Royal Enfield Bullet 500 : Una Moto Ancestral

el . Publicado en El Rincón grasiento Categ

Article Index

Esta Royal Enfield nos traslada a otros tiempos en los que La Moto representaba, para el afortunado que la poseyese, una extensión casi ilimitada entonces de nuestra libertad. Tiempos frívolos, alocados, y latitudes coloniales, en las que el Imperio Británico comenzaba a contemplar con beneplácito la adolescencia de sus vástagos (Sigue Leyendo).

Royal BulletDSC09546

Al sentarme a escribir el reportaje de una moto así, me he sentido obligado a seleccionar la Mont Blanc entre mis plumas y a tomar uno de mis cuadernos Moleskine, que reservo, como los buenos vinos, para las grandes ocasiones; a veces para plasmar sobre sus páginas, como en este caso, las vibraciones más pasionales y los sentimientos más románticos que me inspiran las experiencias que voy viviendo, así como las escenas que el Teatro de la Vida va representando delante de mí. Sí, me confieso un sibarita amanuense, y pienso que el encuentro con esta Royal Enfield Bullet 500 merece verdaderamente la ocasión.

Royal BulletIMG 20150729 WA0008

 

Probador: Tomás Pérez

Ficha Técnica: 1,91m, 107 kg y 57 años

Nivel: Subcampeón Mac90 2012 categoría Twin, piloto del nacional de Raids 91 y 92, del Critérium AGV-SoloMoto 78 y 79; 4º y 2º en las 6 Horas Internacionales Vespa de Barcelona 1.979 y 1.980.

 

Si en el caso de la Continental GT debíamos de poner a trabajar nuestra fantasía para colocarnos en situación y sobre todo en sintonía, para el caso de esta Bullet 500, se necesita una ambientación, una puesta en escena muy particular y bastante detallada. En los años veinte, mientras que en los USA se vivía la locura del Charlestón, la excitante clandestinidad de la prohibición y los fastos de personajes como el Gran Gatsby, en otra parte del mundo, en la gran Metrópoli de la Commonwealth, se vivía aquella década de una forma mucho menos superficial. Para ayudar al lector a situarse sobre el momento histórico y los lugares que evoca esta Royal Enfield Bullet 500, dudo si introducirle por un momento en el mundo del cine o en el de la literatura. Pero no, no. Efectivamente, pienso que lo mejor es hacerlo en los dos.

Royal BulletDSC09559Una de las películas que creo que mejor le puede situar en escena es Lawrence de Arabia, dejando al margen, claro está, la maravillosa Brough Superior SS 100 con la que el protagonista, finalmente, perdió la vida. Sí, es cierto que si somos capaces de representar en nuestro interior cierta parte de su esencia, nos sentiremos paseando sobre esta Bullet 500 de una forma muy parecida a como debió hacerlo aquel personaje británico por cualquier paisaje colonial con el ansia de independencia palpitando bajo su suelo. Así es, o mi imaginación vuela como la de Poe bajo los efectos del láudano o, realmente, el espíritu de esta Royal Enfield me ha hecho sentir como el personaje más famoso encarnado por el gran Peter O´toole.

En cuanto a la referencia literaria, pues se trata de una soberbia novela que narra la vida de una cupletista, Anita Delgado, de la que se enamoró el maharajá de Kapurthala en una visita al Madrid de principios del siglo XX. Javier Moro, el autor, se sumergió durante meses en los parajes más profundos y en la historia reciente de la Península Indostánica para darnos, a través de su novela “Pasión India”, una visión, detallada y panorámica a la vez, de aquella sociedad y de aquella época, así como de los olores y colores que destilan y envuelven aquella tierra en la que nació Royal Enfield.

