¿DÓNDE QUIEREN ENTERRAR EL ESPÍRITU DE LA MOTO?

el . Publicado en revistacateg

yo en ballaugh

Al finalizar la temporada 2.011, uno tiene la sensación -tal vez un tanto paranoica- de que vivimos dentro de una corriente con rumbo incierto, de que atravesamos momentos en los que la desorientación se apodera de la multitud que sentimos La Moto de una forma más o menos apasionada; tiempos turbios que enmascaran y diluyen las referencias y los principios que forjan el espíritu del motorista… porque, a menos que algún mediático cuentista o cualquier mercachifle audiovisual venga a decirme otra cosa, La Moto es, para todo aquel que la ha elegido, una forma de vida basada en un profundo sentimiento que va más allá de un simple estado de ánimo y que tiene, por tanto, una raíz eminentemente espiritual.
Vivimos tiempos turbios, revueltos por dolorosos momentos en los que los mercaderes del morbo fatal y los marchantes del sentimentalismo comercial hacen su agosto escribiendo sobre un teclado o blandiendo una alcachofa de llamativo logotipo.
¿Dónde ha ido a parar, por tanto, aquella limpia admiración de antaño por una figura, la del piloto, que personalizaba la bandera de ese espíritu motorista? ¿Dónde ha quedado, siquiera, el simple respeto por la sublime pasión que el mismo piloto vive con La Moto?HailwoodBallaughRG500
Hoy día se ve obligado a mostrarse como un sujeto afable y razonable, que hable y se comporte al dictado de un asesor de imagen que vigile, ante todo y por encima de todo, por una impecable corrección política.
¿Dónde ha quedado aquella rivalidad manifiesta con respuestas irónicas a preguntas directas, sí, aquella respuesta, por ejemplo, del mismísimo Mike The Bike al ser preguntado por la aparición de Agostini en El Mundial? “Con esa cara de galán, ya se podía haber dedicado al cine y mi vida hubiera sido menos complicada.”
¿Qué fue de aquella risa alocada, aquellos gestos de showman, aquella juerga que llevaba permanentemente en el cuerpo el malogrado, querido y muy admirado Barry Sheene? Aquello no era una simpatía de fachada para complacer a los sponsors; aquello no respondía, en absoluto, a la imagen publicitaria diseñada con el molde de cualquier agencia comercial. El Cokney simplemente era así, y aquello respondía, sencillamente, a un espíritu entusiasta y divertido que llevaba esa pura juerga hasta la misma parrilla de salida y que recuperaba después, por supuesto, durante la vuelta de honor. ¿Dónde han quedado, sobre todo, aquellos desplantes airados o aquellas caras de póker con los que Marciano Roberts respondía a la estúpidas obviedades con las que le abordaba más de un atolondrado? Aquello le hacía más humano, más marciano por contrapunto, y más ganador, si cabe.


Ahora la figura del piloto ha sido convertida, fuera de la moto, en un producto mediático de alta calidad; pero una vez que se sube a ella, lo transforman en un mutante complementario y sin espíritu, de una integridad física valorada muy por debajo del listón que marca la del resto de las personas. Sí, así se aprecia ahora en muchos lances de las carreras:Site mike reduc
Antes se aplaudía a un piloto tras una caída, se le aplaudía como carga ánimo y sobre todo como muestra de profunda admiración por alguien que vive de una forma tan apasionada el motociclismo que llega a apostar su físico por él, y más en aquellos circuitos. Ahora es muy frecuente escuchar cómo se aplaude la caída de un piloto, pero en un momento distinto y por razones radicalmente diferentes: Ahora se aplaude la caída en el justo instante de producirse y por la simple razón de que así queda fuera de juego un rival del piloto favorito. Una forma simplista y embrutecida de ver las carreras y, por extensión, el mundo de La Moto. Una forma de mirar La Moto orientada y alentada, sin duda ninguna, por una recua de mediáticos oportunistas que hoy hablan como cualificados expertos para erigirse en jueces categóricos de debates que ellos mismos montan: Éste es un chulo, éste es muy tímido; éste es simpático, éste es un estirado; éste es modesto, éste es altivo; este piloto cae mejor, este piloto cae peor… Hoy hablan así del motociclismo, llevando todo el entramado de la competición al vacío terreno de la frivolidad; pero mañana correrán bajo el trasero de un entrenador de fútbol, como perrillos sin raza, a la espera de que se le caiga del bolsillo, al buen señor, uno de tantos titulares sabrosos que explotar.
¿Dónde está hoy, por tanto, El Espíritu de La Moto? Joe dunlop y yo reduc
Hay que escarbar desde las capas más altas para llegar a la base y encontrarlo en el motorista que día a día conduce una moto lógica, simplemente, camino de su trabajo para dejarse recorrer el cuerpo por esa apasionante sensación que nos transforma y que nos lleva a seguir un modo algo diferente de vida del que rige la existencia de todos los demás. La Moto proyecta sobre nosotros todo lo que nos rodea con una concentrada intensidad, imposible de sentir andando o en cualquier otro medio de trasladarnos. Como digo en el comienzo de cada curso teórico:
La Moto nos lanza la vida a bocajarro.
Eso es lo que sentimos todos los motoristas sin distinción, eso es lo que nos une en esta familia envidiada por el resto de la sociedad.
Ésos mismos que, al final de la temporada 2.011, colocaron en portada y en primera y en segunda página el accidente de Simoncelli al lunes (día de la prensa del fútbol por excelencia) siguiente del amargo suceso, los mismos que arrinconaron el histórico logro de Carlos Checa -primer español campeón del Mundo en la historia de las Superbikes- dicen que los que piensan como el que subscribe tienen una visión arcaica del motociclismo.
Evidentemente tienen toda la razón.
Es verdad: es lógico que piensen así; pero sólo si se mira a través de su estrecha visión, ésa a la que les ciñe su obsesionado interés por la inmediatez. Sin embargo, si, de otra forma, contemplaran el particular universo de La Moto con un criterio reflexivo y desde una perspectiva global, se darían cuenta de que, como todo a lo largo de la historia de La Humanidad, transita en el tiempo cumpliendo ciclos sucesivos que prácticamente se van repitiendo. Pero es que ellos, ni tienen tiempo ni interés por pararse a contemplar de esa forma El Mundo de La Moto…
¿Para qué? Si mañana estarán corriendo tras el culo de Mouriño.

steve islop y yo reducida

Ellos no sienten cómo la moto proyecta la vida sobre nosotros con esa apasionante intensidad. Ellos no pueden darse cuenta, por tanto, de que aunque revienten este filón, tan mediático y productivo, que ahora explotan con desmesurada codicia, no acabarán con él, porque, como al final de El Muro de Pink Floyd, siempre quedará una legión de niños que, con sus carretillas de plástico y sus camiones de juguete, recogerán cada piedra de ese muro para volver poco a poco a levantarlo. Cada motorista de base está representado en uno de esos niños llevados al cine por Alan Parker, y cada motorista de base, día a día, sintiendo cómo todo lo que les transmite La Moto les atraviesa el espíritu en su cotidiano anonimato, recompondrá la maltrecha esencia de una romántica pasión que toda esa banda de correveidiles se afana en corroer.
El espíritu de La Moto prevalecerá sobre todos ellos, desde luego. Prevalecerá sobre todos y todo lo demás.
No se trata de una vana esperanza:
Es que no tengo ninguna duda.

Tomás Pérez

Artículos relacionados