentagrama, cada uno por su cuenta, para afinar sus instrumentos; simplemente haciendo ruido. Sí, un ruido que llega al oído como amalgama distorsionante y cacofónica y que concluye con los tres toques de la batuta del director para dar inicio a la armónica interpretación de la partitura. Así se muestra la Track a partir del momento en el que abrimos gas a fondo, se convierte en un conjunto de precisa sincronización que pone en juego sobre la pista la tecnología más vanguardista del mundo de las carreras: Una orquesta sinfónica interpretando al completo el arco acústico con una matemática armonía.
Te adentras en la pista y, en cuanto sorteas la primera ese enlazada combinada con el ángulo, me doy cuenta de que voy subido en una auténtica moto de competición, sí, desde luego, pero con una serie de matices tan particulares que hacen a la Track entrar en una categoría aparte, aunque se halle encuadrada en la de Superstock del Mundial de SBK.
Cuando alcanzo la primera de esas eses… ¡Pero qué cómodo me siento, Por Dios! Más que una moto deportiva, una moto de carreras que me permite una libertad de movimientos con mi 1,92, una amplitud de espacio insólita para mí en una moto de este tipo. La Track es una moto muy ligera y extraordinariamente estrecha, pero que se siente espaciosa sin la sensación de ser una moto grande.
El segundo matiz propio de la Track es su genética off road. Se revela de una forma innegable sobre todo a la hora de entrar en los virajes, porque tienes la sensación de tirarte contra un peralte de motocross colocado en la trazada que encuentra su apoyo en la particular geometría de esta moto. Luego podemos hacer toda la curva rapelando el acelerador hasta el vértice, un punto a partir del que nos permite abrir para que el tractor que llevamos debajo arranque su galope, acoplando la frecuencia de su zancada al grado de inclinación de la moto, haciéndolo cada vez más trepidante a medida que vamos buscando la vertical. Un tractor del que si tuviera que describir la sensación que transmite cuando le abres a fondo el gas, no diría que es de aceleración o de velocidad, hablaría de una sensación de Empuje. Sí, de empuje; tal vez por eso sugiera en la mente esa similitud con el tractor.
