Posiblemente la frenada más famosa del Mundial: Hockenheim 1991

Escrito por Vicentino el . Publicado en MOTOGP

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MotoGP (Legends)- En la temporada de 1991, el duelo entre los estadounidenses Wayne Rainey y Kevin Schwantz estaba en su punto álgido. Uno cerebral e introvertido, el otro atrevido y escandaloso. Llegaron a Hockenheim, donde se asistió a una de las maniobras más recordadas del Mundial.

Para muchos aficionados a las carreras la auténtica Edad de Oro del motociclismo, en cuanto a carisma y agresividad, la constituyó el primer lustro de los años noventa. El origen de esa opinión está en la presencia de Wayne Rainey y Kevin Schwantz, dos grandísimos pilotos que brindaron a la historia algunos de los duelos más electrizantes jamás vistos, sobre inmanejables motos de cuatro cilindros, dos tiempos y 500 cc.

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El tejano Schwantz era el temperamento, el espectáculo, el "más dificil todavía" y las frenadas imposibles. De su dominio es una de las frases más repetidas en el mundo del bravo piloto estadounidense "Sé que ha llegado el momento de frenar cuando comienzo a ver a Dios...". Schwantz pilotaba así, a la desesperada, en gran medida porque era la única manera posible de compenzar las evidentes carencias de la Suzuki RGV 500, una máquina que siempre estuvo un paso por detrás de Honda y Yamaha, y a la que sólo él logró hacer competitiva.

El californiano Rainey era todo lo contrario: la sobriedad, la elegancia, el no hacer nunca nada encima de la moto que no fuera estrictamente imprescindible. En la pista jamás hacía concesiones a la galería, nunca se permitía frivolidades. Su Yamaha YZR500 era la moto de puesta a punto demasiada complicada para permitírselo. Aunque tampoco nunca nadie oyó quejarse en público de ello.

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Sus enormes diferencias de carácter y de estilo hicieron que Wayne y Kevin no fueran muy amigos. Se conocían perfectamente, pues se habían enfrentado en numerosas ocasiones y en diferentes categorías en Estados Unidos. El caso es que en la temporada 1991 el duelo estaba al rojo vivo. El piloto de Yamaha parecía lanzado a revalidar el título logrado la temporada anterior, pero Schwantz, en su mejor forma, no estaba dispuesto a ponérselo fácil.

La igualdad era máxima. Schwantz ganó en Suzuka (Japón) la primera carrera de la temporada. Rainey le devolvió la jugada en Eastern Creek (Australia), donde su rival sólo pudo ser quinto. Schwantz volvió al podio en Laguna Seca (Estados Unidos) al acabar tercero, aunque de nuevo se impuso Rainey. En Jerez, Schwantz rompió el cambio en la vuelta 18 y Rainey fué tercero. El tejano quedó séptimo en Italia, mientras que esta vez fue Rainey quien debió retirarse.

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Y se llegó al rapidisimo circuito de Hockenheim, en el corazón de Alemania. Uno y otro sabían que lo que ocurriese allí podía decantar la balanza casi definitivamente. Ninguno quería ceder un metro. La carrera era trepidante, sólo ellos dos eran los protagonistas y culminó con un desenlace incierto. Nunca se ha visto una última vuelta igual. Cada curva parecía la última; en cada frenada los carenados de Rainey y Schwantz se tocaban, amenazando con llevarles al suelo.

Rainey había arañado apenas unos metros que podían ser decisivos, pero Schwantz se negaba a arrojar la toalla. Sólo había un sitio donde el tejano podía intentar recuperar esos metros de ventaja y era la curva de entrada al rapidísimo Autodrom. Aunque nadie en su sano juicio intentaría frenar a Rainey allí y a esa velocidad. Nadie excepto Schwantz.



Esa frenada convirtió el Mundial de Motociclismo en un fenómeno de masas. Las imágenes de Schwantz frenando en un sitio imposible con su moto cruzada y traspasando victorioso la meta con sólo 16 milésimas de ventaja dieron la vuelta al mundo y entraron directamente a formar parte de la historia del deporte. El título sería ese año, finalmente, para el piloto de California, pero Schwantz inscribía su nombre junto a los más grandes, sobre todo, gracias a una frenada que dejó mudo incluso a los más grandes pilotos de la historia de 500 cc.

La historia ha sido cruel y en 1993 Schwantz se convirtió en campeón del Mundo de 500 cc. en parte por la desgraciada caída de Wayne Rainey en Misano que le postró en una silla de ruedas el resto de su vida. Desde aquel día, y tras la desaparición de su "enemigo" Schwantz no volvió a ser el mismo.

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