ROAD GLIDE CVO SCREAMIN' EAGLE. La Femme Fatal. - La opinión de un quemado

Escrito por Jesus Sanz el . Publicado en El Rincón grasiento Categ

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Tomas Road Glide SE

Probador 2

Tomás Peréz

Ficha Técnica: Edad 54 años, Altura 1,92, Peso 107 Kilos

Nivel: Subcampeón 2.012 en la categoría Twin del Campeonato de resistencia Mac-90. Piloto de regionales de enduro y del Nacional de Raids en los 90. 

 
 

Me recuesto contra la barra de mi bar favorito, La Esfera, estiro la espalda con ese sopor cansino que contagia un día plomizo como el que me llega desde el fondo, a través de la cristalera. Su lluvia fina distorsiona las siluetas a lo lejos y abrillanta las aceras más cercanas, una lluvia otoñal que arrastra los ánimos más apagados como la simplona tristeza de un lunes laborable. Pero lo que llama mi atención, más allá del vidrio y en primer plano, es otra cosa bien distinta. Sí, mi mirada se centra en las exclusivas formas que componen el objeto de lo que debe ser mi frío análisis.

El neumático no agarra una mierda –ya hablo igual que ellos-: casi se escapa al pisar en mojado uno de esos chicles de alquitrán que dejan caer, de cuando en cuando, las mezcladoras de asfalto para grabar sobre la calzada un infame tatuaje de silueta abstracta. Una suspensión suave –aún no me he puesto a hacerle un reglaje-, confortable, pero blanda e inútil como el muelle de un bolígrafo montado en un saltador Gorila. Un día gris y deprimente hasta el suicidio, que ha dejado el piso como una pista enjabonada… ¡Vamos! Ideal para estrenarme con una de las Harleys más ruteras y exclusivas, también más caras del mercado.

RoadGlide-Drcha

Mientras flotan por el bar las notas del último disco de John Mayal, contemplo esta nueva creación de la serie CVO Screamin' Eagle y me pregunto por qué coño –ya vuelvo a hablar como ellos- me toca a mí hacer de frío analista sobre el comportamiento dinámico de la silueta recortada sobre el nácar y el cromo que tengo delante; un conjunto escultórico montado sobre dos ruedas de siete palos brillantes, forjados en un aro negro sin brillo, negro como el lado de la moto que, por más esfuerzos que hago, tanto trabajo me cuesta entender.

¿Por qué tengo que hablar de que sí, de que, a pesar de sus trayectorias nobles y obedientes, esta Road Glide se muestra cabezona, reticente, a la hora de meterla en una curva lenta y de que sólo con una decidida presión sobre la plataforma interior, acompañada de un resuelto tirón de los hombros, conseguiremos tirarnos al viraje con la eficacia precisa para trazarlo con una digna soltura? ¿Por qué tengo que hablar de estos dichosos asuntos terrenales que siempre me endosan cada vez que una custom, más aun una Harley de casta suprema, pasa por nuestras páginas? ¿Acaso piensan que no me asaltan unos deseos arrebatadores de dejar volar mi fantasía, mi lado más espiritual de motorista, para hablar del cúmulo de impresiones que me asaltan al contemplarla, del manojo de sensaciones que me atraviesan el cuerpo al dejar mi imaginación cabalgando sobre semejante pieza de galería? ¿Es que creen que no tengo nada que decir sobre esta Road Glide Screamin' Eagle sólo porque soy un recalcitrante quemado?

RoadGlideTres Cuartos

Bien. Sea:

Hablemos del comportamiento dinámico de este modelo anodino. ¡Total: uno más!...

Veamos: Creo que he comentado que los Dunlop D 407 F delante y D 408 detrás ofrecen un precario agarre sobre el suelo infame en el que me ha tocado hacer la primera toma de contacto. Es curioso que este rendimiento me resulte tan decepcionante al recordar la prueba de la Fat Boy, con los mismos neumáticos y bajo una intensa lluvia, con el asfalto verdaderamente encharcado. En aquella ocasión los mismos Dunlop ofrecieron un agarre de tal rendimiento en la frenada que dejaban la moto, prácticamente, parada en seco hasta la intervención del ABS, muy tarde, por cierto.

