Comportamiento de una Moto Limitada: Brutale 675 - Salvando el Compromiso
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Bien. Me adentro por el carril de aceleración en sentido Sur y unos 1.500 metros antes de que la M-40 pase por encima de la A-3. Se trata de la salida de Vicálvaro-Moratalaz tomada a las cinco de la tarde, ideal porque el carril derecho de la circunvalación viene siempre apretado, con los coches que se preparan para tomar la salida de la A-3 formando una muralla móvil a una velocidad de unos 40/50 por hora. Busco el hueco por el espejo, y me resulta relativamente fácil, aun con esa mentalidad de principiante interiorizada, colarme entre los coches, gracias a esa estrechez y ligereza, a esa proverbial agilidad ya mencionada de la Brutale 675; aunque bien es cierto que con la experiencia y los recursos de un novato siempre hay que echarle algo de valor…, o de inconsciencia por mero desconocimiento.
Una vez colocado entre los coches, pasar al carril central (autovía con tres carriles) tampoco resulta demasiado comprometido porque la diferencia de velocidad es más bien pequeña. Me cambio al centro sin más, pero ahí, desplazarse entre los coches resulta muy incómodo o incluso muy comprometido por los continuas e impredecibles frenadas de los que aún quieren tomar la salida de la A-3 apurando hasta el último metro. Miro por el espejo al carril izquierdo y entonces sí, entonces los coches que me rebasan lo hacen a una velocidad considerable para apartarse de la pequeña congestión que se forma a su derecha. Y esa ahí cuando alcanzo uno de esos momentos decisivos, uno de tantos como se dan sobre una moto, en el que el motorista tiene que tomar una determinación inmediata: apenas dispone de unos segundos para ello.
Una de dos: O me quedo plantado en el carril del centro, expuesto a las bruscas retenciones de los coches que me preceden, o salto al carril izquierdo, como un corredor de San Fermín apretando la zancada para meterse entre la manada del encierro. Evidentemente, opto por lo segundo, porque si no, no habría prueba que hacer. Pongo tercera y clavo la atención sobre el espejo izquierdo. En cuanto aprecio un hueco que no puede ser demasiado grande (ésta es otra adaptación que necesita el principiante: la de la capacidad de medir distancias y tamaños a través de los espejos), hago contra manillar para cambiar de carril al mismo tiempo que abro el gas a fondo, sin miramientos, mientras dejo un ojo atento en el cuentarrevoluciones y el otro en el coche que se ve enorme, acercándose tanto a través del espejo que parece que va a echarse encima de mí. Con el tirón de la Brutale 675 limitada, el coche deja de crecer y al engranar la cuarta empieza a reducirse hasta adquirir un tamaño tranquilizador, con una distancia prudencial de por medio. No olvidemos un dato importantísimo de señalar: el peso de un servidor, 102 kilos, es en algunos casos el del piloto más el pasajero.
Bien. Quinta y después sexta, ya de una forma mucho menos apremiante. Es muy importante evitar el corte del encendido al estirar cada marcha por el parón que representa para la aceleración en un momento tan crucial.
Después de pasar por encima de la A-3 y de dejar atrás el remolino que se forma en su salida, la Brutale limitada se siente suficiente en el puño para desenvolverse con soltura por la jungla descrita de los kilómetros siguientes. Se puede circular por el carril central, o el de la derecha –dependiendo de la densidad del tráfico-, sobre el límite de los cien por hora, vigilando por los espejos los movimientos de cualquiera que pueda acecharnos a nuestras espaldas. Lo cierto es que rebasé la salida de la A-4 y continué varios kilómetros más por el anillo de circunvalación con la confianza absoluta de que los recursos con los que contaba en el puño y en la parte ciclo de la Brutale 675 podría eludir cualquier encerrona o cualquier situación comprometida que pudiera echárseme encima por detrás. Por tanto:
Prueba superada.