Royal BulletDSC09538La Posición
Vayamos ya a la moto en cuestión. Sólo al sentarte sobre la Bullet 500, tienes ya la sensación de restar unos cuantos lustros, bastantes, en tu contador del tiempo. El manillar curvo, sinusoide, coloca erguido el tronco del motorista sobre su asiento duro, que marca una primitiva ergonomía; primitiva, sí, pero tan efectiva como acogedora. Sin embargo, no sientes realmente ese salto atrás en el tiempo hasta el momento de soltar el embrague y colocar los pies sobre unas estriberas de goma gruesa, atornilladas de forma fija al chasis, que me han hecho revivir un dèjá vu, creyendo estar mirando las de una Montesa Impala. Efectivamente, los pies van a una posición adelantadísima, situados mucho más allá del límite naked que se marca hoy en día y rayando ya en el mundo custom, con lo que nos encontraremos con ellos posados, más o menos, en el punto de una Harley Sportster actual. Finalmente, la amplitud del depósito curvo, ciertamente aplanado, no nos permite cerrar las piernas, descartando definitivamente cualquier estigma deportivo, y situando al motorista dispuesto a pasear por otro tiempo. Si de la Continental GT decíamos que era “una Moto de Antes”, de esta Bullet 500 hay que decir que es una moto de mucho antes, que es “una Moto Ancestral”, y su propia posición empieza a hacernos sentir al estilo de los locos años veinte, o los siguientes.


Royal BulletDSC09565Royal BulletDSC09548El Placer
Hemos mencionado de refilón la acción de pasear, y quizá en esta actividad resida el principal placer que nos puede brindar esta Buellet 500. Dejarse acariciar el rostro por la corriente que penetra con un ritmo pausado, y con la pantalla levantada, o sentir el suave flujo del aire por las mejillas expuestas con un casco abierto, justo a la velocidad que pueden contener tus lacrimales sin desbordarse; dejar que la brisa nocturna apenas nos roce el rostro en medio de este verano abrasador, que desde hace semanas tiene convertida la Península en un auténtico fogón continental, todo ello es algo que se percibe con una intensidad casi única sobre la Bullet 500.
Así es, con las manos cayendo de forma espontánea sobre el manillar, en posición erguida, y con los pies adelantados como en ninguna moto naked de hoy en día, la disposición para el paseo es tan natural que lo convierte en un refinado placer, reservado, eso sí, para paladares limpios de complejos y gourmets sin prejuicios auspiciados por cierto vanguardismo radical, muy extendido hoy día entre algunos sectores de la población motorista.

El Calzado
Confieso al lector que al fijarme en el tren delantero de la Bullet 500 y encontrarme con un prehistórico conocido, sentí de súbito una inquietante preocupación. En la época en lo que me la presentaron diversas motos de otro tiempo, la marca que lo apellidaba era Pirelli, mientras que sus líneas longitudinales, dispuestas en formación castrense, hacía obvio el apodo con el que creo que todos lo conocíamos. Era “El Pirelli Carretilla”. Un neumático de dura carcasa y goma pétrea que ponía a prueba la finura del motorista conduciendo en seco y sin duda su valor, o su inconsciencia, cuando lo hacía en mojado. Sin embargo, estos carretilla actuales que monta la Bullet 500 son otros: vienen firmados por Avon, y, a pesar de mis primeras reticencias, a los pocos kilómetros comencé a tirarme con confianza en la curva que se me antojaba, apoyándome en el notable agarre de este rayado moderno, que nada, en absoluto, tiene que ver con la sensación de grima que transmitían los de antaño.

Royal BulletDSC09567Royal BulletDSC09566En cuanto al trasero, fui derecho a buscar la medida de la banda de rodadura en el lateral, porque a simple vista se aprecia aun bastante más estrecho que el que monta la Continental GT, y me encontré con otra vieja conocida. Sí, la escala en pulgadas, con lo que el ancho de la Bullet 500 es de 3,5. ¡Ah ! Y por supuesto, como buena moto de la Commonwealth, con diámetro de 19, también pulgadas, claro está.

El dibujo de carretilla en el delantero y el ancho cifrado en pulgadas para ambos, nos sirve de argumento exclusivo para hablar de una moto de mucho antes, sin embargo la banda de rodadura trasera, absolutamente estrecha y prácticamente plana, nos lleva más allá para representar el signo inconfundible de “Una Moto Ancestral”. Por cierto que esa banda angosta, así como la relativa flexibilidad de la carcasa, facilitan el momento del giro, la maniobra de entrada en la curva de la Bullet 500, espantando cualquier sospecha geométrica que pudiera crear la forma casi cuadrada que muestra el neumático por detrás.

