Prueba Yamaha XSR700: la ligereza al poder

Escrito por José Angel el .

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Me apetece que para esta prueba os cuente mi viaje, un viaje en el que sometimos a la XSR700 de Yamaha a las más diversas torturas, una prueba que se nos fue un poco de nuestro control pero que sirvió para saber a hasta dónde llega la pequeña japonesa de aire macarra y un tanto oscuro. (Sigue Leyendo)
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Kustom
Biker: José Angel Lorenzo

Ficha: 46 años, 75 kilos, 1,70 m

Nivel: Adicto a la Kustom Kulture y a los kilómetros sobre hierros.








Una vez al año nos juntamos el grupo motero, qué coño, el gupo de amigos moteros al que pertenecemos Jesús y yo, los 4 No Hay, como una pequeña tradición convertimos el trayecto al lugar de reunión, que cada año varía, en un viaje por la ruta más larga y atractiva que encontramos.


Este año se me ocurrió que podía llevar alguna moto de prensa, un modelo que no hubiera probado y no desentonara con el evento, el 99% de las motos son Harley Davidson... ya sé lo que piensas: “¿y para ti no desentonar en medio de Harleys es ir con la XSR700?, tenéis razón, soy un notas, pero no pude resistirme, adicción por ir a contracorriente, pero no a lo bobo, no era cuestión de ir con una deportiva o una Maxitrail, como se le ocurrió a Jesús, eso sí que tiene delito.
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Los días previos aproveché para probarla en ciudad, la moto se desenvuelve con una agilidad magnífica, revolotea entre las latas como una avispa, el motivo es su principal característica: es muy ligera, algo que es muy agradable en una moto que puede ser rápida, los 75 cv para sólo 186 kilos son una relación peso potencia muy favorable para hacer honores al dios de la velocidad, el embrague es muy, muy suave, en los atascos se agradece.

Evidentemente olvídate de llevar equipaje y el pasajero irá por compromiso, el espacio para él en ciudad es un apaño, en carretera una tortura, obligar a poner el culo en tan poco espacio es tener mala leche, aunque todo hay que decirlo, el asiento es bonito, con dos texturas y un rematado en marrón en la parte final que le confiere un aire, no sé si vintage, pero desde luego distinto y atractivo. En su parte final enganché una pequeña mochila, lo justo para un par de mudas, un par de camisetas, el cepillo de dientes, el desodorante, el jabón, un pantalón y unas zapatillas... y mucha fe en poder enganchar la mochila con pulpos y oye, conseguido, con la goma de los pulpos más tensa que las cuerdas de un arpa, pero conseguido el objetivo de fijar el macuto de supervivencia.
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Pero volvamos a la ciudad, donde la imagen de la XSR700 luce más, para mí es muy sencillo definirla, es su hermana, la MT-07, pero en bonito, con un depósito de gasolina en aluminio mucho más atractivo y una línea más interesante, Jesús la cataloga como más macarra, he leído por ahí a un iluminado que dice que es una moto de Hipster, madre mía como están las cabezas. El caso es que no estamos ante una Naked al uso, se trata de un modelo de la gama Sport Heritage de Yamaha, una Faster Sons.

En este caso la XSR700 es negra, totalmente negra, salvo algunas pequeñas y puntuales concesiones, incluso Yamaha va en negro, casi tienes que estar encima para darte cuenta del logo. Las colas son muy especiales, unos llamativos tubos de escape de Akrapovic, exclusivos para este modelo, el sonido es bueno, pero muy bajito, ya sabéis en la ciudad obras, ruidos de autobuses y camiones, sí, pero el hermoso sonido de un bicilíndrico, ya no. Para la instrumentación se ha recurrido al minimalismo, un funcional cuentakilómetros de diseño sencillo, montado directamente sobre el manillar, contiene todas las funciones, mostrando las rpm de manera diametral y la velocidad por dígitos.
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Partimos camino de Formiche, un bonito pueblo de Teruel, lugar donde este año se celebraba la reunión del “4 No Hay”. El primer tramo es autovía hasta Guadalajara, allí te das cuenta de que la XSR700 puede resultar un tanto exigente en altas velocidades, el cuerpo queda expuesto, tiendes a inclinarte sobre el manillar, intentando buscar una comodidad que en las motos tipo Naked se convierte en un intento de esquivar el viento de cara.

