Royal Enfield Bullet 500 : Una Moto Ancestral - En La Noche de los Tiempos

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Royal BulletDSC09550Las Vibraciones
Abramos un capítulo aparte dentro del viaje con la Bullet 500 para hablar de ellas. Forman un ingrediente indispensable en el tipo de viaje que sugiere esta Royal Enfield, un viaje con el punto romántico que guarda jugar a la aventura, como hemos comentado. Las vibraciones, para lo bueno y para lo malo; porque está claro que si esta Bullet 500 transmitiera la sensación de una moto eléctrica, haría añicos toda esa armonía que la convierte en una Moto Ancestral. Aun así, conviene hacer un alto sobre este aspecto de la Bullet 500 para dar al lector una idea lo más fiel posible de las sensaciones que transmite al conducirla en un viaje.

Royal BulletDSC09542Royal BulletDSC09560Sí, la Bullet 500 vibra a cualquier régimen de su motor y trepida a ritmo de crucero; aunque hay que puntualizar que tampoco llega a temblar como una Road King al ralentí, por ejemplo. Esas vibraciones resultan agradables, como la muestra de una “moto viva”, en un trayecto entre pueblo y pueblo o en una carretera muy revirada; sin embargo, a una velocidad constante en recta y de manera prolongada durante horas, puede dejar las manos del motorista más experimentado como las de quien echa la jornada trabajando con una azada…, eso sí, sin llegar a hacer ampollas. Claro, que ese efecto lo provoca en cierta manera la posición de la Bullet 500, que, sin meterse en la franja custom, sí es verdad que invita a echar el tronco hacia atrás, colgando una parte del peso directamente sobre las manos, con una presión extra que aumenta el efecto de las vibraciones. Si de otro modo, buscamos una posición un poco más aerodinámica, sin estridencias, inclinando el tronco unos grados hacia delante y retrasando unos centímetros los pies sobre las estriberas, conservaremos, por fuerza, nuestras manos límpidas e impolutas, como para exponer una propuesta en el próximo congreso de dirección o como disfrutar de una cena íntima en Horcher, por ejemplo.
En cuanto al trasero, es fácil sentir cosquillas a la altura de la rabadilla, incluso hasta el entumecimiento de alguna franja inferior, si se prolongan los kilómetros de cada tirada. En cambio en los pies, las gruesas estriberas de goma, estilo Impala, absorben la trepidación hasta hacernos sentir casi como si no existieran.

Royal BulletDSC09543Royal BulletDSC09555¿Una Moto Urbana?
Ligera, estrecha, muy ágil y con un radio de giro que le permite dar la vuelta, como quien dice, sobre una moneda... Sí, se puede decir que la Bullet 500 es también una moto urbana. Sí, urbana; pero no de cualquier urbe. Ha sido una delicia fluir con esta Moto Ancestral por las calles del Madrid de los Austrias o parar con ella por el Barrio de las Letras para tomar un café mientras la contemplada aparcada, por nombrar dos de los rincones en los que estuve con la Bullet 500, y es fácil imaginársela doblando cualquier esquina que dé a una calleja del Albaicín, o deslizándose por los alrededores de la Plaza Mayor de Salamanca, a lo largo de Las Ramblas o por el paseo marítimo de La Concha. Sí que cuesta trabajo, en cambio –al menos para la sensible imaginación de quien firma- hacer recados con la Bullet 500 por la cuadrícula de un polígono industrial o atravesando, día tras día, las complicadas tramas que forman varios nudos de circunvalación.

Royal Bullet2015 07 29 09.35.27¿Una Moto Rural?
No he podido evitar, tampoco, al subirme en esta Bullet 500, retrotraerme en el tiempo hasta el final de los ochenta, unos años durante los que viví en una pequeña población junto a los Montes de Toledo. Efectivamente, el valor que tendría esta moto y su sensación de paseo placentero en un escenario como ése, y como muchos otros parecidos, pienso que no tendría precio. Ir de un pueblo a otro, fluyendo por una de aquellas carreteras solitarias, a veces de firme algo abandonado, cuando no infame, cruzando una tierra entre chaparros, quebrada por el cauce de algún arroyo cinegético, dejándonos envolver por las fragancias primaverales, por el colorido del otoño, por la quietud del verano o, bien abrigados, vernos rodeados por el manto blanquecino de una helada invernal. Distancias cortas, sí, de apenas cinco o diez kilómetros, no más, para detenerse a tomar una cerveza matutina a la sombra del toldo que prolonga la estancia de un bar, mientras escuchamos crepitar el metal de la Bullet 500, cómo el milagro de la dilatación y la contracción se vuelve sonido de verdura salteada.