El Corazón de una Criatura Espiritual
Al igual que el 535 montado en su hermana, la Continental GT, este monocilíndrico de medio litro se siente latir como el corazón de un espíritu libre transitando por una experiencia motorista. Efectivamente, podemos decir que la Bullet 500 es una criatura eminentemente espiritual, que evoca la historia, la vida en directo, de otro tiempo en otras latitudes de El Planeta. El escape, bajo y eterno, hasta casi sobresalir por la trasera, emite un musical petardeo directamente conectado con el giro de nuestro puño derecho. Una longitud, eso sí, y una situación tan baja sobre la moto, que nos obliga a tomar precauciones a la hora de bajar un bordillo, procurando salir en oblicuo hacia la izquierda, en lugar de hacerlo de frente o a la derecha, para evitar golpearlo con el filo del cemento.

Royal BulletDSC09547Royal BulletDSC09541Curiosamente, en la Bullet, la entrega lineal que ofrece el 500 – se puede decir que es la misma del 535, con 1 CV menos- cierra una plena armonía con todo el conjunto, con esa sensación placentera que provoca al pasear, con ese romanticismo, envuelto por cierto halo aventurero, que hace sentir al motorista cuando se dispone a hacer un pequeño viaje con la Bullet 500. Todo en ella suena como una partitura de cámara interpretada por el mejor cuarteto de cuerda.
¡Ah! Al arrancar, hay que girar un punto el acelerador y, por supuesto, si el motor está frío, apretar el tirador del estárter, “del aire”, como se decía antes.

Royal BulletDSC09553Una parte ciclo Ancestral
Sólo hay que mirar el exiguo grosor que exhiben los tubos de sección redonda que forman el basculante para volver a darse cuenta de que estamos ante una moto de un tiempo pretérito, que se remonta, como comentamos, al inicio de los años más alocados del siglo pasado. Todo en la Bullet 500 está en consonancia con ese tiempo ancestral, desde la visera del faro, que recuerda al de una locomotora de carbón, hasta las tapas laterales de chapa, cosidas por bisagras en sus bandas abatibles; desde el guardabarros paleolítico hasta el piloto rojo, que parecen haberle extirpado al vagón que cerraba el convoy arrastrado por esa misma locomotora del Orient Exprés. Todo guarda una armonía con esa época, y la parte ciclo de la Bullet 500 también, claro está. Con ese basculante, sobre el que se apoyan sendos amortiguadores, eso sí, de gas y con sus botellas camufladas en negro, ocultando esa mínima licencia a una modernidad muy relativa, aparecida a finales de los setenta. Con ese basculante, decía, delgado y redondeado, sobre el que unas barras finas, soldadas al sub chasis, atraviesan la silueta trasera de la Bullet 500, como una superestructura que soporta la pesada carga del guardabarros trasero, que, junto con la forma victoriana del asiento, sugieren a nuestra vista y a nuestra imaginación la proyección de unas ballestas, sencillas y cromadas, hasta creer verlas ahí, sustituyendo a esos amortiguadores pretendidamente modernos. En fin, el resultado de todo, en conjunto con la horquilla con forma de cartuchos, es un comportamiento dulce y confortable como pocos para el paseo, amable para un viaje cargado con un suave tinte romántico y cierto regusto aventurero; pero con una idiosincrasia que se aparta por completo de cualquier conducción deportiva. Un paso con la Bullet 500 a fondo y bien inclinado por un viraje rápido entra un compromiso innecesario en el que esta Royal Enfield protestará, o se quejará, dependiendo de lo violentos que resultemos, cediendo sus componentes más expuestos, retorciendo su arquitectura, o poniéndonos en un serio aprieto al reaccionar con un severo shimmy.

