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El miedo en las tandas

 














Pasadas del grupo de cinco o más de cabeza que me dobla sin peligro aparente; adelantamientos ajustados de mis rivales, casi tocándome, e incluso con la moto ya inclinada y que no logran otra cosa que hacerme sentir plenamente dentro de una carrera. Me rebasa un rival y tiro la moto para hacer el viraje completo pegado a su colín con una ciega seguridad. Veo la posibilidad (no son muchas, la verdad) de pasar a alguno y meto la moto sin contemplaciones, incluso aguantando los dos en paralelo parte de la curva.

Todas estas maniobras -no olvidemos que hablamos de una carrera-, cien veces más ajustadas y apuradas que las que busco en cualquier rodada, transmiten, en la inmensa mayoría de las situaciones una bomba de emoción, un subidón de adrenalina, como gusta decir ahora, y sólo en algunas ocasiones, las menos, un verdadero trance de miedo, un auténtico momento de pánico.

El Miedo es gratis en las tandas libres.

No sólo es una cuestión de diferencia de ritmos entre los participantes de una rodada.

Siempre me ha preocupado, siempre he preguntado o al menos tanteado a algunos de mis rivales, a los que me sacan 10 segundos por vuelta, cuánto les molesto al encontrarme en pista. Ellos me dicen que nada, o que muy poco, si es que me alcanzan en medio de la curva. La razón que dan es que tanto mi trazada como mis movimientos son totalmente predecibles.
Alguien que entra las primeras veces en una pista, sin haber pasado antes por la valiosa instrucción –a mi modesto modo de ver, imprescindible- que aporta un curso de conducción, puede cambiar la trayectoria de manera arbitraria e imprevisible en cualquier momento.

tom ktm latDe todos modos, pienso que esta circunstancia, la del ritmo, no es la que tiene un mayor peso sobre estas situaciones de inseguridad que se empiezan a vivir, cada vez más, en algunas rodadas. Como ya he subrayado en el prólogo del texto, creo que se trata de algo más profundo y extendido fuera del mundo de los circuitos, algo que escapa de las manos de los organizadores, a pesar de que pongan en su trabajo y su negocio, todo el empeño, toda su experiencia y toda su responsabilidad.

Bajo mi modesto punto de vista, el origen reside en la idea y en el ambiente que se está formando sobre el concepto de “Rodada o Tanda Libre” en muchos de aquellos motoristas que jamás han entrado en un circuito, o que lo han hecho en contadas ocasiones.


Una pista de carreras es un recinto diseñado para la velocidad en su estado más puro, diseñado para ir rápido de verdad. Una pista de carreras persigue como objetivo prioritario poner al límite, contra las cuerdas, tanto al piloto como a la máquina. Una pista de carreras está pensada para entrenar, para mejorar y para perfeccionar tu velocidad y la de tu moto en cada trance de la conducción. Una pista de carreras se ha construido para bajar tus tiempos, para vivir con toda su intensidad la competición oficial, para disfrutar de la velocidad en su plena extensión, sin límites ni cortapisas, sin barreras absurdas, sin remilgos. Dar gas cuanto antes y frenar lo más tarde posible.

Entiendo, por tanto, que tenemos que ser consecuentes con nuestro comportamiento cada vez que entremos en un circuito. Debemos de conocer el significado de las banderas, respetarlo cada vez que se despliegue delante de nosotros y saber, también, cuál es el protocolo que se sigue en caso de caída, nuestra o de un compañero de tanda.
Pero, sobre todo, debemos preocuparnos únicamente de ir lo rápido que esté al alcance de nuestras posibilidades durante absolutamente todo el tiempo que nos mantengamos dentro del trazado. Concentrados y mentalizados sólo en ir rápidos, cada uno en su medida, cada uno con sus limitaciones y sus virtudes, y no pendientes de cualquier otra cosa que no sea hacerlo bien para mejorar nuestra velocidad.

¡Las tandas libres se organizan en una pista de carreras para ir a toda leche y no son, como bien dice mi apreciado M.A.Castilla, un moto-almuerzo!

Las máquinas partidas y sus pilotos en el hospital por choques absurdos, bien por desconocimiento o bien por la mera insensatez.

¿Habrá que esperar, como sucede con todo a lo que se da solución en este país, a que ocurra una o varias desgracias?

Estoy seguro de que no. Estoy completamente seguro y convencido porque, sencillamente, el colectivo de La Moto lleva dando desde sus orígenes una permanente lección de compañerismo, de solidaridad y de amistad al resto de la sociedad.

Tomás Pérez.

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