LAGARTIJAS GRASIENTAS POR CASTILLA LA MANCHA

Escrito por José Angel el . Publicado en El Rincón grasiento Categ

La Nieves en la llanuraLOS VIAJES DEL 7 GRASIENTO


Dejémonos de historias: el movimiento se demuestra andando. En nuestro caso, rodando. Nos esmeramos para que nuestras burras sean una escultura de acero y cromo, un lienzo sobre el que plasmar un arte que nos apasiona. Pues muy bien, todo esto se nos queda incompleto si nuestra niña mimada no devora kilómetros. Para mí, viajar es una pasión, mi moto es una pasión, cuando uno estas dos pasiones puedo llegar a vivir momentos orgásmicos con banda sonora de los grandes del rock.
Somos como dos niños ansiosos por un caramelo. Jesús, mi hermano de vivencias, y yo planeamos un viaje sin plan, diseñamos una ruta de intenciones y nos dispusimos a cabalgar a “Genoveva” y “Nieves” por tierras de Castilla La Mancha.Genoveva y el castillo de Maqueda
Ya es costumbre que yo llegue tarde a la cita, no deja de ser curioso porque quedamos en la puerta de mi casa. Tras los reproches y descalificaciones de rigor que siempre buscan ganar la competición del ingenio, normalmente gano yo porque él se repite, nos ponemos el casco, subimos la cremallera de la chupa y ¡Zas!…me imagino la cara de Jesús dentro del casco mientras me muestra, suelta en la mano, la parte móvil de su cremallera. Las últimas veces que, haciendo gala de una gran torpeza, tiré la moto en parado él no se ha reído, decido no hacer burla fácil.
En definitiva, nos toca cruzar Madrid para ir a su casa a cambiar la chaqueta. Cuando aparece de nuevo me viene con una chupilla más fina que la anterior.
-    Como le dé por bajar algo la temperatura vas a pasar frío – Vaticino.
-    Para ser chulo hay que sufrir – Sentencia. Pues no se diga más, en marcha.

La Nieves en Maqueda


Kilómetros eficaces pero anodinos en la huída por la autovía que lleva a Extremadura. En Maqueda abandonamos los dos carriles y en este curioso pueblo, con casas señoriales y Castillo pinturero, decidimos picotear algo en un bar. Somos dos lagartijas dispuestas a recorrer las piedras y los polvos de esta comunidad autónoma.


Tan sólo unos 30 kilómetros de Horcajo de los Montes decidimos parar a repostar. Nos atiende en la gasolinera una amable señora con ganas de conversación. Aprovechamos la amabilidad de la doña para preguntarle donde podíamos comer decentemente a un precio razonable:

-    Id a aquel bar que está en la casa “colorá” – Nos señala el lugar extendiendo el brazo, al momento baja la cabeza y mirando a las motos nos avisa:
-    Las motos son muy peligrosas.
-    Tenemos siempre mucho cuidado y vamos despacio – Nos mira de arriba abajo, pone gesto serio y continúa
-    Pues fíjate tu, el novio de mi sobrina tuvo un accidente con una moto y se hizo una avería muy gorda en un brazo
-    Vaya, lo siento, espero que se recupere pronto
-    No te creas, se lo rompió por tantos sitios que le han tenido hasta que coger pelo de otro sito para

maqueda horcajo

trasplantárselo
-    Pero… - Con cara de confusión intentó Jesús decir algo pero no pudo

-    Y lo peor no es eso, en una pierna si no le ponen un hueso de la cadera se le queda mas corta que la otra.

-    Vaya pues espero que se mejore – Ponemos nuestros mejores deseos pero la mujer está más interesada en seguir con el drama.
-    Muy mal, muy mal ha quedado, tened cuidado que os puede pasar lo mismo.
-    Mujer, la verdad es que nos deja un poco, no sé, casi da cosa seguir el viaje – Una vez que pagamos nos pusimos los cascos, montamos en las motos y a nuestro lado la señora prosiguió con su discurso apocalíptico.
-    Pues sí, el chaval tenía una moto así de carreras como las vuestras – miré mi Sportster y la de Jesús por si les habían salido pegatinas de Repsol –
-    Bueno señora, mucho gusto y gracias
-    Adiós y tened cuidado, que mira como acabó el novio que tenía mi sobrina – Levantaba la voz para hacerse oír por encima del sonido del ralentí de Nieves y Genoveva. Decidí ponernos en marcha antes de que esta buena mujer diera finalmente por muerto a ese pobre muchacho.