Las suspensiones, como hemos señalado, buscan el confort y, por tanto, son blandas, contribuyendo, por un lado, a hacer más comprometida la conducción deportiva y, por el contrario, para hacer más placentero aun ese paseo, incluso por encima de badenes y otras ondulaciones.

Por otro lado, los intentos de una inclinación un tanto pronunciada se verán frustrados de manera tajante por las estriberas fijas, tipo Impala. Mejor así, antes de que descubriésemos con una buena voltereta los límites del neumático trasero, el de perfil anoréxico y banda casi plana, como corresponde, según hemos dicho, a una Moto Ancestral.

La Frenada
La mirada se me fue derecha al tren trasero para descubrir otro viejo conocido más. Sí, un freno de tambor, pero no uno cualquiera, sino un freno de expansión interna –su nombre más técnico- gobernado por una simple leva y accionado por una varilla que conecta directamente con el pedal ; además, el freno de zapatas actúa dentro de un estrecho tambor abierto sobre lado derecho del buje. En resumidas cuentas, también un freno ancestral.
Un freno así, como los más talludos recordarán, ofrece una efectividad sorprendente, con un tacto de lo más dosificable, difícilmente superable por muchos sistemas de disco actuales. Otra cosa es que el freno de tambor necesite un ajuste con relativa frecuencia –girando una simple tuerca- y que la duración de las zapatas pueda ser menor que la de unas pastillas, en general.

Royal BulletDSC09551Royal BulletDSC09540En cuanto al freno delantero, de disco, se muestra con sobrada potencia para detener la Bullet 500 a cualquiera de sus ritmos naturales. Aparte de ello, la dosificación que ofrece es muy graduable, ideal para asfaltos inciertos y para el piso mojado. Eso sí, si apretamos la maneta con contundencia, sentiremos, sin más remedio, cómo las barras de la horquilla, también ancestral, ceden para torcerse levemente hacia el lado izquierdo, sobre el que va montado el disco; nada que deba preocupar, en cualquier caso, porque sólo se siente forzando bastante la frenada, además de que, una vez que se ha asimilado con la naturalidad que corresponde a una Moto Ancestral, no debe de inquietar a su motorista porque la Bullet no varía la trayectoria ni un milímetro en esas circunstancias.

En La Ruta
Podríamos situar la velocidad natural de crucero para la Bullet 500 más o menos sobre los cien, más allá de eso, no se siente que el motor vaya cómodo, ni en esa sintonía acorde con el paseo, a pesar de que puede alcanzar más.
Si levantas la pantalla del casco a ese ritmo, o si conduces con uno abierto, la mezcla de sonidos que forma el viento con el animado petardeo que sale por el extremo del escape traslada con facilidad la imaginación hasta la carlinga de un biplano, precisamente de la época que evoca la Bullet 500. Sí, volando con dulzura sobre cualquier paisaje de los años veinte o treinta.


Royal BulletDSC09550Las Vibraciones
Abramos un capítulo aparte dentro del viaje con la Bullet 500 para hablar de ellas. Forman un ingrediente indispensable en el tipo de viaje que sugiere esta Royal Enfield, un viaje con el punto romántico que guarda jugar a la aventura, como hemos comentado. Las vibraciones, para lo bueno y para lo malo; porque está claro que si esta Bullet 500 transmitiera la sensación de una moto eléctrica, haría añicos toda esa armonía que la convierte en una Moto Ancestral. Aun así, conviene hacer un alto sobre este aspecto de la Bullet 500 para dar al lector una idea lo más fiel posible de las sensaciones que transmite al conducirla en un viaje.

