Comportamiento de una Moto Limitada: Brutale 675 - Lo Más Comprometido
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En el escenario más Hostil
Sin embargo, quedaba aun por pasar un test verdaderamente comprometido para el motorista principiante conduciendo una moto de escasa potencia, o, como es el caso, de prestaciones recortadas.
Antes de continuar, ruego de nuevo a los lectores foráneos de Madrid que me disculpen por traer al texto escenarios de la capital y sus aledaños como referencia, intentaremos exponer las circunstancias de la forma más generalizada posible para que cada uno las pueda trasladar a sus respectivas localizaciones.
Bien. Pues volviendo a esa consulta que me hacen amigos y conocidos sobre las 125 sin carné, voy más allá de ese límite marcado en la M-30, y les señalo un escenario, hostil como ninguno, como un territorio absolutamente prohibido para esas manos inexpertas conduciendo un motor tan escueto.
La M-50, como autovía más larga de las concéntricas de Madrid, curiosamente, se hace más llevadera porque en la mayor parte del día y de su recorrido el tráfico es tan fluido, circula tan desgranado, que se muestra como cualquier larga autovía interurbana en una jornada laborable. No, la M-50 no es particularmente hostil.
Sí lo es, en cambio, la M-40, pero en especial un segmento y en particular un sentido, a la luz del día y cuando, evidentemente, no se ve atascado. Se trata del tramo comprendido entre la A-3 (autovía de Valencia) y la A-4 (autovía de Andalucía), concretamente en el sentido Sur, de la A-3 a la A-4, dejando Merca Madrid a la izquierda. Supongo que por una mera cuestión demográfica, circula por ese tramo todo tipo de fauna asilvestrada -por no decir salvaje en algunos casos- montada sobre cuatro ruedas. Por allí, haciendo en cierta ocasión un favor a un compañero para devolver a la marca un scooter de 125, me sentí vulnerable como no recordaba en algunas décadas. Pasé miedo durante algunos momentos, y también dilatados segundos con los ojos inyectados por el pánico, sobre todo cuando un Seat León amarillo, con lunas tintadas, las llantas de un Corvette y el alerón de una motoniveladora me recortó secamente la trayectoria, sin el más mínimo respeto, cuando decidió tirarse literalmente a por la salida adyacente, partiendo desde el carril izquierdo, y pasando la trasera de aquel trasto por delante de mí, a escasos centímetros del frágil scooter que conducía tímidamente por el carril derecho.
En resumidas cuentas, un tramo de la M-40 para cualquier motorista, subrayo: para cualquiera, por el que no debe de pasar abstraído en sus pensamientos. Además, a esos individuos de actitud beligerante y desdeñosos con el respeto, con medio catálogo del Aurgi forrando el exterior de su utilitario y con otro medio del hipermercado de su barrio alicatando el interior, hay que añadir una considerable lista que no marcan a sus respectivos colectivos, pero que sí es cierto que se repiten con una frecuencia llamativa. Furgonetas urgentísimas, taxistas de carrera larga, furgones que dejan en ridículo la velocidad de las ambulancias, feroces camiones, cortos y acorazados, que como tanquetas de asalto llevan su carga a todo gas camino de la escombrera y automovilistas, también, con prisa en general, muchas veces contagiada de una forma estúpida por la vorágine que empuja ese tramo; sin olvidarnos, por supuesto, de las figuras espectrales que de cuando en cuando cruzan imprevisiblemente la M-40 en busca de su paraíso perdido en una nebulosa suspendida sobre un poblado marginal.
Un escenario hostil, ciertamente.
No se trata tampoco de hacer una clasificación de escenarios comprometidos o peligrosos, pero lo cierto es que debe de haber muy pocos como éste.
