Royal Enfield Bullet 500 : Una Moto Ancestral - Para Sibaritas

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Royal BulletDSC09565Royal BulletDSC09548El Placer
Hemos mencionado de refilón la acción de pasear, y quizá en esta actividad resida el principal placer que nos puede brindar esta Buellet 500. Dejarse acariciar el rostro por la corriente que penetra con un ritmo pausado, y con la pantalla levantada, o sentir el suave flujo del aire por las mejillas expuestas con un casco abierto, justo a la velocidad que pueden contener tus lacrimales sin desbordarse; dejar que la brisa nocturna apenas nos roce el rostro en medio de este verano abrasador, que desde hace semanas tiene convertida la Península en un auténtico fogón continental, todo ello es algo que se percibe con una intensidad casi única sobre la Bullet 500.
Así es, con las manos cayendo de forma espontánea sobre el manillar, en posición erguida, y con los pies adelantados como en ninguna moto naked de hoy en día, la disposición para el paseo es tan natural que lo convierte en un refinado placer, reservado, eso sí, para paladares limpios de complejos y gourmets sin prejuicios auspiciados por cierto vanguardismo radical, muy extendido hoy día entre algunos sectores de la población motorista.

El Calzado
Confieso al lector que al fijarme en el tren delantero de la Bullet 500 y encontrarme con un prehistórico conocido, sentí de súbito una inquietante preocupación. En la época en lo que me la presentaron diversas motos de otro tiempo, la marca que lo apellidaba era Pirelli, mientras que sus líneas longitudinales, dispuestas en formación castrense, hacía obvio el apodo con el que creo que todos lo conocíamos. Era “El Pirelli Carretilla”. Un neumático de dura carcasa y goma pétrea que ponía a prueba la finura del motorista conduciendo en seco y sin duda su valor, o su inconsciencia, cuando lo hacía en mojado. Sin embargo, estos carretilla actuales que monta la Bullet 500 son otros: vienen firmados por Avon, y, a pesar de mis primeras reticencias, a los pocos kilómetros comencé a tirarme con confianza en la curva que se me antojaba, apoyándome en el notable agarre de este rayado moderno, que nada, en absoluto, tiene que ver con la sensación de grima que transmitían los de antaño.

Royal BulletDSC09567Royal BulletDSC09566En cuanto al trasero, fui derecho a buscar la medida de la banda de rodadura en el lateral, porque a simple vista se aprecia aun bastante más estrecho que el que monta la Continental GT, y me encontré con otra vieja conocida. Sí, la escala en pulgadas, con lo que el ancho de la Bullet 500 es de 3,5. ¡Ah ! Y por supuesto, como buena moto de la Commonwealth, con diámetro de 19, también pulgadas, claro está.

El dibujo de carretilla en el delantero y el ancho cifrado en pulgadas para ambos, nos sirve de argumento exclusivo para hablar de una moto de mucho antes, sin embargo la banda de rodadura trasera, absolutamente estrecha y prácticamente plana, nos lleva más allá para representar el signo inconfundible de “Una Moto Ancestral”. Por cierto que esa banda angosta, así como la relativa flexibilidad de la carcasa, facilitan el momento del giro, la maniobra de entrada en la curva de la Bullet 500, espantando cualquier sospecha geométrica que pudiera crear la forma casi cuadrada que muestra el neumático por detrás.

El Corazón de una Criatura Espiritual
Al igual que el 535 montado en su hermana, la Continental GT, este monocilíndrico de medio litro se siente latir como el corazón de un espíritu libre transitando por una experiencia motorista. Efectivamente, podemos decir que la Bullet 500 es una criatura eminentemente espiritual, que evoca la historia, la vida en directo, de otro tiempo en otras latitudes de El Planeta. El escape, bajo y eterno, hasta casi sobresalir por la trasera, emite un musical petardeo directamente conectado con el giro de nuestro puño derecho. Una longitud, eso sí, y una situación tan baja sobre la moto, que nos obliga a tomar precauciones a la hora de bajar un bordillo, procurando salir en oblicuo hacia la izquierda, en lugar de hacerlo de frente o a la derecha, para evitar golpearlo con el filo del cemento.

Royal BulletDSC09547Royal BulletDSC09541Curiosamente, en la Bullet, la entrega lineal que ofrece el 500 – se puede decir que es la misma del 535, con 1 CV menos- cierra una plena armonía con todo el conjunto, con esa sensación placentera que provoca al pasear, con ese romanticismo, envuelto por cierto halo aventurero, que hace sentir al motorista cuando se dispone a hacer un pequeño viaje con la Bullet 500. Todo en ella suena como una partitura de cámara interpretada por el mejor cuarteto de cuerda.
¡Ah! Al arrancar, hay que girar un punto el acelerador y, por supuesto, si el motor está frío, apretar el tirador del estárter, “del aire”, como se decía antes.

