Que bailen Las Gordas. Ultra & Vision - Al máximo
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-Un texto digno de publicarse en el mejor reportaje de pruebas de moto. Y la verdad es que la calidad de su sonido es soberbia
-Sí, pero el equipo de la Vision no sé de qué marca es, no lo he visto escrito en ninguna parte, y el de la Ultra es mejor. ¿No lo has comprobado?
- No, la verdad es que aún no le he dado volumen.
-Pues ya te digo yo que todavía suena mejor. Es un Harman Cardon, desarrollado específicamente para Harley.
Transcurrió casi un minuto mientras Moriwoki se rascaba la barbilla y sostenía la mirada sobre la taza de café. Finalmente la elevó para lanzar, más que una pregunta, una sospecha.
- Una moto así, desde luego no es para eso, pero me da la impresión de que tú eres bastante diferente a cualquier mayoría.
- No te entiendo. Dime.
- ¿La has puesto al máximo alguna vez?
El Nota dejó caer la respuesta con un resoplido de confesionario.
- Pues claro. Una vez que se me cruzaron los cables.
- Ya.
- Fue una noche que volvía completamente solo, con la autopista desierta.
- Aun así, ya sabes qué duras se han puesto las cosas con el asunto de la velocidad.
- Sí, claro –adujo El Nota con un tono irritado-. También por fumar en un garito te puede caer un paquete que te cagas y en cambio, si te ven con el cigarro encendido en una gasolinera cunado estás llenando el depósito, lo más que pueden hacer es regañarte. Si te bebes un pelotazo sentado en un banco, estás haciendo botellón y son 300 pavos de multa; y si te lo bebes un metro más allá, sentado en una terraza, todo es correcto: Eres un señor.
Estoy hasta los huevos del puto moralismo… Sí, de que ese moralismo arbitrario de siempre sea el que rija esta jodida sociedad.
Se abrió un paréntesis de unos segundos, durante los que Moriwoki sintió como si se le desgajara una herida que hacía tiempo que se obligó a sí mismo a cerrar para siempre.
-Bueno. ¿Y cuánto viste en el marcador?
-190. 190 todo el tiempo enroscado al máximo, y en alguna bajada creí ver los 195 –apretó los párpados a medio cerrar-. No sé si quería reventar el motor o si lo que quería era reventarme yo…
-Un motor tan robusto y tan bajo de revoluciones no lo puedes reventar así como así –apuntó Moriwoki ignorando a propósito el extraño dolor de su compañero de viaje.
El Nota dejó la mirada perdida, amargada, sobre un imaginario y desolador vacío.
-Bueno –reaccionó Moriwoki-. ¿Nos ponemos en marcha?
El viaje continuó por la autovía de El Sur, hasta que, después de atravesar un desfiladero cuajado de peñas desde las que dicen arrojaban a los perros, un viaducto de proyección aérea sobre un profundo abismo les llevó finalmente al cruce de una carretera local de buen piso y trazado abierto. El Nota comenzó a alegrar poco a poco la marcha sobre una ruta que mostraba conocer sobradamente. El ritmo creció mientras veía a través de los espejos cómo, grabada sobre el cristal, se inclinaba una y otra vez la silueta de la Ultra Classic. Varias decenas de kilómetros con esa suave danza a un ritmo propio de los amantes de otras motos muy diferentes, hasta hacer una nueva parada.