Royal BulletDSC09542Royal BulletDSC09560Sí, la Bullet 500 vibra a cualquier régimen de su motor y trepida a ritmo de crucero; aunque hay que puntualizar que tampoco llega a temblar como una Road King al ralentí, por ejemplo. Esas vibraciones resultan agradables, como la muestra de una “moto viva”, en un trayecto entre pueblo y pueblo o en una carretera muy revirada; sin embargo, a una velocidad constante en recta y de manera prolongada durante horas, puede dejar las manos del motorista más experimentado como las de quien echa la jornada trabajando con una azada…, eso sí, sin llegar a hacer ampollas. Claro, que ese efecto lo provoca en cierta manera la posición de la Bullet 500, que, sin meterse en la franja custom, sí es verdad que invita a echar el tronco hacia atrás, colgando una parte del peso directamente sobre las manos, con una presión extra que aumenta el efecto de las vibraciones. Si de otro modo, buscamos una posición un poco más aerodinámica, sin estridencias, inclinando el tronco unos grados hacia delante y retrasando unos centímetros los pies sobre las estriberas, conservaremos, por fuerza, nuestras manos límpidas e impolutas, como para exponer una propuesta en el próximo congreso de dirección o como disfrutar de una cena íntima en Horcher, por ejemplo.
En cuanto al trasero, es fácil sentir cosquillas a la altura de la rabadilla, incluso hasta el entumecimiento de alguna franja inferior, si se prolongan los kilómetros de cada tirada. En cambio en los pies, las gruesas estriberas de goma, estilo Impala, absorben la trepidación hasta hacernos sentir casi como si no existieran.

Royal BulletDSC09543Royal BulletDSC09555¿Una Moto Urbana?
Ligera, estrecha, muy ágil y con un radio de giro que le permite dar la vuelta, como quien dice, sobre una moneda... Sí, se puede decir que la Bullet 500 es también una moto urbana. Sí, urbana; pero no de cualquier urbe. Ha sido una delicia fluir con esta Moto Ancestral por las calles del Madrid de los Austrias o parar con ella por el Barrio de las Letras para tomar un café mientras la contemplada aparcada, por nombrar dos de los rincones en los que estuve con la Bullet 500, y es fácil imaginársela doblando cualquier esquina que dé a una calleja del Albaicín, o deslizándose por los alrededores de la Plaza Mayor de Salamanca, a lo largo de Las Ramblas o por el paseo marítimo de La Concha. Sí que cuesta trabajo, en cambio –al menos para la sensible imaginación de quien firma- hacer recados con la Bullet 500 por la cuadrícula de un polígono industrial o atravesando, día tras día, las complicadas tramas que forman varios nudos de circunvalación.

Royal Bullet2015 07 29 09.35.27¿Una Moto Rural?
No he podido evitar, tampoco, al subirme en esta Bullet 500, retrotraerme en el tiempo hasta el final de los ochenta, unos años durante los que viví en una pequeña población junto a los Montes de Toledo. Efectivamente, el valor que tendría esta moto y su sensación de paseo placentero en un escenario como ése, y como muchos otros parecidos, pienso que no tendría precio. Ir de un pueblo a otro, fluyendo por una de aquellas carreteras solitarias, a veces de firme algo abandonado, cuando no infame, cruzando una tierra entre chaparros, quebrada por el cauce de algún arroyo cinegético, dejándonos envolver por las fragancias primaverales, por el colorido del otoño, por la quietud del verano o, bien abrigados, vernos rodeados por el manto blanquecino de una helada invernal. Distancias cortas, sí, de apenas cinco o diez kilómetros, no más, para detenerse a tomar una cerveza matutina a la sombra del toldo que prolonga la estancia de un bar, mientras escuchamos crepitar el metal de la Bullet 500, cómo el milagro de la dilatación y la contracción se vuelve sonido de verdura salteada.

Royal Bullet2015 08 06 09.27.17En La Noche de los Tiempos
Internarse con la Bullet 500 en la oscuridad nocturna provoca en el motorista un suave escalofrío, en parte placentero y en parte fruto de la inquietud sin justificación actual que puede provocar perderse en las tinieblas con una Moto Ancestral.

El faro de la Bullet proyecta un haz de luz más que suficiente para los ritmos que consigue y sugiere su monocilíndrico de dos válvulas, refrigerado por aire. Además lo hace sin cambiar de intensidad al ralentí o revolucionando el régimen en punto muerto. Lo mismo ocurre con el piloto trasero, redondo y decimonónico, que es bien visible en la oscura distancia.