El Motor

110 pulgadas y chocante. No tiene nada que ver con todos los cuatro válvulas de Harley que he probado (Sportster aparte, 96 TC y 103 pulgadas). Sube de vueltas sin la más mínima pereza y cuando llega a las 3.500 y crees que se va acabar, como la mayoría de sus hermanos más pequeños, sientes una fuerte patada en el trasero, más con esa postura custom, que te empuja con sorprendente facilidad hasta más allá de las 5.000 y a velocidades inconfesables, para una Harley, y para otras muchas motos.

Por otra parte, se siente muy rítmico, quiero decir que acompasa muy bien con los cambios de dirección, convirtiendo a la Road Glide en una pluma, por increíble que parezca.

Un reproche que sí debemos hacerle es el vacío que muestra desde el ralentí hasta las 1.500 rpm, aproximadamente, en el que, con tanta masa en movimiento, es delicado abordar una esquina, estrecha y callejera, en segunda marcha, por ejemplo. De hecho me llevé un buen susto al tirarme, literalmente, para hacer un giro de ese tipo confiando en el infinito par del 110. Casi me doy de bruces con el asfalto.

RoadGlidefiltrodetalle

Vibraciones

Al ralentí, por supuesto que el motor trepida, si no fuera así, más de un entusiasta de la marca se sentiría decepcionado. Ahora bien, una vez que abres el acelerador no hay vibraciones hasta nada menos que las 4.500, entonces vuelve a trepidar. Entre el ralentí y esas 4.500, el motor se siente, sólo se siente.

 Parte Ciclo

Tomé esta Road Glide teniendo muy presente el anclaje elástico del basculante y sus flexibles efectos sobre todo en el paso por las curvas más rápidas., que ya probé, comprobé y sujeté con el trabajo de Suer7 sobre la Ultra Classic. Mis compañeros del 7 Grasiento me cedieron la moto tal y como se la entregaron en el concesionario de Harley de Madrid, Makinostra. La sentí blanda de inmediato, muy blanda incluso con el suelo jabonoso de la primera toma de contacto. Indagué en la forma de hacer posibles reglajes en el tren trasero y saqué  de su sitio, muy fácilmente, la maleta izquierda para acceder al pomo que regula la precarga de los amortiguadores. Estaba en el punto mínimo. Todo coincide, pensé, y enrosqué el pomo, prácticamente, hasta el tope. Un tarado muy deportivo, desde luego, que sentí en el trasero inmediatamente, nada más pasar por la primera banda sonora. Sin embargo, sus efectos sobre la estabilidad de esta Road Glide se dejaron notar, prácticamente, en la primera rotonda despejada que pude abordar. Más tarde pude comprobar que el apoyo en curvas rápidas es, sencillamente, sobresaliente, digno de una GT convencional. 

RoadGlideRueda


La Frenada.

En primer término de este apartado, lógicamente, aparece el conjunto de frenada. Bomba, pinzas y discos confieren una frenada de efectiva contundencia en caso de apuro, y de gradual suavidad en el uso ordinario. Sin embargo, como en otros apartados del comportamiento de la moto, la frenada es un conjunto en el que también tienen su protagonismo tanto la suspensión delantera como los neumáticos. Hablamos de ello en el punto dedicado a la horquilla.

 Suspensión delantera

Con la clásica prueba, rudimentaria, si se quiere, de sacudir la dirección en recta y a 120, la Road Glide reacciona de una forma blanda, provocando una sacudida parasitaria con ese tacto de goma suyo tan particular que recuerda, con todo el respeto, a la sensación que transmite una suspensión de bici sobre elastómetros.

Aparte de esto, en las frenadas un tanto exigentes, sobre un piso rizado, entra en acción el ABS de una forma un tanto prematura e intrusiva, no por culpa del software que gobierna ese sistema, con un excelente comportamiento de su última versión, que he comprobado conduciendo otros modelos. El ABS es el responsable de ese microrrebote que acusa la horquilla y al que ayuda muy poco el agarre del Dunlop D 407 F, tan criticado por la generalidad del colectivo harlysta.

RoadGlideFrente

“Curveando”

El verbo “curvear” no existe aún en nuestro diccionario. Sí existe “curvar”, pero eso es algo, como bien sabe el lector, muy distinto de lo que tratamos aquí. Bien, “curveando”, o haciendo curvas, lo cierto es que esta Road Glide Screamin' Eagle CVO se reveló como una moto divertidísima; muy bien conjuntada, en líneas generales, sobre todo con el par de su motor que la levanta como si fuera una pluma al encarar la salida de cada curva.