En el Bar


En cualquier caso paramos en el bar que nos indicó, comimos bastante bien y a un módico precio. Nuestro ingreso en el Parque Nacional de Cabañeros nos estaba deparando el descubrimiento de un paraje hermoso, unos campos que luchan por conseguir el verdor primaveral a pesar de la sequía invernal que hemos padecido. Las tierras manchegas de Don Quijote, y sus horrorosos monumentos conmemorativos, dan paso a una zona, Cabañeros, que respira tranquilidad. Buena oportunidad de revisar las miserias personales de cada uno. Desde Maqueda hasta Horcajo de los Montes finalmente son algo más de 120 kilómetros.
Como este viaje transcurre justo antes de Semana Santa es menester probar un plato que es especialidad de la zona en estas fechas: el Potaje de Cuaresma, decidimos regarlo con algún un tinto muy acorde y conseguimos llegar al estado de reflexión por los pecados, incluso al de contrición, pero no hubo manera de que hiciéramos propósito de enmienda, definitivamente nos gusta pecar aunque luego, sólo a ratos, nos arrepintamos.

Genoveva y Nieves saliendo de Cabañeros

Al día siguiente rumbo a Daimiel, donde los patos acabarán bebiendo Casera. No sentimos que fuera el mejor momento para estar allí por lo que seguimos saciando nuestra hambre de ruta.
Pueblos, bares, tapas y raciones más tarde la Nieves cumple los 50.000 kilómetros de vida, fue justo a la salida de un pueblo de curioso nombre: Membrilla.

La Nieves en la llanuraEn la cuneta

Nos felicitamos de la ruta y de lo alejados que parecen esos momentos incontrolados que se nos van de las manos, los que suelen acabar con las luces de otro día, mejor dicho, de su mediodía. Estas conversaciones suelen ser como auto-arengas que nos hacemos con la intención de que el otro se las crea más que uno mismo.
Pero es absurdo luchar contra lo inevitable. Un vistazo de Jesús a la agenda de su móvil y momentos después alguien de esa lista sabe que tiene una visita inesperada pero siempre preámbulo de diversión. No hay comunidad autónoma en este país que no tenga asilo festivo para él y los que le acompañen. San Clemente fue esa noche nuestra ciudad sin ley. A punto estuvimos de reclamar de madrugada, totalmente “cuajaos”, los papeles de algunas Harleys 1HD que conocemos y que están en los juzgados de esa localidad conquense.

Por la mañana, bueno, a la hora del aperitivo, con el dolor de la resaca y el placer de las risas nocturnas, salimos a la calle.
No hay resaca que resista la buena cocina castellano-manchega.

Genoveva y Nieves BN 

honrubia betetaRecuperadas las fuerzas y la frescura mental pusimos rumbo a El Alto Tajo. Primero por la N-420 y después por la N-320.
Llanuras y montículos amarillos dan paso a bosques y éstos a su vez a gargantas y estrechos cañones. Acabamos con las motos descansando en Beteta y nosotros admirando el paisaje desde su mirador.
Nos hubiéramos quedado allí pero el hotel estaba cerrado, disfrutamos de nuevo de la parte final de nuestro viaje deshaciendo parte de los kilómetros finales para buscar alojamiento en un Hostal de Puente de Vadillos. Han sido algo más de 150 kilómetros.
En ese establecimiento, tras preguntar por alguna recomendación para cenar, somos avisados de que nos hallamos en un lugar donde la oreja de cerdo es preparada de tal forma que si la probamos nos convertiremos en auténticos adictos – coño, que exagerados son en algunos pueblos – nos murmuramos.
Ante semejante despliegue publicitario pedimos una ración. El tipo que hace las veces de recepcionista del hostal y de camarero de su bar hace una señal alzando una mano; proporciona la suficiente información a una señora, ya mayor y enlutada, que veía un programa del corazón en el sofá del gran salón en el que estábamos.
Sobre la barra del bar nos sirvió un rato después la oreja, los brazos en jarra y sonrisa pícara, como sabiéndose ganador. La oreja del gocho se sirve entera por esa comarca, sin trocear. Tenemos que decir que nos resultó un manjar, simplemente deliciosa. Felicitamos a la cocinera, el azar seguía siendo generoso con nosotros en este viaje.
Decidimos hacer al día siguiente la vuelta a casa culebreando por las carreteras que pasan por Priego y te hacen llegar a Sacedón después de unos 84 kilómetros.
Nos sacudimos los polvos de los caminos, acariciamos suavemente los depósitos de Genoveva y Nieves y las murmuramos que esto se acaba, tomamos rumbo hacia la gran urbe con nuestros recuerdos y sensaciones, con el disfrute en el cuerpo y las ganas de volver.

La Nieves en Priego

Ruta Beteta - Sacedón

Está bien regresar a casa con los tuyos y desear contarles lo que has vivido.
Está bien lo que bien acaba y si el final de la aventura se sella con los que quieres sólo puedes sentir que es perfecto.

tapón

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