El Show de la ZX-10 Biposto: Pilotaje a Dúo - página siguiente 2
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Antes de arrancar
Aunque pudiera pensarse que Manolo da toda una lección a cada pasajero de cómo debe de comportarse en marcha antes de subir a la ZX-10 Biposto, lo cierto es que el invitado de turno se monta sin más y se agarra al asa del depósito. La única explicación que recibe es la de que el Show de la ZX-10 Biposto está concebido únicamente divertirse y nunca para pasarlo mal. Manolo tan sólo pacta una seña con su eventual pasajero.

Manolo Villaseñor.- Sólo les indico que si en algún momento lo están pasando mal, que se suelten del asa y que se agarren a mí. Entonces yo aflojo y no hay más; porque no se trata de demostrar nada a nadie y sí de que estamos ahí para pasarlo bien. También les advierto de que, si no llevan mucho tacón en la bota, es posible que el pie se les vaya hacia adelante en las frenadas; eso es algo que noto enseguida porque dan con mis talones, aunque no me molesta. Lo cierto es que hasta ahora nadie lo ha pasado tan mal como para agarrarse a mí.
En movimiento
Cuando el pasajero acompaña sincronizadamente, logra un buen acople con el piloto y la máquina, el repertorio completo es un tanto espontáneo, lo que surja, ya que, como dice Manolo, se trata de una actividad presidida eminentemente por la diversión.
Manolo Villaseñor.- La primera frenada me sirve de referencia para ver ya un poco por dónde va a ir el de detrás. Veo si hace movimientos raros, o si te va a ayudar, que no te ayude demasiado, porque te puede descolocar. Con todo ello, ya sé si con ese invitado se podrá ir algo más deprisa y si podremos hacer cosas más variadas.
En cierta ocasión, en el circuito de Albacete, se subió un tipo de 120 kilos que se puso el único mono que tenemos de la talla 64. Cuando llegamos a la curva de El Garrote (ángulo cerrado), no se le ocurrió otra cosa que descolgarse para ayudarme a entrar en el viraje. Me hizo pasar un buen apuro, porque, como es de imaginar, la suspensión se hundió por completo. Al final, afortunadamente, pude controlar la moto.
Ha habido otros que, yendo con la moto a una rueda, se han soltado de una mano para ir saludando; lo que supone un movimiento con el brazo que te descoloca y te obliga a bajar. También es muy frecuente que el pasajero escale por tu espalda en las frenadas; pero en algún caso han ido más allá: Dando la vuelta a Jerez con una chica detrás, tuve que soltar el freno porque me rebasaba literalmente por encima.
Luego el caso del Alcalde de Cheste, que es de los que intenta mantener la moto recta, vertical: me dio una paliza para poder ir entrando en todas las curvas. Otra cosa curiosa me ocurrió cuando llevé a Niurka Montalvo: La escuchaba dar gritos y no sabía si eran de alegría, de sufrimiento o de qué eran; y al final, viendo que no se movía ni hacía ningún gesto, resultó que es que se lo estaba pasando fenomenal.

El pilotaje a dúo
Las inercias con dos plazas son otras y, por tanto, la manera de controlar la Biposto al completo es muy diferente, y eso contando con un pasajero que se sincronice bien con el piloto. Los cambios de dirección son mucho más lentos, y para que resulten rápidos y efectivos tienen que hacerse siempre con la moto frenando. Sin embargo, al acelerar con dos plazas, resulta mucho más fácil levantar la moto y cambiarla de trayectoria. Por otro lado, no se puede hacer una frenada de la misma forma que pilotando en solitario porque se retorcería toda la moto. Se debe ser mucho más suave.
MV.- Para darse una idea de hasta dónde se puede llegar, digamos que si consigues compenetrarte con el de atrás -como he llegado a hacerlo con un amigo- que me ayudaba sincronizando los movimientos, él también puede llegar incluso a tocar con la rodilla en el suelo. Se puede ir mucho más de prisa de lo que la gente se imagina, aunque no puedes tirar el tronco al interior, no te puedes mover mucho porque los brazos del que va agarrado atrás no te dejan. Lo cierto es que no sueles tocar con la rodilla, como mucho en las dos últimas curvas de la vuelta.