Por otro lado, creo que merece una mención aparte el grado de inclinación que puede alcanzar esta moto.

Para esta particular prueba, tracé una ruta variada por los puertos de la Sierra de Guadarrama y, la verdad, es que sintiendo el comportamiento de esta nave, tan natural, en un medio que, a priori, no parecía favorecerle, empecé a animarme. Empecé a dejar correr la moto en la entrada de los virajes, a tirarla rápida, pisando la plataforma interior cuando veía el ápice (vértice, o punto más cerrado). Y en cuanto pasaba por él, a veces antes, abría gas a fondo.

¿Qué pasó? Pues que durante una serie de eses enlazadas me sentí conduciendo una auténtica GT, por no decir una naked grande, en lugar de una custom, y fue entonces cuando rocé por los dos lados, pero, ojo, llevando todo el cuerpo (no el trasero, sólo la cabeza y el tronco) fuera de la moto.

Un momento después reprogramé mi cerebro y apliqué el tipo de pilotaje adecuado a una máquina como ésta, con la que se puede ir rápido, mucho más rápido por una carretera de curvas de lo que su apariencia nos pueda sugerir. De esa forma, la parte baja de Navacerrada, de vuelta a casa, con curvas redondas rapidísimas, resultó ser un auténtico disfrute con esta moto.

Aunque parezca de otra manera, el ángulo de inclinación de la RG es algo mayor que el de la Ultra. Así lo recuerdo después de probar hace meses la Harley más grande. Tal vez sea porque el peso de la Ultra, más el de un probador como el que escribe, hunde el tren delantero. En cualquier caso, la Road Glide se siente una moto mucho más ligera de tren delantero, hasta el punto en el que hay momentos en los que parece flotar abriendo todo el gas.

RoadGlideCuadro2 

Conclusión

Hasta aquí los comentarios del probador de motos, ni siquiera un retazo del apasionado motorista que todos llevamos dentro. He conducido la mayoría del tiempo con una mentalidad analítica, absolutamente fría, y en el paso por La Montaña con una actitud de pilotaje, como si estuviera probando las reacciones de esta Road Glide en el circuito, para cuando parase en los boxes contárselo a los técnicos, que, en este caso, son los lectores de Super7.

No quiero ni pensar lo que debe de ser conducir esta Road Glide Screamin' Eagle con un espíritu meramente lírico, dejándose traspasar por la rancia esencia, la esencia de moto clásica y auténtica que desprende esta obra rodante de las artes plásticas.

Visto desde ese punto, pienso que el sentido y la razón de ser, o, más que eso, esa esencia mencionada de este modelo tan exclusivo es ni más ni menos que la pasión por el espíritu Harley llevado a su máxima expresión. La Road Glide Screamin' Eagle, como reza el tópico tan manoseado, es un objeto de culto, sí, pero mucho más allá de ello, es una obra escultórica sobre ruedas. Se pueden criticar severamente distintos aspectos del comportamiento dinámico que ofrece este modelo, se pueden reprochar algunos detalles que no son dignos ni de su precio, ni incluso, del emblema de la marca; sí, como en, prácticamente, todas las Harleys; sin embargo, antes de lanzar improperios contra todos estos matices, traté de hacer una reflexión, buscando una forma de explicar al lector cómo pienso que debe contemplarse esta belleza. Llegando a la cima de Navacerrada, con las manos casi heladas por ser poco previsor, entendí qué es lo que prima en esta Road Glide por encima de cualquier otra cosa:

RoadGlideDiagDelArbo

La Belleza.

Está claro que unos puños labrados por tiras de metal cromado, grabadas a su vez con siglas de orfebrería que suenan mágicas, no pueden sustituirse por dos vulgares tubos de goma con una resistencia interna que nos caliente de forma plebeya las manos.

Los sustantivos “rendimiento”, “eficacia” o “prestación” y los verbos “compensar”, “escatimar” o “sopesar” no sirven a la hora de imaginarnos, de pensar incluso, en esta Road Glide como nuestra próxima moto. Sí valen “cromatismo”, “plasticidad” o “esplendor” y, por la parte de los verbos, “tasar”, “contemplar” o “extasiarse”.

Tomás Pérez


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