Royal Bullet2015 08 06 09.27.17En La Noche de los Tiempos
Internarse con la Bullet 500 en la oscuridad nocturna provoca en el motorista un suave escalofrío, en parte placentero y en parte fruto de la inquietud sin justificación actual que puede provocar perderse en las tinieblas con una Moto Ancestral.

El faro de la Bullet proyecta un haz de luz más que suficiente para los ritmos que consigue y sugiere su monocilíndrico de dos válvulas, refrigerado por aire. Además lo hace sin cambiar de intensidad al ralentí o revolucionando el régimen en punto muerto. Lo mismo ocurre con el piloto trasero, redondo y decimonónico, que es bien visible en la oscura distancia.

A Dúo
Lo que más me llamó la atención de la prueba con pasajero fue la impresión que causó la Bullet 500 en el allegado adolescente, de un servidor, que hizo conmigo ese papel para este reportaje. “Me gusta esta moto”, me reveló.
-Pero, ¿te refieres a la estética? ¿Es la estética lo que te gusta de esta moto?
-No, no. Me gusta la moto en general. Me gusta ir en ella. Me gusta pasear en ella.

Royal BulletDSC09539Sí, ciertamente, en un adolescente al tanto de las fluctuaciones semanales de los 40 Principales y pendiente de la última versión del último teléfono móvil de la última generación, un adolescente que visiona ácidos vídeos en la red y que se ha subido conmigo a las motos más sofisticadas y excitantes del mercado actual…, sí, no cabe duda de que una reacción así llama la atención y muestra, además, que el embrujo de esta Moto Ancestral no sólo puede alcanzar a nostálgicos cincuentones, sino también a los más jóvenes, jovencísimos.

Bien. Sobre la prueba en sí: Dos personas de tamaño considerable han paseado conmigo en la Bullet 500, que muestra un tirón suficiente con su monocilíndrico para salir cargada con dignidad de los semáforos, aunque, evidentemente, internarse en la ruta, pongamos con dos quintales encima (era la suma de los dos que la ocupamos), elevaría notablemente ese punto romántico y aventurero al viaje, que sin duda debería transcurrir por carreteras de segundo orden, ya que la autopista se presenta como un escenario con el que esta Royal Enfield bien poco, o nada, sintoniza.

En cuanto al espacio de la plaza trasera es suficiente, con unas estriberas forradas de gruesa goma, un mullido asiento con una ergonomía que, aunque arcaica, contribuye a transmitir al pasajero ese placer por el paseo que hace sentir al conductor.

La base plana que ofrece esa plaza trasera, se sugiere como una práctica bandeja portabultos sobre la que resulta muy fácil sujetar con algún pulpo enganchado a cualquiera de las finas barras que rodean los bajos del asiento, más el asa trasero al que puede agarrarse el pasajero. Llaman la atención, también, los topes de goma, al parecer, previstos para el proteger el interior de cada pie de quien nos acompaña atrás.

Royal BulletDSC09562¿Pegas?
Un apartado muy complicado, por no decir de escaso sentido, dentro de este reportaje. Si te parece que la moto se descompone en una apurada de frenada, que la Bullet 500 se retuerce al paso bien inclinado, gas a fondo en quinta, por la junta de dilatación de un puente, o si las ruedas te resulta ridículamente estrechas y las prestaciones de su motor son insuficientes para sentir el más mínimo chispazo de adrenalina, será lo mismo que decir que su estética te resulta obsoleta, arcaica o vetusta, y, por tanto, la sintonía de esta Royal Enfield estará transmitiendo a más de un palmo en el dial de la que se encontrará la moto que necesitas o que te gusta, y todo lo escrito hasta este punto no habrá servido de nada.

Sí es reprochable, en cambio, incluir en una moto que lleva un sello como el de “Royal” un material sintético y mundano, como es el plástico, para forjar las carcasas de los cuatro intermitentes, más aun después de observar la calidad del cromado que reviste el escape, y su generoso protector, así como el manillar y los espejos, y también el lustroso pulido que hace brillar el aluminio del motor.
También se podría cubrir con algo más de pulcritud el cableado que pasa bajo el faro y junto la pipa de dirección, así como por los bajos del depósito.

Royal BulletDSC09544Conclusión
Una moto que no admite comparativas, no hay ningún otro modelo en el mercado que entre en directa competencia, que sintonice la misma emisora que la Bullet 500: O encaja con algo que tal vez estabas esperando, o despierta en ti unas inquietudes ocultas o no puedes resistirte a la invitación para viajar en el tiempo o, simplemente, te conquista. Así es esta Royal Enfield, ciertamente, como los otros modelos de la marca.

Tomás Pérez

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