Benjamín Grau: El Hombre de Montjuich - ¿Velocidad o Resistencia?

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S7.- Y ¿dónde te encontrabas más a gusto: en la velocidad pura o en la resistencia?
Min Grau.- Es que en Montjuich, los cinco primeros, o los cinco que podían ganar, hacían una carrera de velocidad. Salías a tope y hacías así toda la carrera menos las últimas dos horas, en las que tenías el puesto ganado o perdido. Pero faltando unas horas, a lo mejor, el director del equipo te decía: “Mira, el segundo te está cogiendo un segundo por vuelta y le llevamos una. Quedan tantas horas; así que: tú mismo.”

S7.- Era algo así como una carrera de velocidad prolongada en un día entero, ¿no es así?
Min Grau.- Sí, eso mismo; y además toda la mecánica, los cambios de ruedas, de frenos, se hacían así: a toda velocidad.

Me surge entonces una afirmación, un comentario dentro de la charla que estamos manteniendo, en lugar de una verdadera entrevista.

S7.- Sí, sigue siendo así, en las 24 Horas de Le Mans se hace de esa misma forma.
Entonces su tono se torna admirativo.
Min Grau.- ¡Ah, Le Mans! Es que Le Mans es otra cosa. Es una carrera auténticamente profesional que no tiene nada que ver con la de Montmeló. Aquí profesionales, profesionales, pueden correr cinco, el resto de los equipos son grupos de amigos en los que cada uno pone una cosa: Uno que tiene una erre, el otro pone la gasolina, otro los neumáticos…

S7.- Oye, Min, y en El Mundial, ¿ganaste algún Gran Premio?
Min Grau.- Sí, uno. En el año 74, aquí, en Montjuich.

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S7.- Y siguiendo con El Mundial, tú sabes que se te hacía un cierto reproche: se decía que en España lo ganabas todo, ganabas al mismísimo Nieto, pero que luego no salías fuera, al Campeonato del Mundo. ¿Qué pasaba entonces?
Min Grau.- Pues que no hacía carreras allí –se lamenta-. Me cogió ya muy mayor y sólo salí alguna vez a Holanda y Checoeslovaquia, circuitos que otros pilotos ya conocían muy bien.

S7.- Tal vez el problema estaba en memorizar los circuitos de entonces que eran muy largos. Recordemos, por ejemplo, que Holanda tenía 6.700 metros, por no hablar de los 22 km del antiguo Nurburgring.
Min Grau.- No, no, memorizarlo no era ninguna pega. Había que conocerlos algo, desde luego, pero con una buena moto no había problema para correr en ellos.

S7.- Entonces, tal vez podrías haber perseverado más, haberlo intentado más veces. Sin embargo, no lo hiciste.
Hace chascar la lengua sin terminar de decir algo que parece retener. Finalmente arranca.
Min Grau.- Porque había allí, en Derbi, un señor que me vetó mucho. No era ninguno de los dueños, era un mecánico. Me vetó mucho –repite-, y es porque –se retine y también se lamenta de nuevo-… En fin, ya está muerto. Pobre.

S7.- Hablemos de la Derbi dos y medio. Fue una moto que con el paso del tiempo se convirtió en algo así como una eterna promesa, una moto que nos tuvo pendiente a la afición durante años y que parece que nunca terminó de romper.
Min Grau.- Era una moto que corrió mucho desde el principio, pero a la que no terminaron nunca de rematar en su conjunto. La verdad es que ellos no querían hacer El Mundial de dos y medio. Nieto salió con ella alguna vez, yo salí con ella otra y acabé segundo o tercero…, no me acuerdo. Iba primero, ¡fíjate, en un Campeonato del Mundo!, y el cambio se rompió: hice las tres últimas vueltas sólo con las tres primeras marchas.

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