Suzuki Intruder C1500T. Prueba a Fondo. - Visión de un Quemado

Escrito por Tomas Perez, Sergio Hidalgo y José Angel Lorenzo el . Publicado en El Rincón grasiento Categ

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Probador 3: Sergio Hidalgo
Ficha Técnica:
36 años, 76 kilos, 1.76 metros

Nivel:
Piloto de la Z Cup y la Copa del Manchego Extreme. Ganador de la categoría Extreme SIN del campeonato Mac90-2.011

 

Es fácil caer en la crítica fácil y menospreciar aquellas cosas que no comprendemos y cuyos entresijos no conocemos, y si esas cosas se cruzan en nuestro camino resulta hasta divertido caer en la burla. Y es que se me ocurren miles de hobbies que no hacen otra cosa que llenarme de incredulidad. Sin embargo, cuando el destino consigue que te empapes de los detalles y sentimientos que dicha pasión transmite, te das cuenta de lo equivocado que se puede estar.

Sí, aunque parezca mentira, el día menos pensado te puedes encontrar defendiendo a capa y espada las bondades de pasar una buena tarde en la mecedora de tu casa haciendo calceta.

A mí me ha pasado con el mundo custom, una Harley no es una moto, es un carro de helados al que le faltan dos ruedas...

La verdad es que no conozco ni una octava parte de lo que debería para poder hablar del apasionante mundo custom ni de todas las variantes y submundos que lo componen. Sí puedo decir, por lo menos, que ya no me entra la risa cuando veo a alguien montado en un cacharro de esos.

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De hecho llevo tiempo persiguiendo a mis amigos del 7 grasiento para ver si me dejan probar alguna custom. A fin de cuentas sus historias, forma de afrontar un viaje o una escapada rápida a la sierra y la asistencia a alguna exposición de custom ha hecho florecer un respeto e interés por estas motos que no me atrevo a confesar a mis amigos más quemados.

Finalmente llegó el día, tenía la oportunidad de ir a Pingüinos en una imponente Suzuki Intruder 1500. Hago revisión de todo lo que me viene a la mente relacionado con la palabra custom, echo de menos en mi armario unas botas de moto que no sean de circuito y una chupa algo más molona, me preparo para llevar un ritmo de cuenta-pinos, deleitarme contando las pistonadas del motor, dar un protagonismo especial al freno trasero y olvidarme de disfrutar de grandes tumbadas.

Me subo a la Intruder y veo que hago pie con las piernas flexionadas, cosa que me ayuda a mover en parado este monstruo de más de 300 Kg. La postura es cómoda, los brazos abiertos, piernas echadas hacia delante y posaderas en un mullido asiento con un tope que protege de posibles dolores de lumbago (no, no es para poder apoyarse en fuertes aceleraciones).

Arranco enfilando la Intruder hacia el puerto de Galapagar con un primer objetivo; ver cuál es el límite de tumbada de esta moto. Esto me iba a servir para seguir el resto de la ruta con tranquilidad. No quería encontrarme con una diabólica curva de doble radio (de esas a las que les vendría muy bien una señal que indique su peligrosidad) e invadir el carril contrario tras encontrar el límite de inclinación que imponen las plataformas.

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Así que voy subiendo el puerto de Galapagar con prudencia y me doy cuenta de que las curvas se pueden ir trazando sin problemas, el ancho manillar permite manejar bien a la Intruder y me veo siguiendo el ritmo de mis compañeros de ruta sin problemas (ya habían sido avisados de que el ritmo no podía ser muy alto).

De hecho no encuentro el límite de tumbada hasta haber pasado por unas cuantas curvas.

De repente me veo disfrutando con esta Suzuki. Subo el puerto concentrado en ir por la trazada. Tirar la moto al interior de la curva con rapidez para evitar rozar con las plataformas hace que me lo esté pasando bien, resulta divertido acercarse a límites que serían una temeridad en una deportiva (por carretera).

Mi condición de quemado hace que me concentre más en la conducción que en contar pinos, ¡que le vamos a hacer!. Sigo teniendo presente que es una custom y aún así echo de menos un poco más de motor, sobre todo cuando tengo que adelantar. Pero claro, Suzuki no ha pensado en satisfacer a sus clientes más agresivos. Una prueba de ello es que ha limitado la velocidad máxima a 160 km/h. A pesar de tener cinco marchas se puede circular con ella sin pasar de tercera, metiendo cuarta de vez en cuando y olvidándonos de una quinta sosa de narices.

Su comportamiento dinámico sorprende. Esta Suzi se mueve con soltura por las curvas y estabilidad de sobra. Sólo se aprecian debilidades en curvas a alta velocidad, en las que la Intruder se mueve como si llevase un amortiguador un poco pasado. A mí modo de ver se debe al efecto que hace el viento sobre la gran pantalla montada.

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Esta pantalla protege del viento hasta el punto de poder ir con la visera del casco levantada a velocidades legales. En algunos casos se crean turbulencias y se echa de menos la pantalla de una buena GT. Sin embargo mi compañero grasiento José Ángel dice que es la mejor pantalla montada en una custom que ha conocido.

Una vez mi montura ha presumido por tierras Pingüineras de su imponente diseño doy la vuelta dirección a Madrid. Continúo disfrutando del viaje, ya me he acostumbrado a subir marchas pisando la palanca con el tacón de la bota y a bajarlas apretando con la punta. La tengo por la mano, pero eso no evita que me preocupe la elección del camino realizada por mis compañeros: Las 7 revueltas. A pesar de que alguna de ellas podría recordar a los famosos “tornanti” del Stelvio (exagerando algo), la intruder, para mi sorpresa, me transporta a través del puerto con soltura, sorteando las revueltas más puñeteras sin atisbo de necesidad de pisar el carril contrario.

Definitivamente, esta Intruder ha conseguido acercarme un poco más, y con mucho gusto, al mundo Custom.

Sergio Hidalgo

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