BMW C 600 Sport: Prueba a Fondo - Segunda opinión

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c 600 sport tomas posando

Probador 2 Tomás Pérez

Ficha técnica: Edad 54 años, 1,91m, 107 kilos

Nivel: Piloto 3ª Clasificado Campeonato Mac90 2011. 4º y 2º, respectivamente, en las 6 Horas Internacionales Vespa de Barcelona en 1.979 y 1.980





Eran los últimos años de la década de los setenta, montándose incluso sobre la de los ochenta, cuando la Ciudad Condal tenía una particular cita, más o menos sobre el mes de junio, en los alrededores de su Estadio Olímpico. Era una cita diferente que hacía fruncir el ceño con extrañeza a todo aquel que oía hablar de ella por primera vez.
Las 6 Horas Internacionales Vespa eran una prueba que incluso hacía sonreír a algunos motoristas que no sabían nada de ella y que, sin embargo, registraba una nutrida participación, con la presencia infalible de todos los concesionarios y tiendas de la ciudad y de Cataluña entera. A las 6 Horas Vespa acudían, incluso, equipos italianos, portugueses y franceses y, además, gracias al interés de los comercios catalanes, algunas estrellas del panorama velocísitico español de entonces eran fichadas para representar sus colores en esta emblemática carrera. Unos fichajes que en bastantes ocasiones supusieron un auténtico fiasco para sus promotores por todas las dificultades que suponía adaptar el fino pilotaje de Gran Premio a lo que algunos llamaban maliciosamente “wáteres con ruedas”. Y es que, una Vespa no era una moto y una moto no era una Vespa.

c 600 sport manillar
Pero ésos eran otros tiempos; tiempos que ahora se antojan arcaicos, y no sólo por las décadas que han pasado. Cuando uno contempla una obra de ingeniería como la que acabamos de probar, se da cuenta de que es bastante más que el simple paso de los años lo que media entre aquellas Vespas, que junto con las Lambretas eran los únicos scooter de entonces, y este BMW C 600 Sport de ahora.
Vaya por delante que, en los últimos tiempos, es raro verme conducir un scooter, aunque eso no es razón para que me suba en alguno, siempre diferente, de vez en cuando. Un contacto, muy eventual y efímero por fuerza, con el mundo más práctico de las dos ruedas que me permite dar un punto de vista diferente, algo así como el de un motorista de siempre recién llegado a la categoría de los mega scooter, independientemente de que aquellas primitivas experiencias vividas en las 6 Horas Vespa hayan quedado grabadas para siempre en mi memoria y aparte de que, permanentemente, estarán presentes en mi vitrina con dos copas, tal vez las más discretas, que guardo, probablemente, como las más preciadas de mi modesto rincón de trofeos.
Bien. Lo que tengo que aportar sobre este nuevo mega scooter es breve y espero que suficientemente conciso para que sirva como referencia al lector.

c 600 sport akrapovicMe subí en él con prisas y apenas sin darme tiempo a preguntar dónde están situados sus mandos. Tan rápido me subí que olvidé el cambio automático en las dos primeras frenadas, dando un pequeño pisotón con el pie izquierdo sobre la plataforma para buscar una palanca que, evidentemente, no puede existir. Lo mismo me ocurrió con los frenos, tratando de ordenar mi cabeza para sincronizar las manos y evitando el lío mental que en otras ocasiones ha terminado con una clavada de la rueda trasera, tratando de apretar un embrague fantasma para reducir de marcha. Una vez que, más o menos, estas primeras pautas tomaron su sitio, apareció la inevitable sensación de inseguridad que transmite de primeras una moto con el chasis abierto. Y así llegué a la primera curva: con esa cierta sensación de vértigo y con un ritmo alto y forzado para poder seguir a mi compañero, que conducía una trail de 1.200, y no perder la dirección. Se trataba de la primera de una serie enlazada. Una de izquierdas, otra derechas y al iniciar una nueva de derechas, se abre una redonda de trazada constante sobre un puente.