Carretera pasando por Sacedón y el mermado embalse de Entrepeñas, curvear con la XSR700, a parte de ser algo divertido, es lo mejor que puedes hacer con ella, enlazas una curva con otra balanceándote y bailando con la japonesa con una facilidad deliciosa, su ligereza lo facilita todo, sus limitadas inercias te hacen sentir que eres dueño de sus querencias. Tengo que reconocer que me sorprendió, esperaba cierta pérdida de eficacia en la curvas, la posibilidad de que se moviera más, todo ello debido a que notaba la suspensión un tanto blanda, no mucho, pero sí para el tipo de moto, pero no, no hay vaivenes, de hecho, se logra un mayor grado de confort en marcha. Moto ligera, eficaz en curva y no te destroza la espalda.

XSR700 31En cuanto al consumo, me movía entre 4,3 y 4,7 litros a los 100 kilómetros, habiendo usado toda la gama de revoluciones de motor y funcionando por carretera, ciudad y autovía, cuando digo toda la gama me refiero a toda, probé a llevarla a bajas revoluciones cuando no toca y a exprimirla por arriba, en ambos casos extremos se portó mejor de lo esperado, pero no es donde se encuentra a gusto este bicilíndrico en línea, por abajo carraspea, pero hablamos por debajo de 2.000 rpm, por arriba chilla mucho, más allá de las 8.000. Tienes como resultado una gama muy amplia de uso, sin patadas, con una entrega de potencia lineal y que se adapta muy bien a los menos expertos, esta moto me parece una gran moto escuela, además con la posibilidad de limitación para carnet A2.

Nuestro periplo por la zona siempre incluye una parada en Puente de Vadillos, un pueblo de Guadalajara en el que está el Hostal Restaurante Caserío de Vadillos, y paramos por la sencilla razón de que en ese establecimiento sirven la ración de oreja que más nos gusta de todas las que hemos probado por la península ibérica y mira que habremos devorado cerdos por lo largo y ancho del mundo.

A partir de aquí hacemos un entramado de carreteras y carreteruchas que nos sirven para perdernos felizmente y cuando digo perdernos, lo digo literalmente. Hacemos curvas, rectas y cambios de rasante, cruzamos bosques, una y otra vez compruebo como la Yamaha hace de su ligereza su principal arma, apuro frenadas con el convencimiento de que el doble disco delantero de 282 mm responde, era de esperar, no es lo mismo frenar la maxitrail de Jesús que la avispa que llevo yo.

- ¿Dónde estamos?- Me pregunta Jesús en un cruce y tras subirse la visera del casco
- Ni puta idea – Le contesto yo – Pero ten en cuenta que si vamos bien y no nos hemos desviado demasiado, no debemos pasar por un pueblo que se llama Peralejos de las Truchas, si pasamos por él tenemos que dar un rodeo grande y la carretera es una mierda... pero creo que vamos bien por aquí, estamos en el camino correcto.

Peralejos de la Truchas, ahí estaba delante de nosotros el cartel que nos daba la bienvenida, no tenemos remedio. El pueblo está en un enclave maravilloso, os recomiendo visitarlo y rutear por la zona. Con una tormenta en ciernes, la premura por huir de ella y el camino que nos quedaba hizo que no me pasara a saludar a mis amigos Rosa y Ramón, desde aquí disculpas, si me paso a tomar una cerveza con vosotros ya no hubiera podido seguir y la verdad, mejor nos hubiera ido si nos hubiéramos quedado quietos...
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El siguiente tramo de carretera fue tortuoso como un dedito acusador por el error en la ruta, el asfalto roto y parcheado, rizado como la melena de una chica en días de lluvia, bendito compromiso entre eficacia y confort, recuerdo que la Bolt tenía una tabla en la suspensión trasera, el monoamortiguador trasero de la XSR700 con un recorrido de 130 mm hizo que me quejara lo justo, ahora bien, que se acabara esa carretera de mierda era toda mi preocupación en ese momento.

