Un par de días con la Victory Vision Tour.

Escrito por José Mª Hidalgo el . Publicado en Presentacionesytomasdecontacto

Cuando me enteré que mis compañeros ‘grasientos’ iban a probar la HD Ultra Glide y la Victory Vision Tour , les supliqué que hicieran un hueco y me dejaran la Victory, aunque solo fuera un rato. No es que la HD no me interesara, pero ya he probado un par de Electra Glides y me parecía abusar. Además moto más grande del mundo solo hay una y la curiosidad me podía. (leer más...).

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No me la dejaron un rato, me la dejaron dos días completos. Estos customers tienen fama de rudos, pero son de corazón tierno.

Mi pretensión no era juzgarla en su terreno, mis compañeros están más cualificados que yo para hacerlo, pero siempre que tengo en mis manos una moto extrema me gusta experimentar su comportamiento en otros ambientes. Suelo preguntarme qué pasará si la uso como la mía, es decir, para todo.

Manos a la obra.

Como el primer día era laborable me fuí a la oficina con ella. Eso significa: 12 kilómetros de carretera nutrida, 2 de carretera atascada, Madrid de punta a punta y 4 kilómetros más de carretera semi-atascada. Este es su terreno más angustioso, es muy ancha, por lo que tienes que pasar con mucho cuidado entre los coches, cuando cabes claro, muy larga, por lo que de caracolear entre ellos ni hablamos y pesada++ por lo que cuidado como pones el pié al pararte. ¿Una pesadilla? pues no, la pesadilla es hacer esto en coche. La Victory, siendo probablemente la peor elección de dos ruedas para circular por ciudad, te puede ahorrar media hora o más en este trayecto.

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Algunos comentarios que se me ocurrieron el primer día: Los metros iniciales producen ansiedad, es tan enorme que crees que no vas a poder dominarla, la postura me resultó rara ya que hacía tiempo que no llevaba una gran custom, pero tampoco fué para tanto. Tras unas cuantas esquinas ya iba cómodo con ella y, como se llega muy bien al suelo (espatarrado, pero bien) , solo hay que estar un poco atento para que no se incline mucho al parar en los semáforos.

Cuando la recogí, la primera impresión sobre el embrague fue horrible, tuve que sacarla desde el tercer sótano de un garaje por una subida muy estrecha y retorcida. Con el estrés aceleraba más de lo necesario y el tremendo par del motor lo hacía patinar. Pero las primeras impresiones son solo eso, las que quedan son las últimas y las últimas son que embrague y cambio funcionan como es de esperar en una moto de su orientación. Me gustó la posición del manillar, aunque gires mucho no te clavas un puño en los riñones ni tienes que luxarte el hombro contrario para girarlo del todo. 

No me gustó el calor que genera, en carretera no hay pega, pero en atascos veraniegos te cuece y, a poco que te descuides, te puedes quemar el gemelo con el codo del escape.

La impresión que causaba en los transeúntes solo la recuerdo de cuando tuve una de las primeras BMW K100 (no digo el año) y me quedo muy corto (luego he llevado la Yamaha V-Max y ha pasado algo parecido). Tras el trayecto al trabajo, llegué pronto a la puerta del edificio, pero tarde a la oficina. Me tuve que dedicar a satisfacer la curiosidad de porteros y vecinos, ¿qué marca es? ¿es un barco? ¿son dos? ¿cuánto te ha costado? ¡cabrón forrado! (esto último con la mirada). Últimamente tengo muy mala fama en el barrio.

El segundo día, sábado, madrugo y hago lo que suelo hacer con una moto el fín de semana: Buscar una carretera de curvas, cuanto más retorcidas mejor, y recorrerla. Elijo la que va de El Molar a Torrelaguna y la subida y bajada, por el lado contrario, a la Presa de El Atazar. La primera es estrecha, muy, pero muy, retorcida y con firme solo regular. La segunda con muchas curvas pero mejor firme y rayas pintadas.

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Primero 50 kilómetros de autovía para llegar. Ahí la moto es una delicia, el motor se decide por la velocidad legal y la moto te lleva con una dulzura casi mórbida, incluso en curvas rápidas (dentro de un orden) vas como sobre una alfombra. En curvas amplias se mete muy bién empujando el manillar (desplazar el cuerpo es ridículo) . Una vez iniciada la trayectoria puedes quitar toda la presión sobre el manillar, la moto la sigue sin hacer nada raro. La sexta es una ‘overdrive’ pensada para pausar el motor y ahorrar consumo, pero arrastra perfectamente la moto, incluso en cuestas pronunciadas.

En la carretera de El Molar, a trazar bién abierto, llegar a la curva con la moto ya frenada (excelente freno trasero, no tanto el delantero), presión sobre el manillar interior, acelerador y a por la siguiente. Nada impide divertirte y no hay que hacer maniobra en ninguna curva. La zona buena para conseguir aceleración está entre 3.000 y 4.500 rpm., sigue acelerando hasta las 5.000 pero con menos energía y muestra su descontento con vibraciones notables. El indicador de marcha engranada parece funcionar comparando revoluciones y velocidad porque no cambia hasta que sueltas en embrague y pasan un par de segundos, desentona de la gran calidad general del conjunto.

En la zona de El Atazar, más de lo mismo. Hay que ir más despacio que con motos más ligeras, pero el juego es el mismo: hacerlo bien con lo que tienes. Me paré en el mirador sobre el pantano (no está lleno, pero está precioso) para que unos motoristas me hicieran una foto, me la hicieron y luego me tuvieron media hora entre los que había y los que llegaban con decenas de preguntas. La moto llama la atención como ninguna, ni la Panigale se acerca.

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A la vuelta vi movimiento en el circuito de El Jarama y entré a ver. Aparqué la moto junto al último Box, donde se suele poner la organización, para cotillear y vinieron a verla hasta desde el box contrario ¡en un evento de quemados RReros!. Otros 30 minutos de interrogatorio ¿cuánto te ha costado? ¡cabrón forrado! entre otras.

Lo que me ha quedado claro es que no me la compraría, al menos por ahora, prefiero motos más ligeras, pero también tengo claro que no es un barco ni dos (aunque algún medio la tache de ‘Buque insignia de las motos de Minesota’). Es una moto y se puede usar como tal al ritmo adecuado. Trazando bien y sin hacer locuras no hay motivo para no divertirte en zonas de curvas y es ideal para ir por carreteras amplias a velocidad legal. A 120, con la cúpula en la posición más baja, el aire lame suavemente la parte superior de los hombros y casco. El resto (manos, brazos, piernas) están totalmente protegidos.

Entiendo que haya a quien le pueda gustar, no me habría importado hacer un largo viaje de vacaciones con ella (aunque la capacidad de las maletas decepciona).

Diréis que para qué nos cuenta este tío todo esto. Tenéis razón ya lo dejo.

 

José Mª Hidalgo