Ducati Diavel 2015: La Aceleración ahora Refinada

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Asistimos a la presentación nacional de la nueva Ducati Diavel. En este reportaje Ducati os describe las novedades y mejoras de esta versión, pero sobre todo y además, Super7moto.com te traslada sus impresiones después de haber tomado contacto con la nueva diablesa a lo largo de más de doscientos kilómetros.(Sigue Leyendo)

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 Como ya es nuestra norma, te describimos a continuación las impresiones de Super7 a través de nuestro probador para esta ocasión y a continuación publicamos la nota de prensa que nos ha pasado la marca de Bolonia para describir esta nueva versión de una moto que nunca pasará inadvertida, tanto en marcha, como aparcada en la acera más ilustre.

   IMPRESIONES DE SUPER 7

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Probador: Tomás Pérez

Ficha Técnica: Edad: 55  Peso: 105 kg   Altura: 1,91m

Nivel: Subcampeón Categoría Twin Campeonato Mac90 2012

Cuando escuché por primera vez que Ducati había hecho una moto dragster, un modelo para incluirlo en el incipiente segmento de las Macho Bike, pensé, simplemente, que los boloñeses se habían metido en un intrincado jardín del que no tenía ni idea de cómo saldrían, o ni siquiera si saldrían. Cuando vi las primeras fotos de la Diavel, hará ahora dos años, quedé impactado, como todo mortal, por el espectáculo en sí que forman la musculatura de sus líneas y la estampa imponente que planta dentro de cualquier escenario que se la aparque, aunque sea en la mismísima elección de Mister Olimpia. Y cuando tuve la oportunidad de subirme y de probar por primera vez una Ducati Diavel, quedé verdaderamente asombrado, porque nunca imaginé que un bicilíndrico podría acelerar tanto y tanto, y además prolongarse en una estirada que se antoja imposible para sus dos únicos pistones. Sin embargo, lo más sorprendente llegó en el circuito de Cartagena, cuando un equipo especial de Super7 trasladamos hasta allí varias unidades de prensa, varios tipos de motos de distintas marcas con el objeto de sacar el máximo partido a una jornada completa en la que disponíamos para nosotros solos de la pista cartagenera.

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Y allí, en un día en el que mis compañeros y yo nos habíamos dado un buen hartón de moto en circuito, decidimos ponerle un colofón muy especial. Para ello situamos al principio de la recta, justo a la salida de ese codo cerrado que se empeña en sacarte contra el muro del pit line, a la Ducati Diavel, y a su lado, en paralelo y lista para enfrentarla cara a cara con ella, no adivinará el lector a qué especie de bestia colocamos. Sí, efectivamente, me consta que el lector de Super7 es de lo más perspicaz, en cuanto a lo que a la moto se refiere, y que lo ha adivinado. Así es: la enfrentamos a la reina de las “rompecuellos”, a la mismísima Yamaha V-Max.
Pero, a pesar de que la aceleración que había sentido sobre la Diavel era de lo más sorprendente, el enfrentamiento, en un principio, me resultaba desigual. La italiana se veía, al menos para un servidor y sobre el papel, en una desventaja manifiesta, con sus dos cilindros y 1200 cc frente a la ciclópea brutalidad del V-4 y 1700 que lanza a la V-Max directamente fuera del planeta de una sola patada.

Sin embargo, el resultado… ¿El resultado? Bueno, pues mejor una imagen, o un grupo de imágenes, como las de ESTE VÍDEO , que mil palabras.

Ahora, en la primavera de 2014, al volver a subirme a esta diablesa italiana en su nueva versión, adoptando el Testastretta de doble bujía, he sentido nada más arrancar, a bajas revoluciones, las bondades en forma de suavidad que no esperaba, por haber olvidado en ese momento -¡burro de mí!- las explicaciones del responsable de Ducati a este respecto. Una suavidad a bajo régimen que resalta como una mejora apreciable nada más arrancar con esta Diavel 2015.

