Beyond the bike: El espíritu de siempre, más joven que nunca – La historia detrás de la CB1000F

Escrito por Prensa Honda Motor Europe. Publicado en Reportajes

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Honda- Cuando Freddie Spencer y Honda participaron en el Campeonato AMA Superbike de 1981 con la CB750, Takayuki Haramoto era apenas un niño. Hoy, Haramoto-San es Large Project Leader en Honda y ha supervisado el desarrollo de la CB1000F, una naked cargada de esencia retro que toma como inspiración la icónica moto de competición de “Fast Freddie”.

Aunque la CB1000F rebosa estilo ochentero, no es una simple recreación nostálgica. Ahora empieza a llegar a los concesionarios Honda de toda Europa. Ofrece unas prestaciones totalmente contemporáneas gracias a un motor derivado de la Fireblade, un bastidor moderno, componentes de suspensión de última generación y las tecnologías más avanzadas, elementos que plantearon importantes desafíos al equipo de desarrollo.

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“Con la CB1000F, replicar directamente la CB750/900F no era el objetivo principal”, explica Haramoto-San. “Desarrollamos la CB1000F como la naked estándar de referencia para Japón; una motocicleta versátil y polivalente, adecuada para cualquier situación. Al imaginar el futuro de la gama CB, y concretamente la forma ideal de una roadster y naked básica para Japón, tomamos como referencia los motivos de diseño de la familia F”.

Los motivos de diseño de la F son puro estilo Bol d’Or. Icónicas por derecho propio y bautizadas en honor a la legendaria prueba de resistencia de 24 horas organizada por la FIM, las CB de los años setenta y ochenta ofrecían a los motoristas una motocicleta con estética café racer construida alrededor de un potente motor con auténtica herencia de competición.

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“Las CB750F y CB900F son, por supuesto, fascinantes. Especialmente su estilo elegante y dinámico, que trata todo el conjunto, desde el depósito de combustible hasta el colín, como una única forma integrada, representando un punto de inflexión en el diseño de motocicletas”, explica Haramoto-San. “Siguen siendo distintivas y atractivas incluso hoy en día. Sus esquemas de color también son únicos y magníficos. Además, encuentro especialmente atractivo que fueran modelos Supersport que incorporaban tecnología de la moto de resistencia RCB1000 en una motocicleta de producción”.

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El esfuerzo por reinterpretar las CB750F y CB900F comenzó con una pregunta tan sencilla como ambiciosa: ¿cómo trasladar el atractivo de estas máquinas a 2025 sin perder aquello que las convirtió en iconos?

“El punto de partida fue cómo trasladar ese atractivo atemporal y universal, como sus formas simples y superficies limpias, a la era moderna”, explica Haramoto-San. Como resultado, el equipo abordó el desarrollo de la CB1000F con la misma filosofía, concebida desde el principio como una forma continua y única, tratando todo el conjunto, desde el depósito hasta el colín, como una línea integrada, exactamente igual que hacían los modelos originales con tanta convicción.

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Lograr el equilibrio entre herencia e innovación requirió tomar cierta distancia respecto a la nostalgia. “Antes de pensar en la ‘F’, reflexionamos sobre lo que debería ser la CB en el futuro, imaginando la forma ideal de una roadster básica”, afirma Haramoto-San. El objetivo era dotar a la motocicleta de “la presencia distinguida propia de una motocicleta de gran cilindrada”, manteniendo al mismo tiempo la facilidad de conducción que siempre ha caracterizado a la saga CB.

El resultado fue un diseño construido sobre el contraste: “un frontal potente y compacto” combinado con “una parte trasera ligera y versátil”. Sobre esta base moderna, añade Haramoto-San, pusieron especial cuidado en “transmitir el atractivo esencial inherente a la ‘F’: sus formas simples y superficies limpias”.

Resucitar una motocicleta con décadas de historia conllevó importantes retos técnicos. Los modelos originales de finales de los años setenta y principios de los ochenta diferían significativamente en su ingeniería respecto a la actual CB1000F. “Nos encontramos con dificultades derivadas de las diferencias entre los componentes de los modelos de 1979 y de los años ochenta”, recuerda Haramoto-San.

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Las primeras versiones utilizaban un bastidor de doble cuna, una admisión horizontal y un equipamiento eléctrico mínimo, mientras que la plataforma contemporánea se basa en un bastidor tipo diamante, una admisión de flujo descendente y una electrónica mucho más compleja. “Las diferencias en las estructuras del bastidor resultaron especialmente complicadas a la hora de dar forma al icónico depósito de combustible”, señala Haramoto-San, destacando que incluso los detalles aparentemente más sencillos y reconocibles tuvieron que replantearse y rediseñarse completamente desde el interior.

Con la creación de la CB1000F, la trayectoria de Haramoto-San parece haber completado un círculo. Su relación personal con las motocicletas comenzó mucho antes de entrar en la industria. “Mi primera fascinación surgió al conducir la Monkey de mi padre”, recuerda con evidente cariño. Su interés creció aún más gracias a la lectura del manga Baribari Densetsu, cuyo protagonista comienza su historia a los mandos de una CB750F, y poco después ya estaba explorando carreteras de montaña por sí mismo.

Diversos momentos clave marcaron el rumbo de su carrera. “Como LPL, el desarrollo de la CB750 Hornet 2023 y la Transalp fueron hitos muy importantes”, explica. También habla con especial respeto de Masatoshi Sato, LPL de esos mismos modelos y de la CBR1000RR Fireblade. “Aprendí muchísimo del Sr. Masatoshi Sato... tanto como diseñador como en mi papel de LPL”.

A diferencia de muchos profesionales de su posición, Haramoto-San no menciona una larga lista de diseñadores o marcas como referentes de juventud. “Al provenir de una formación en ingeniería (diseño) más que del diseño propiamente dicho, no hay diseñadores o marcas concretas que me vengan a la mente”, admite. Sus gustos e influencias nacen principalmente de sus propias aficiones, inspirándose en instrumentos clásicos de Fender como las Stratocaster y Jazz Bass. En el mundo de los vehículos, siempre ha admirado las máquinas que aparecen en la película de animación de 1988 Akira. “Por eso conduzco una NM4”, añade entre sonrisas.

Fuera del trabajo, los intereses de Haramoto-San siguen estando ligados al movimiento, el sonido y la exploración. “Disfruto de los paseos tranquilos en moto, tocar la guitarra y experimentar con sintetizadores modulares”, comenta, señalando que quizás no sean aficiones especialmente sorprendentes, pero que todas ellas le mantienen conectado con las cosas que realmente le apasionan.

Cuando se le pregunta qué motocicleta de cualquier época le gustaría conducir, responde sin dudarlo: “Me encantaría experimentar el ambiente y las sensaciones de pilotar una Z1/Z2 o una CB750/900F de los años setenta durante su época dorada de competición”. Conducir una hoy, afirma, simplemente sería como pilotar una moto antigua. Lo que realmente desea experimentar no es solo la motocicleta, sino también la época y la energía que la rodeaban. Muy en la línea de la CB1000F: una máquina que representa mucho más que el simple regreso de un nombre legendario.