Suzuki Hayabusa 1300 - Navegación deportiva - Tercera Opinión

Escrito por Tomás, Jesús, José Mª el . Publicado en Pruebasafondo

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Tercer Probador: Tomás Pérez

Ficha Técnica: 1,91 m, 107 kg, 56 años

Nivel: Subacmpeón 2012 Mac90 categoría Twin 

 

Antecedentes deportivos de la Hayabusa

Hace tiempo entrevisté a Benjamín Grau, y le pregunté cuál había sido la última carrera en la que había participado. Min me respondió chasqueando la lengua, con un gesto competitivo como el del primer día, que con 61 años hizo las 24 horas de Montmeló. Con la siguiente pregunta casi se me ofende: “¿Acabaste?”

Bien. No me sorprendió, en absoluto, que un piloto con su casta y sus cualidades acabase una carrera tan dura con esa edad, pero sí la moto con la que lo hizo: Una Suzuki Hayabusa.

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 Solamente el hecho de que un equipo se plantee participar en una carrera con una Sport Turismo me puso sobre la pista para investigar y descubrir algo más sobre la posible y sorprendente trayectoria deportiva de este modelo. Así fue cómo supe, gracias a mis compañeros Vicente y José María, que en el 99 y en el 2000 el equipo compuesto por Osama Deguchi y Shawn Giles participaron con una Hayabusa en las prestigiosísimas 8 Horas de Suzuka, una carrera de la que todo buen aficionado recordará, o sabrá, que participaron las estrellas mundialistas de cada momento, desde Spencer a Lawson, o desde Gardner a Schwantz, incluyendo al mismo Rossi, que las ganó en 2001 haciendo equipo con Colin Edwards. La Hayabusa ganó la categoría Fórmula X en aquellas dos participaciones, y en la del dos mil alcanzó nada menos que un sexto puesto en la clasificación absoluta.

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Pero, dado que uno es un supino despistado, que va subiéndose de una moto a otra sin pensar mucho y casi sin poner los pies en el suelo, cuando recogí la Hayabusa, programé mi mente para un modelo sport-turismo, olvidando por completo las cualidades deportivas de esta soberbia Suzuki, bastante más larga y pesada que cualquier doble erre. Aunque si uno lo piensa con algo más de detenimiento, tal vez resulte mejor así: Subir a la Hayabusa 1300 sin condicionantes previos, sin ideas preconcebidas y sorprenderme, como lo hizo, al llegar a la primera rotonda para negociar sus dos cambios de dirección con una soltura impensable, inédita hasta ahora, al menos para mí, en su categoría.

Su posición
Con los semimanillares por encima de la tija superior, sus estriberas situadas más abajo que en una deportiva y el espacio que ofrece su ergonomía, suficientemente holgado para albergar con completa naturalidad a un individuo de 1,91, como el que subscribe Tal era su efecto con un tío tan grande que mis compañeros tuvieron el descaro de decirme que por fin me veían sobre una moto a la que no hacía pequeña. En fin…, cosas entre compañeros.

Incluso en ciudad

Apenas hice un breve trayecto urbano, el escenario menos apropiado y más hostil para una nave intercontinental como ésta. Y sí, la he llamado “intercontinental” porque, si la legislación se lo permitiese, podría atravesar Europa trazando una diagonal, por ejemplo, Madrid-Assen, dentro de una jornada laboral –entendiéndola por ocho horas- depositando a su piloto en la llegada –un piloto en una forma física muy modesta- con fuerzas y ánimo suficientes como para apretarse una buena merienda y dar un paseo después a lo largo de la Catedral del Motociclismo.

Bien, pero durante ese breve encuentro en la urbe tuve una muestra más que suficiente para que la Hayabusa me hechizara, o tal vez deba decir “me embriagara” con su virtuosa suavidad. ¡Qué seda la de este poderoso motor!, que, como los grandes genios, pasa a nuestro lado sin estridencias ni sobresaltos, sin dar un ruido, pero llevando el poder de su inteligencia, a veces, fuera del Planeta. Y qué dulce comparsa con la que acompaña a todo el conjunto, toda la moto.

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 Incluso en la Pista

Dos días más tarde, en mi segundo contacto con este halcón japonés, sobre un escenario que a estas alturas me sé de memoria como el número de mi DNI, se confirmó lo que él mismo me había anticipado. Utilizando la Hayabusa, para la sesión de fotos de acción, sobre la familiar pista de FK-1, tuve la oportunidad de probar este misil transoceánico, dentro de un trazado que se antoja raquítico para su idiosincrasia y prestaciones, y disfrutar de verdad bailando con ella de curva a curva. Sólo recuerdo un modelo que transitara con naturalidad, sin una sola queja, con la tercera insertada por la zona más sinuosa y se trataba de una hipermotard, con el desarrollo, además, evidentemente más corto que cualquier moto de carretera pura y más corto aún que el de una gran dama de la autopista como la Hayabusa, una zona sinuosa que, a priori se antojaría como tortuosa hasta el borde mismo del suplicio para una moto tan grande. Bien, pues puedo dar mi palabra al lector de que con mis 107 kilos, conduciendo esta gran máquina sobre partes del trazado que podrían resultar una auténtica gincana para ella, disfruté con esa dulzura que ya me cautivó desde la primera vez que pulsé su botón de arranque, disfruté con la naturalidad y con la sorprendente soltura con las que se desenvolvía en los cambios de dirección y sobre todo a la hora de hacer un directísimo contramanillar para encarar con precisión el ápice de los ángulos más cerrados…, tan cerrados son en FK-1 que parecen haber perdido su llave en el fondo de un pozo insondable. Lo que podía parecer una barbaridad: meter una moto tan grande en un trazado tan retorcido, resultó ser un disfrute sorprendente.