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Un Aplomo Diabólico

Sobre el aplomo de la Diavel había leído que el neumático bicompuesto desarrollado por Pirelli en colaboración con Ducati, incorpora la tecnología ETP; una fórmula por la que los compuestos rinden al más alto nivel, especialmente en mojado. ¡Y vaya si tuve ocasión de comprobarlo!

Bien, pero eso es lo que había leído antes de acudir a la cita de Ducati. Lo había leído, sí, pero lo volví a olvidar, claro está, cuando llegó la hora de subirme a la Diavel y disponerme a hacer la ruta por la Sierra de Madrid con el grupo de compañeros que me tocó. Sí, así fue, y la meteorología resultó en ese día tan caprichosa como corresponde a esta época, con unos nubarrones, que daban miedo, amenazando continuamente, colgando de los picos más altos; pero la verdad es que no hacía ni caso al cielo e incluso llegué a ignorar los picoteos de una lluvia fugaz sobre el casco en algunos tramos que no duraban mucho más de cuatro curvas seguidas. ¡Estaba disfrutando tanto con la Diavel! Tumbada, como para acostarse en cada curva sobre el apoyo del 240 trasero, para luego abrir el gas sin contemplaciones, al resguardo de los 162 CV, protegido por la Mano de Dios del DTC para salir catapultado hacia la siguiente curva, y vuelta a empezar: Tumbada y acelerador. Tumbada y acelerador. Tan sólo penalizaba la lógica altura de las estriberas, que, sin más remedio, recortaba la distancia libre al suelo, pero era una pega que se planteó como tal sólo al principio y que al cabo de unos cuantos kilómetros se convirtió en un ingrediente para hacer todavía más exultante la diversión, porque al rozar relativamente pronto con ella, me obligaba a mí mismo a desplazar el tronco fuera de la moto, a apuntar con el codo al suelo y a estirar la cabeza hacia el interior de cada viraje.

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Así, divertiéndome como un niño, pasé dos tercios de la ruta, más o menos, hasta que alcanzamos una vertiginosa bajada serpenteada por unas eses enlazadas, donde el grupo, tal y como pedía el cuerpo, se lanzó a tumba abierta para negociarlas. Una, dos, tres y, al llegar a la cuarta variante, una larga y rápida de derechas, con mucho apoyo, con toda la fuerza lanzada del vaivén anterior, me tiré, igual que mis compañeros, a por el ápice con el cuerpo fuera y con la estribera rozando el asfalto. Pero en ese momento se me erizó el vello durante un instante en el que se me encendieron todas las alarmas. Así es: vi cómo se nos echaban… No cómo se nos echaban, sino más bien cómo ya teníamos encima dos placas de humedad del tamaño de un área de baloncesto.

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No había posibilidad de esquivarlas. Ya no queda más remedio que pasar por encima. Pisé la estribera exterior con toda mi fuerza, afiancé como una garra la rodilla del mismo lado contra el depósito, tiré del manillar hacia arriba, como para levantar la moto y…, ¡ah! Por supuesto, apreté los dientes haciéndolos rechinar. Cualquier neumático en mojado tendrá más o menos grip, pero todo el mundo sabe que el cambio de seco a mojado, que el brusco contraste de muy caliente a frío, sienta a la goma fatal. Como un tiro.
Bien. Vi pasar a mis compañeros por encima de las manchas húmedas justo delante de mí, porque íbamos formando prácticamente un tren, y ninguna de las Diavel pareció reaccionar: mantuvieron la trayectoria sin un solo extraño; algo que supuso un fugaz alivio, justo una décima antes de que me tocara a mí pasar por encima de la humedad. Mi Diavel, a pesar del peso extra que cargaba (105 kg), se comportó exactamente igual: Sin inmutarse. Como si pisara seco.
Más que impresionante, monolítico el aplomo de la Diavel.