Royal BulletDSC09553Una parte ciclo Ancestral
Sólo hay que mirar el exiguo grosor que exhiben los tubos de sección redonda que forman el basculante para volver a darse cuenta de que estamos ante una moto de un tiempo pretérito, que se remonta, como comentamos, al inicio de los años más alocados del siglo pasado. Todo en la Bullet 500 está en consonancia con ese tiempo ancestral, desde la visera del faro, que recuerda al de una locomotora de carbón, hasta las tapas laterales de chapa, cosidas por bisagras en sus bandas abatibles; desde el guardabarros paleolítico hasta el piloto rojo, que parecen haberle extirpado al vagón que cerraba el convoy arrastrado por esa misma locomotora del Orient Exprés. Todo guarda una armonía con esa época, y la parte ciclo de la Bullet 500 también, claro está. Con ese basculante, sobre el que se apoyan sendos amortiguadores, eso sí, de gas y con sus botellas camufladas en negro, ocultando esa mínima licencia a una modernidad muy relativa, aparecida a finales de los setenta. Con ese basculante, decía, delgado y redondeado, sobre el que unas barras finas, soldadas al sub chasis, atraviesan la silueta trasera de la Bullet 500, como una superestructura que soporta la pesada carga del guardabarros trasero, que, junto con la forma victoriana del asiento, sugieren a nuestra vista y a nuestra imaginación la proyección de unas ballestas, sencillas y cromadas, hasta creer verlas ahí, sustituyendo a esos amortiguadores pretendidamente modernos. En fin, el resultado de todo, en conjunto con la horquilla con forma de cartuchos, es un comportamiento dulce y confortable como pocos para el paseo, amable para un viaje cargado con un suave tinte romántico y cierto regusto aventurero; pero con una idiosincrasia que se aparta por completo de cualquier conducción deportiva. Un paso con la Bullet 500 a fondo y bien inclinado por un viraje rápido entra un compromiso innecesario en el que esta Royal Enfield protestará, o se quejará, dependiendo de lo violentos que resultemos, cediendo sus componentes más expuestos, retorciendo su arquitectura, o poniéndonos en un serio aprieto al reaccionar con un severo shimmy.

Las suspensiones, como hemos señalado, buscan el confort y, por tanto, son blandas, contribuyendo, por un lado, a hacer más comprometida la conducción deportiva y, por el contrario, para hacer más placentero aun ese paseo, incluso por encima de badenes y otras ondulaciones.

Por otro lado, los intentos de una inclinación un tanto pronunciada se verán frustrados de manera tajante por las estriberas fijas, tipo Impala. Mejor así, antes de que descubriésemos con una buena voltereta los límites del neumático trasero, el de perfil anoréxico y banda casi plana, como corresponde, según hemos dicho, a una Moto Ancestral.

La Frenada
La mirada se me fue derecha al tren trasero para descubrir otro viejo conocido más. Sí, un freno de tambor, pero no uno cualquiera, sino un freno de expansión interna –su nombre más técnico- gobernado por una simple leva y accionado por una varilla que conecta directamente con el pedal ; además, el freno de zapatas actúa dentro de un estrecho tambor abierto sobre lado derecho del buje. En resumidas cuentas, también un freno ancestral.
Un freno así, como los más talludos recordarán, ofrece una efectividad sorprendente, con un tacto de lo más dosificable, difícilmente superable por muchos sistemas de disco actuales. Otra cosa es que el freno de tambor necesite un ajuste con relativa frecuencia –girando una simple tuerca- y que la duración de las zapatas pueda ser menor que la de unas pastillas, en general.

Royal BulletDSC09551Royal BulletDSC09540En cuanto al freno delantero, de disco, se muestra con sobrada potencia para detener la Bullet 500 a cualquiera de sus ritmos naturales. Aparte de ello, la dosificación que ofrece es muy graduable, ideal para asfaltos inciertos y para el piso mojado. Eso sí, si apretamos la maneta con contundencia, sentiremos, sin más remedio, cómo las barras de la horquilla, también ancestral, ceden para torcerse levemente hacia el lado izquierdo, sobre el que va montado el disco; nada que deba preocupar, en cualquier caso, porque sólo se siente forzando bastante la frenada, además de que, una vez que se ha asimilado con la naturalidad que corresponde a una Moto Ancestral, no debe de inquietar a su motorista porque la Bullet no varía la trayectoria ni un milímetro en esas circunstancias.

En La Ruta
Podríamos situar la velocidad natural de crucero para la Bullet 500 más o menos sobre los cien, más allá de eso, no se siente que el motor vaya cómodo, ni en esa sintonía acorde con el paseo, a pesar de que puede alcanzar más.
Si levantas la pantalla del casco a ese ritmo, o si conduces con uno abierto, la mezcla de sonidos que forma el viento con el animado petardeo que sale por el extremo del escape traslada con facilidad la imaginación hasta la carlinga de un biplano, precisamente de la época que evoca la Bullet 500. Sí, volando con dulzura sobre cualquier paisaje de los años veinte o treinta.

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