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En ruta

Vuelve a ser una delicia, incluso a un ritmo verdaderamente pausado, casi contemplativo, como el que mantuve a bordo de ella, acompañando a un grupo de motos muy cómodas y prácticas, de modestas prestaciones, con motoristas bastante noveles, en general, a lo largo de más de 400 kms por la Sierra de Gredos, en varios tramos por carreteras sin señalización, sin división de carriles y con un firme ultrajado por continuos brochazos de gravilla.

La gran dama se armaba con la paciencia de una madraza para fluir con su majestuosa naturalidad sobre asfaltos machacados por la meteorología más cruda. Todo el conjunto ciclo respondía con una nobleza de casta a los traicioneros zarpazos que de vez en cuando, en cuanto los contraluces de un sol oblicuo, filtrado entre las hojas palmípedas de un Otoño que se resistía a despertar, lanzaba contra la rueda trasera cualquier rodal de arenilla agazapado en las sombras, tras mi vista deslumbrada.

Como dato destacable en un motor tan grande, de gigantescas prestaciones, el consumo de uno de los depósitos que gasté en ese tramo fue de 258 km con 12,23 litros; es decir 4,74 litros/100.

La Frenada

Va en consonancia con todo el conjunto. Si el motor es una seda, con una contundencia capaz de lanzarte a la ionosfera cuando le buscas sus cosquillas, si la parte ciclo se mueve con una suavidad de swing por los tránsitos más retorcidos y se muestra férreo como una viga en los compromisos más rápidos, la frenada ofrece un tacto dulce en sus primeros milímetros de recorrido, para sujetar la Hayabusa en las continuas retenciones de trámite, y con un fondo de armario en la maneta que contiene sobrada la fuerza que exige esta nave intercontinental para pararla, una fuerza dosificable y progresiva que, finalmente, y si lo necesitas, detiene el conjunto en una cancha de tenis, como quien dice.

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Sobre la estética

No voy a comentarla, como suelo acostumbrar, pero sí voy a dejar un apunte sobre un condicionante que recorta la fantasía del diseñador, dejando más estrecha la franja sobre la que habitualmente puede trabajar en modelos de otra categoría. Y es que estas motos de 300 por hora no pueden nunca perder la referencia de su Cx y la severa vara de medir que aplica el túnel de viento.

La Comparación

Las Comparaciones no siempre son odiosas y a veces resultan inevitables. Este trabajo versa sobre la prueba a fondo de un modelo y no sobre la comparativa de varios; sin embargo y aun así, no puedo eludirla.

Veamos. En su día, cuando probé la BMW K 1300 S, tenía al domingo siguiente el compromiso de una carrera en Jerez. Escribí entonces que me hubiera gustado mucho contar con la Sport turismo alemana para tomar la salida en aquella prueba, pero, especialmente, para disfrutar con ella en cada vuelta al paso por el tramo más rápido, el que comprende desde Dry Sack hasta la actual curva de Jorge Lorenzo. Lo cierto es que en esa BMW la ergonomía también es suficientemente espaciosa como para que un tipo de 1,91 se mueva a un lado y a otro sobre ella, adelante y atrás, hasta resultarle un verdadero lujo mientras hace la vuelta al trazado jerezano.

La BMW K 1300 S también fue conmigo a la pista de FK-1, y allí se defendió con dignidad, logré con ella algunas fotos ciertamente espectaculares, pero en todo momento la alemana, aunque de forma discreta, me mostraba que en este trazado, tan retorcido y tan familiar para nosotros, se encontraba claramente a disgusto.

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La Kawa ZZR 1400, a la que dimos el título de “Monstruo Verde”, no pasó por FK-1. Ni se nos ocurrió. La más rápida y potente de las tres, la que muestra el mejor aplomo a altísima velocidad de las tres y, de otro lado, la más perezosa de este trío de ases a la hora de cambiar de trayectoria, la que más tiempo, y espacio, en consecuencia, necesita para reaccionar y, lógicamente, la que mayor anticipación exige.

Así pues, tenemos un monstruo verde que se posiciona como el poder absoluto de la categoría, el caza records del lago Bonneville; una moto de óvalo con un aplomo soberbio fulminando los 300 por hora, pero con una agilidad reducida a las curvas del mismo radio, de 300 también.

Tenemos una alemana que busca el equilibrio entre el viaje ultrasónico por la autobahn y una digna soltura para desenvolverse en los cambios de dirección más rápidos, con un apoyo monolítico en los virajes de alto voltaje, de adrenalina pura, y con un paso a regañadientes por los tránsitos más retorcidos.

Conclusión

Y por fin la Hayabusa de nuestro reportaje. Una moto con un nerviosismo controlable, que no llega a inquietar, cuando se acerca a los 300 –este extremo confieso que no es mío y que me lo han confiado de la mejor tinta después de haberlo probado hasta la saciedad sobre la recta de Montmeló-. Una moto, también, con una aceleración que empuja con el chorro de caballos que rinde un motor a reacción, y una moto tan suave, tan callada, que fluye por el circuito más revirado sin una sola estridencia, con una dulzura de una gracia tan acompasada que, con su movimiento, sugiere la partitura de un vals. Porque, sí, conducir la Hayabusa a lo largo de FK-1, vuelta tras vuelta, fue como bailar el vals del Emperador con una gran dama, elegante y distinguida, con ese saber estar tan natural que funde la pose para desenvolverse sobre las pistas más distinguidas y también sobre las más humildes sin que se le caiga un solo anillo.

Tomás Pérez