2ª Edición de Carreras Clásicas en Zamora: El siglo de Oro de La Moto Hoy - De paseo por los Boxes

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Más tarde, dando un paseo por los boxes, improvisados en una calle adyacente con carpas y furgonetas, uno va encontrando caras nuevas, nuevas para nosotros, claro está, pero también a algunos conocidos que transmiten una sensación de caravana, una sucesión itinerante que, tal vez, represente, a escala y en la actualidad, lo que fue el Continental Circus durante aquellos años cuajados de romanticismo.

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Lo primero que nos llamó la atención fue una Bulaco 50 de Gran Premio, réplica de la que pilotó Ricardo Tormo y con la que se hizo campeón del Mundo. Una joya completamente en blanco, como cualquier máquina de Gran Premio a la espera de sus patrocinadores para la temporada que empieza. Se exhibía estática bajo su carpa, porque llevar a la pista una reliquia así exige un presupuesto al alcance de muy pocos, aparte del riesgo, asumible en exclusiva por una selecta lista de privilegiados. Más adelante encontramos lo que debió de ser un ciclomotor Derbi transformado, la Copa tal vez, y siguiendo el itinerario, como si de una exposición se tratase, otra Derbi, mitad verde mitad amarilla, en apariencia una RAN, que, efectivamente, pretende imitarla. También vemos en la lista de inscritos una Kreidler, aunque no nos topamos con ella a lo largo de la línea quebrada que formaban los boxes. Si con la moto alemana añadimos a la lista de “las tazas de café” (Sobrenombre periodístico con el que se apodaba a las motos de 50 de GP) una más, que veríamos más adelante, casi casi podríamos decir que las más pequeñas se veían como segunda categoría representada en la reunión.

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Continuamos caminando, saludamos a Antonio, junto a su imponente Norton Manx, y apenas si pudimos hacer lo mismo con Fermín, al lado de su Sanglas 400 monocilíndrica: Le vimos agachado y en cuclillas, con los platinos (Ruptor mecánico del encendido) de su benemérita en la mano. Su rostro proyectaba una expresión de apuro que nos hizo pensar al instante que lo mejor sería seguir con nuestra turné y no interrumpirle en un momento tan comprometido. Un poco más adelante encontramos una máquina con el número 7 y sobre su depósito un casco, presidido por el pato Donald, replica del de Barry Sheene. Se trataba de una Clásicas de ZamoraDSC06691Ossa blanca, con cilindro de cuatro transfers y un tubarro, bajo y artesanal, exhibiendo con orgullo una panza que me recordó al que montaba la monocasco de Santiago Herrero. Su piloto, un personaje muy popular entre los más tradicionalistas de la moto: Luigi Fazer. La foto junto a él, junto a su Ossa y junto a su número 7 era más que obligada.

La nube grisácea que cubría la ciudad desde que llegamos a primera hora se hizo cada vez más oscura, hasta tomar un tono tan negro como preocupante en algunos rodales. Finalmente, empezaron a caer las primeras gotas cuando llevábamos hechas tres cuartas partes del recorrido. Así llegamos hasta la que representó para nosotros la obra de artesanía e ingeniería, al menos, de esta reunión zamorana.

Lo cierto es que costaba descubrirla, y a punto estuvimos de pasar de largo por delante de ella porque reposaba sobre su caballete escoltada por otras compañeras de carpa bastante más grandes, guardando tan poco espacio entre sí que coexistían hacinadas al refugio de la lluvia que ya empezaba a molestar. Inmediatamente reconocí una auténtica RAN 50, como la que Carlos Morante llevó varias noches a dormir con él en su habitación, después de habérsela entregado como premio por haber ganado su primer campeonato de España. El rojo vivo de Derbi, el fondo ovalado en blanco del dorsal, las llantas de radios, el tambor del freno, el tubarro, las formas de las fibras…, sin embargo, al asomarme al motor desde arriba por el hueco que abría el carenado, descubrí un cilindro en el que algo me rechinaba. Aparte de su forma y su aspecto, descifré tres iniciales grabadas sobre el aluminio sin pulir: Una erre, una a y… ¡una ese! ¿Una ese en lugar de una ene?

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En ese momento se hizo imprescindible hablar con su piloto, su mecánico y con su constructor, que es la misma persona. Su tez morena guarda una uniformidad en su piel por la que apenas si resalta el cráneo completamente descapotado, sus patillas de hacha se extienden sobre sus mejillas, más que como una seña roquera, como un estandarte, abanderando una numantina resistencia al paso de la edad, de las modas y de las costumbres. Su nombre, Alberto, aunque es sobradamente conocido en el mundo clásico de la moto como “Tejo”. Y mientras que comienza a llover oficialmente, Tejo empieza también a contarnos la historia de su RAS.

Clásicas de ZamoraDSC06696La ese es de Suárez, de los dos hermanos Suárez –nos explica-, a la sazón, amigos de Tejo. Un buen día, el pequeño de los dos hermanos, que no la había visto una ni en los cromos (palabras textuales de Tejo) le dice que por qué no hacen una Derbi RAN 50. En un primer momento la reacción es de condescendencia para el chaval que ha dejado caer un disparate sin ser consciente de ello. Pero poco después, se consiguen unas medidas y con ellas el mayor de los Suárez elabora unos planos, empleando un sofisticadoDSC06698 programa informático de dibujo lineal. Así se engendra, como un embrión en dos dimensiones, la primera versión de la RAS. En un estado así, el proyecto adquiere tal consistencia que lleva a Tejo a implicarse por completo en él para materializarlo en acero, en aluminio y en plástico. Cinco meses después, con un montón de horas de trabajo diario, la moto echa a rodar.

La segunda versión de la RAS era la podíamos contemplar allí, en Zamora. Mucho más depurada que la primera, era tan próxima a la RAN de Nieto como un billete ilegal que lleva circulando de mano en mano un año entero. A continuación dejamos algunos detalles que muestran la pasión, el tesón y el esfuerzo -también económico- que quedan plasmados en las máquinas de éste y de otros muchos abducidos por el rancio aroma de las carreras entendidas al modo clásico:

El chasis al cromo-níquel, las tijas elaboradas artesanalmente como un calco de las de la RAN original, las llantas de doble nervio –nada que ver con las de un ciclomotor- manufacturadas de encargo, la horquilla Betor, como la original, lo mismo que las fibras de la carrocería, las palancas elaboradas artesanalmente, los frenos: el trasero idéntico al de la RAN y el delantero con la misma factura pero aumentado a 180 mm, los amortiguadores Hagon encargados a Inglaterra y realizados a medida, hasta los neumáticos son una réplica de los de Gran Premio de la época.

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Terminamos nuestro recorrido por los boxes encontrando otra Sanglas 400, esta vez con la i griega de Yamaha y su motor bicilíndrico de finales de los setenta. Se trata de la moto de Paco García, creador y presentador del programa de radio Moto Rock. Llevaba grabados en el depósito las iniciales de dos compañeros que se marcharon para siempre, con la palabra "Gas" debajo; y parecía que todo su proyecto de la 400 Y estaba dedicado a llevar, no su recuerdo, sino el espíritu de ambos rodando con su amigo…, y con todos nosotros.

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