A Dúo
Lo que más me llamó la atención de la prueba con pasajero fue la impresión que causó la Bullet 500 en el allegado adolescente, de un servidor, que hizo conmigo ese papel para este reportaje. “Me gusta esta moto”, me reveló.
-Pero, ¿te refieres a la estética? ¿Es la estética lo que te gusta de esta moto?
-No, no. Me gusta la moto en general. Me gusta ir en ella. Me gusta pasear en ella.

Royal BulletDSC09539Sí, ciertamente, en un adolescente al tanto de las fluctuaciones semanales de los 40 Principales y pendiente de la última versión del último teléfono móvil de la última generación, un adolescente que visiona ácidos vídeos en la red y que se ha subido conmigo a las motos más sofisticadas y excitantes del mercado actual…, sí, no cabe duda de que una reacción así llama la atención y muestra, además, que el embrujo de esta Moto Ancestral no sólo puede alcanzar a nostálgicos cincuentones, sino también a los más jóvenes, jovencísimos.

Bien. Sobre la prueba en sí: Dos personas de tamaño considerable han paseado conmigo en la Bullet 500, que muestra un tirón suficiente con su monocilíndrico para salir cargada con dignidad de los semáforos, aunque, evidentemente, internarse en la ruta, pongamos con dos quintales encima (era la suma de los dos que la ocupamos), elevaría notablemente ese punto romántico y aventurero al viaje, que sin duda debería transcurrir por carreteras de segundo orden, ya que la autopista se presenta como un escenario con el que esta Royal Enfield bien poco, o nada, sintoniza.

En cuanto al espacio de la plaza trasera es suficiente, con unas estriberas forradas de gruesa goma, un mullido asiento con una ergonomía que, aunque arcaica, contribuye a transmitir al pasajero ese placer por el paseo que hace sentir al conductor.

La base plana que ofrece esa plaza trasera, se sugiere como una práctica bandeja portabultos sobre la que resulta muy fácil sujetar con algún pulpo enganchado a cualquiera de las finas barras que rodean los bajos del asiento, más el asa trasero al que puede agarrarse el pasajero. Llaman la atención, también, los topes de goma, al parecer, previstos para el proteger el interior de cada pie de quien nos acompaña atrás.

Royal BulletDSC09562¿Pegas?
Un apartado muy complicado, por no decir de escaso sentido, dentro de este reportaje. Si te parece que la moto se descompone en una apurada de frenada, que la Bullet 500 se retuerce al paso bien inclinado, gas a fondo en quinta, por la junta de dilatación de un puente, o si las ruedas te resulta ridículamente estrechas y las prestaciones de su motor son insuficientes para sentir el más mínimo chispazo de adrenalina, será lo mismo que decir que su estética te resulta obsoleta, arcaica o vetusta, y, por tanto, la sintonía de esta Royal Enfield estará transmitiendo a más de un palmo en el dial de la que se encontrará la moto que necesitas o que te gusta, y todo lo escrito hasta este punto no habrá servido de nada.

Sí es reprochable, en cambio, incluir en una moto que lleva un sello como el de “Royal” un material sintético y mundano, como es el plástico, para forjar las carcasas de los cuatro intermitentes, más aun después de observar la calidad del cromado que reviste el escape, y su generoso protector, así como el manillar y los espejos, y también el lustroso pulido que hace brillar el aluminio del motor.
También se podría cubrir con algo más de pulcritud el cableado que pasa bajo el faro y junto la pipa de dirección, así como por los bajos del depósito.

Royal BulletDSC09544Conclusión
Una moto que no admite comparativas, no hay ningún otro modelo en el mercado que entre en directa competencia, que sintonice la misma emisora que la Bullet 500: O encaja con algo que tal vez estabas esperando, o despierta en ti unas inquietudes ocultas o no puedes resistirte a la invitación para viajar en el tiempo o, simplemente, te conquista. Así es esta Royal Enfield, ciertamente, como los otros modelos de la marca.

Tomás Pérez

Artículos relacionados