Comportamiento de una Moto Limitada: Brutale 675 - Circunvalando la Urbe

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En la Circunvalación

Ahora pasemos a otro escenario algo más comprometido. Por ejemplo, el primer anillo concéntrico de circunvalación de Madrid, el más pequeño, la M-30 en su tramo a cielo abierto (Con mis disculpas para los foráneos de la capital, un tercio de ella va soterrado). Siempre respondo a los amigos y conocidos que me preguntan hasta dónde alcanza el radio de acción sin peligro –sin peligro por el ritmo del tráfico- de un scooter, o de una moto de 125 sin carné que es justo hasta ahí, hasta la M-30, que obliga a un límite de 90 por hora, pero que, en la mayor parte del día, la gran masa de vehículos no sobrepasa pongamos que los 70.

Bien, me acerco a la concurrida autovía a una hora intermedia, sobre las once de la mañana, y observo, mientras abordo la curva que da acceso a la extensa vía de circunvalación, un tráfico denso pero que fluye con soltura a esos setenta u ochenta por hora. Retengo la marcha a propósito, freno incluso ex profeso para marcar aun más la diferencia entre mi velocidad y la del tráfico que ya veo abalanzarse sobre mí como una crecida del río Orinoco. Bajo a tercera y gas a fondo por el carril de incorporación. Apuro la marcha y pongo cuarta al instante, con esa suavidad de un pulsador, de una tecla, que se siente en la palanca del cambio semiautomático de la Brutale, y vuelvo a abrir gas a fondo, viendo cómo el cuentavueltas escala de nuevo en esa franja con la forma de ser natural del motor.
Es suficiente.
Al momento veo cómo los coches que circulan a mi izquierda se quedan atrás de una forma inexorable, haciéndome de lo más sencillo encontrar un hueco en el que colarme con la delgada italiana y fluir como un poderoso alazán entre la manada de búfalos en estampida que me rodea y trata inútilmente de arrastrarme.

El eslalon, siempre respetuoso con los conductores de los coches, sin regates ni recortes de trayectoria y manteniendo una línea que no les moleste ni sobresalte, está servido. Sin embargo, no debo olvidar que soy un principiante y debo dejar a un lado la idea de ir sorteando –al menos tal y como la concibo habitualmente- al resto de los vehículos por ese día y circular junto a los coches, como un motorista muy novel, eso sí, guardando dos ases muy importantes bajo la manga, por si fueran necesarios:
La prodigiosa agilidad del conjunto y la aceleración del 675 limitado, que se muestra, también en este escenario, más que sobrado para circular con soltura y seguridad.
Prueba superada.

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