Que bailen Las Gordas. Ultra & Vision

el . Publicado en El Rincón grasiento Categ

Article Index

No se trata de una novela corta, tampoco de un reportaje, ni siquiera de la comparativa que se puede sugerir al poner frente a frente dos gigantes de la carretera como son la Harley Ultra Classic y la Victory Vision. Es algo diferente,tal vez extraño, pero desde luego inédito en el mundo de La Moto. El aficionado juzgará si vale la pena su lectura (Leer esta historia).

 en la iglesia 2


 Este relato está protagonizado por personajes fruto de la ficción del autor, una imaginación que ha tejido esta trama inspirada en una realidad motociclista. 

Poco más de media hora antes, Moriwoki había recogido en el concesionario una lustrosa Harley Davidson Ultra Classic, lacada en un azul marino y con un fondo metálico que jugaba con el sol de mediodía reflejando sus rayos en una ruleta rusa al gusto, según la rotación que se quisiera dar a la mirada. Una pintura, carísima sin duda, que justificaba parte de los 27.000 euros que cuesta este emblema rodante de las Bellas Artes.

IMG 1774Antes de detenerse en su bar favorito, La Esfera, para tomar un café mientras garabateaba las primeras impresiones, había tenido el tiempo justo de pasar por casa y recoger una muda, la bolsa de aseo y un traje de agua, junto con la libreta, el estuche de las plumas y la cámara que, como el carné de identidad, le acompañaban en todos sus viajes. Escribía sobre el sonido de esta Gran cerda, y decía que era sin duda la música Harley más pura que pueda pasar hoy día por la dura vara de medir que aplican las homologaciones europeas. Sonido Harley en una posición de particular definición, que Moriwoki aún no era capaz de concretar.
Se hallaba en ello, buscando los adjetivos o una similitud en cualquier otra moto o una postura sobre una silla, sillón o taburete que facilitara al lector una puesta en situación, cuando irrumpió en el bar, reculando y encapuchado, un individuo ataviado con sudadera negra suburbial y un emblema cadavérico grabado sobre la espalda. Al volverse frente a la barra, el tipo completó su aspecto siniestro con una barba cerrada y salvaje, tocada por unas gafas de cristales oscuros montados sobre un molde cuadrado de pasta, más oscura todavía, bajo la que ascendía la columna de humo que arrancaba de un cigarrillo liado, prendido en sus labios. Soltó sobre la barra un casco, o más bien un cascarón –ya habrá adivinado el lector de qué color-, que, entre otras, lucía una pegatina contracorriente en la que se podía leer:
“Soy un puto pakete”.

IMG 1756Aquel personaje se acodó sobre la barra en actitud hastiada y desganada, con la mirada ajada, sombría -probablemente como huella de varias noches de mal vivir- y con un tono apagado que sugería un estado más allá de la mera tristeza. Parecía de vuelta de ninguna parte y sin rumbo hacia ninguna otra. Un ser humano anclado en la gran encrucijada de su vida, como el pasajero perdido en uno de esos grandes aeropuertos que sirven de transbordo a cualquier rincón del planeta.
Bebió la cerveza con deseo, sintiendo cómo su frescor le calaba hasta los pies, y se secó la espuma atrapada en el bigote con el dorso de la manga. Después se giró lentamente hacia la mesa sobre la que escribía Moriwoki para dejar anclado su codo izquierdo sobre el mármol de la barra.
-Oye, perdona –el probador levantó la mirada del cuaderno y le observó sobre sus gafas de presbicia. Estaba claro que se dirigía a él.
-¿Esa gorda que hay ahí fuera es tuya?
Preguntó apuntando con la mirada a la Ultra Classic a través de la cristalera que se abría tras la espalda de Moriwoki.
-¿Gorda? ¿La moto? No, no es mía…, pero, vamos… la he traído yo.
Aunque su aspecto y el tono dejado de su voz rasgada pudieran dar una imagen intimidante, no transmitía la impresión de ser peligroso, ni tampoco la de un tipo que buscara problemas. Lo que sí despertó en Moriwoki fue una irresistible curiosidad.

IMG 1737Dio otro severo trago a la cerveza que dejó temblando la copa, y volvió a dirigirse a él, esta vez para hacer un cometario arrastrando las palabras y rasgando aun más la voz.
-Pues que sepas que esa chupa –refiriéndose a la chaqueta de cordura que descansaba sobre el respaldo de una silla- no le pega nada a esa cerda.
Moriwoki se justificó argumentando el sentido práctico de la prenda, provocando la sonrisa lastimera del barbudo, hasta que concluyó rematando sus razones:
-A lo mejor lo dices por la publicidad que lleva cosida… Bueno, es que trabajo para una revista, trabajo para Super7…
El tipo de la capucha sonrió con mayor intensidad durante dos segundos más y después le replicó con un forzado desdén:
-Venga, ¿no tienes otra cosa que ponerte?
Moriwoki carraspeó al sentirse arrinconado, siguiendo la corriente para satisfacer su curiosidad.
-Bueno, tengo una cazadora vaquera; eso sí, es para moto, con protecciones en los hombros, en los codos y en la espalda, y con un tejido antiabrasión…
El probador comenzó a sentirse un tanto ridículo mientras que el barbudo le miraba con una descarada condescendencia, hasta que tomó su copa de cerveza para elevarla firmemente e irrumpió con un extraño brindis.
-¡Pues que bailen Las Gordas, joder!

Artículos relacionados