Una vez que desembocamos en un asfalto mejor nos movimos como conejos por el monte, el cielo cada vez más negro y las primeras gotas empezaban a pegarse en la visera del casco, la carretera estaba más mojada de lo que en realidad la lluvia que nos caía podía empapar, estaba claro que el agua era anterior y éramos nosotros los que nos acercábamos al aguacero. Ni un movimiento de la moto, ni un mal gesto en esas condiciones, los neumáticos Pirelli Phantom se portaron, tienen un dibujo raro de narices, pero me gustaron mucho en mojado, la marca italiana promete agarre en condiciones mixtas, con un dibujo de estilo vintage pero con un compuesto de última generación para motos de prestaciones de medias a altas, todas las marcas prometen mucho y rara es la que no te pone una goma que en seco, como mínimo, es correcta, pero el agua es otra historia y en este caso me gustó mucho.

Cuando llegamos a Checa, todavía en Guadalajara, decidimos parar. Fue bajarnos de los hierros y abrirse el cielo, habíamos corrido más que el viento y alcanzamos a la lluvia. Pues nada, todo pueblo que tenga un bar es un lugar con refugio y si tiene un nombre tan motero no puede ser mal puerto donde esperar que pase la tempestad.

Con unos cafés veíamos como tranquilamente el agua de la lluvia formaba riachuelos por las empedradas calles de Checa, los parroquianos del bar asomaban por la puerta mientras veían a dos flipaos vestidos de moteros – lo tenéis jodío – nos decían con condescendencia. Saqué el móvil, mi aplicación del radar de lluvia nos revelaría nuestro futuro inmediato.

- El frente que hemos pillado se aleja, pero viene otro detrás, tenemos que salir ya.

La lluvia amainaba y los claros se abrían. Había que irse y rapidito.
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Ahora venía otra prueba para la moto, en realidad para mi culo. La XSR700 recibió a cuerpo gentil toda la tromba y ahora me tenía que sentar en su asiento, muy bonito y muy vintage, pero como hubiera calado me iba a resultar una sensación ciertamente desagradable. Me dispuse, me senté y boté sobre la moto, pero no, no cala señores, prueba superada.

Ahora el camino nos debía llevar hasta la autovía a la altura de Teruel capital y después un rato hasta Formiche, donde amigos, cerveza y cena nos esperaban. Atardecía y la mezcla de luces que languidecían, nubarrones y campos abiertos nos distraía levemente de la prisa. No pasa nada, según el radar de lluvia vamos en dirección opuesta, estando en marcha lo único que hacemos es alejarnos, pero cada vez más nos poníamos debajo de unas nubes negras y los relámpagos que destellaban entre ellas no tranquilizaban mucho. Aprovechamos para echar gasolina y mientras Jesús se embutía en un traje de plástico yo iba sacando el móvil para ver de nuevo el radar.

- Dan ganas de echarte al contenedor de reciclaje, pareces un brick de leche – me reía de él mientras yo buscaba mis guantes de lluvia y el móvil
- Vamos a ver ¿cómo es posible que estemos cada vez más cerca de la lluvia si se supone que nos teníamos que alejar?

La sorpresa estalló en mi cara, había visto el radar de lluvia en el bar de Checa con el móvil en la mesa y lo había estado haciendo sin darme cuenta que...

