Que bailen Las Gordas. Ultra & Vision - Un cambio y una conclusión sin conclusión

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Moriwoki observó a su compañero poco o nada convencido, sacudiendo la cabeza con un gesto escéptico. Fue entonces cuando se le ocurrió una drástica solución que dejó caer como si tal cosa.
-Oye, Nota, ¿por qué no sales de dudas cambiando las motos? Así podrás probar la Ultra y quedar seguro de qué tipo de motorista eres.
- Ja, ja, ja. No: yo tengo muy claro de qué calaña soy.
- Aun así, cambiémoslas. Nunca te has subido en una Harley así, ¿me equivoco?
- No, no te equivocas. Pero es que –no encontraba una justificación para su reticencia-…
-Venga, no me digas que te vas a quedar sin probar el buque insignia de la que ha sido tu marca.
El Nota agachó la cabeza y tomó el puño del manillar que le ofrecía el probador. Unas decenas de kilómetros, de leguas rectas como estelas aéreas, cruzando esa planicie manchega solada por un millón de viñas, y El Nota detuvo la moto a la entrada de un pueblo solariego.
-Toma, macho: Me has hecho polvo. No sé por qué me la has dejado.
Moriwoki se mantuvo a la expectativa, tratando de comprender.
-No tenía que haberme subido en ella.
-Pero, ¿por qué? ¿Es que tan superior te parece a la tuya?
-No, no, qué va. No es eso. La Vision es una gran moto, y estoy encantado con ella; pero…
-¿Pero?
-Pues que esta Ultra tiene dentro, como ninguna de las cerdas que he conducido, el auténtico espíritu Harley con el que siempre he soñado.
El Nota volvió a subirse en su Victory, y cuando Moriwoki se situó a su lado montado sobre la Ultra Classic, se giró para comunicarle algo definitivo ante su sorpresa:
-Yo me quedo ahí, un poco más adelante, a la derecha.
Y extendió la mano con el codo a medio doblar. Moriwoki, aturdido, la chocó con él. El Nota arrancó disparado sin darle tiempo de reaccionar. Tardó en arrancar. Dejó ir suavemente la Harley, casi desfilando por las calles del pueblo, mientras veía perderse la ballena de su enigmático compañero de ruta. Una curva de la calle la perdió de vista definitivamente: Ya no volvería a verle subido en la Victory. Sin embargo, al detenerse ante un semáforo de un rojo que parecía dormitar como los abuelos de aquel mismo pueblo al sol del invierno, descubrió la Vision aparcada a unos metros, sobre la acera que marcaba el contorno de un pequeño parque. Entoncs vio a El Nota caminar, de espaldas y con el casco en la mano, arrastrando los pasos sobre la arena. Unos metros más adelante se detuvo frente a un banco sobre el que permanecía sentada una mujer, de aspecto joven en la lejanía, junto a un carrito de bebé. Moriwoki pudo ver cómo ella levantaba la mirada hacia su compañero, aunque no llegaba a distinguir la expresión de aquella mujer. El Nota permaneció de pie, inmóvil. El semáforo cambió a verde y Moriwoki soltó el embrague de la Ultra para volver a perderse a los pocos minutos por la plana inmensidad, plana y manchega, que cubre media Castilla.

El Nota: Jesús Sanz
Moriwoki: Tomás Pérez

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