Había transcurrido apenas dos kilómetros desde que me había subido al BMW C 600 Sport cuando inicié esa redonda con puente. Allí, tan rápido, tan pronto y a la entrada de esa curva, empecé a captar la fantástica sensación de aplomo que transmite este scooter en curvas medias y rápidas. Nada más inclinarme, abrí gas con exigencia, y el C 600 Sport empezó a coger aceleración en plena inclinación, haciendo cada vez su ángulo más agudo a medida que transitaba por el largo viraje. Pero allí, en medio de la trazada, vi venir la que representa la prueba de fuego urbana para geometrías y suspensiones, ese elemento diseñado por los ingenieros de caminos y que parce más bien creado por la mente de un constructor de chasis: Las juntas de dilatación.

Al llegar a la primera, como decía, a buena velocidad y con una no menos buena inclinada, me preparé con la tensión necesaria de todo el cuerpo para controlar una sacudida, un predecible vaivén. Sin embargo, el C 600 Sport me sorprendió pasando sin titubeos ni oscilaciones. Absorbió el obstáculo con el exacto movimiento que transmite al piloto su existencia, pero nada más, tan sólo en mis manos, en mis pies y sobre el asiento la información de que estaba pasando sobre esa junta de dilatación. Al llegar la segunda, ni que decir tiene que el nuevo scooter de BMW ya se había ganado casi toda mi confianza, y no hice sino pasar sobre ella y sobre la tercera confirmando ese excelente aplomo que mantiene la trayectoria al milímetro.

IMG 8725Prácticamente todas las curvas que hice con el C 600 Sport fueron rápidas o semirápidas, y tan sólo recuerdo el tránsito por alguna pequeña rotonda en la que, para ser honesto, no me costó en absoluto meter el scooter; aunque pienso que no se debe de considerar, ni mucho menos, como un dato concluyente.

Una comparación inevitable
Hace tres meses tuve ocasión de probar el “devoradeportivas” de la ciudad en unas circunstancias tan particulares como entrañables. Gracias a la gentileza de Motos Cortés dispuse durante tres días de un Yamaha T-Max 530, con el objeto, nada menos que de llevar ese domingo en su plaza trasera al director de carrera de La Maratón de Madrid.

Bien. La impresión que guardo del motor de las dos motos.
Parece que Yamaha ha concentrado toda su ciencia y esfuerzo en que su T-max 530 sea imparable de 0 a 120, y lo cierto es que tenemos que hablar de una verdadera moto de altas prestaciones para ver cómo supera al scooter japonés en esa franja del velocímetro. La sensación en parado al abrir el gas del T-Max 530 es la de un punch, una patada que te catapulta hasta los 120.

en ruta izdaLa salida del BMW C 600 Sport se muestra más suave. No es un golpe lo que sientes, pero no por ello resulta menos efectiva. Con el BMW el empuje es progresivo en los primeros metros para hacerse constante e interminable después.
Efectivamente, el tirón del C 600 Sport va mucho más allá de esos 120, y se mantiene con una consistencia que, tanto a mis compañeros como a mí mismo, nos sugería la de una moto bastante más potente.
Resumiendo: El T-Max 530 saldrá el primero de la barrera del peaje en la autopista y el BMW C 600 Sport le seguirá un metro más atrás; un metro que serán alguno más mientras aceleran hasta esos 120, pero en el momento en el que los dos quebrasen el límite de velocidad permitido –si es que lo hicieran-, el BMW se iría irremisiblemente, dejando si no clavado, sí a una distancia apreciable al scooter japonés.
En cuanto a la parte ciclo me dio la sensación –y sólo hablo de sensaciones- de que el T-Max resulta algo más ágil en los trazados ratoneros y, por contra, más nervioso que el BMW C 600 Sport en los virajes de amplio espacio.
Pero pienso que esto sólo puede quedar en el terreno de las impresiones y, por supuesto, pendiente de una obligada comparativa que esperamos no tarde mucho en llegar a Super7.

Tomás Pérez