- Jesús, tronk, no te lo vas creer, tenía el móvil al revés
- ¡No me jodas! ¿Y ahora que hacemos?
- Pues ¿qué vamos a hacer? Seguir, además, estás precioso vestido de condón y eso hay que lucirlo

Salimos sintiéndonos un barco pesquero encarando una borrasca tropical, sólo que en mitad de Teruel, la consigna era clara, rapidito hacia la autovía. Las curvas y cambios de rasante se sucedían mientras yo jugaba con las marchas, la caja de 6 cambios de la XSR700 es suave, pero no esponjosa, se engranan marchas casi sentir el tacto, para los más customeros o de gustos añejos es una sensación rara, para los más novatos, una delicia.
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Antes de incorporarnos a la autovía empezó a llover, primero eran unos goterones aislados, después se puso a llover a mares, las Pirelli, bien, muy bien, pero ir con una Naked con lluvia intensa, mal, muy mal. Y se hizo de noche y con oscuridad empezó el granizo, os juro que duele, vaya si duele, porque el tamaño de las bolas de hielo era considerable, pero sobretodo su intensidad; dolor y miedo a que se rompiera la visera del casco y señores de Yamaha, también preocupaba que se rompiera el cristal del faro, un faro de corte clásico, redondito y limpio, a la antigua usanza, mientras que el piloto trasero, de gran tamaño y redondo, contrasta su línea un tanto añeja con un generoso surtido de puntos LED. Pues bien, los faros y demás elementos de la carrocería aguantaron bien, sin marcas por los golpes, pero en cuanto vi un puente me paré debajo de él, no hay que tentar a la suerte.

Y conmigo en el arcén se paró Jesús. Y granizaba más y más.

Junto a nosotros se detuvo un coche con una familia dentro, después otros dos con matricula francesa... y seguía granizando y los coches disminuían su marcha entre el estruendo de miles de bolitas de hielo que golpeaban con saña bíblica. Cuando nos quisimos dar cuenta nos vimos acompañados de varios coches que pararon debajo del puente e hicieron de tapón en la autovía. El tráfico se detuvo, todos los conductores miraban a dos moteros que permanecían de pie junto a sus motos, pero nadie se preocupó por nosotros. Las luces de los coches rompían la oscuridad para mostrar que el mundo en Teruel estaba cubierto por una capa de bolas de granizo.

Pasó media hora y el granizo empezó a caer con menos intensidad, las gotas de lluvia tomaban protagonismo, los coches y camiones reanudaron la marcha, se formaban carriles y decidimos arrancar las motos y seguir. Bendita ligereza de la XSR700, sus escasas inercias eran anuladas por una velocidad reducida y una ruedas que respondían. Pero comenzó a granizar de nuevo, circulaba con la moto con tensión pero sin sustos, pasábamos por lo negro y por lo blanco con facilidad de control, ligera y segura, pero sin confiarme, gas en exceso y podría liarla. Pero la carretera se ponía imposible, los automovilistas sentían miedo y se detenían por completo, el ruido del granizo en sus coches les atenazaba, así que allí, parados, éramos la diana perfecta de las bolitas de hielo. Un conductor de origen asiático bajó la ventanilla de su BMW y nos ofreció entrar, desde aquí le reitero las gracias, hubiéramos puesto perdido el coche.
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Decidimos dejarnos de lloros y salir de allí, entre los coches y por las rodadas alcanzamos la primera salida, la moto patinaba, pero amiguitos una vez más se demuestra el poder de una moto ligera, te permite un mayor control. Pero cometimos un error, si hubiéramos seguido por la autovía la cota era menor y allí el granizo era lluvia, la carretera estaba empapada, pero sin bolas blancas, pero no, fieles a nuestro destino metepatas nos vimos atrapados en una carretera cortada por una gran capa de granizo y por camiones cruzados tras haber derrapado. Otra vez parados, al menos dejó de granizar, pero el paisaje era desolador, todo blanco, cubierto por una generosa capa de granizo que se mostraba cuando algún relámpago nos iluminaba. Y quietos permanecimos hasta que aparecieron los quitanieves, sí, has leído bien, quitanieves porque era imposible circular por el hielo.

Pero aquello pasó y salimos de allí, llegamos de noche, empapados y agotados, pero llegamos, y fue para estar con nuestros amigos, fue un fin de semana glorioso y ¿la XSR700? Siguió portándose, gastando poco, siendo tremendamente estable y eficaz, haciendo que me comiera todo el viento sin concesiones, con un palmo de espacio para equipaje, pero llevándome a cualquier lado y tan negra como el corazón de un grasiento.