Comportamiento de una Moto Limitada: Brutale 675 - En circuito y en la Calle

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La Moto Limitada en el Circuito

Era mi primera prueba de una moto limitada, y debía de encarnar un personaje inspirado en todos esos alumnos que han pasado por delante de mí durante los últimos cinco años, y que han llegado a nuestros cursos con cierta timidez, algún temor, bastante desorientación y, sobre todo, con una necesidad imperiosa de coger confianza subidos en su moto. Debía de pensar –y casi de sentir- en la clave de un alumno con su flamante carné en la cartera. Y así volví a la pista.
Sin embargo, tengo que confesar al lector que las vueltas que di a continuación sobre el trazado del FK-1 me aportaron muy poco, casi nada, tan sólo lo que pude recoger a base de mucha imaginación. Lo cierto es que me sentía de lo más extraño en un escenario como aquél, deslizando la rodilla en cada curva, sobre una moto reprogramada para una circulación en prácticas por la vía pública. Así es que decidí esperar al día siguiente para empezar a sacar verdaderas conclusiones en la calle y en la ruta sobre el comportamiento de esta MV Agusta de 675 limitada.

Callejeando

Esa noche guardo la pequeña Brutale en el garaje, e incluso me voy a dormir, sin abandonar esa mentalidad de principiante. Así me levanté y fui a buscar la 675 con la idea de hacer varios trayectos urbanos para aprovecharlos dejando resueltas algunas gestiones.
Contacto, motor en marcha, y ojo a la temperatura durante los primeros minutos porque, aunque el régimen esté limitado, enroscar todo el gas en esos momentos constituye una rebaja a la larga vida que, por su calidad, le auguro a este tricilíndrico. Después, detenido al ralentí frente a uno de los semáforos, veo que por fin las tres trompetas laterales de la Brutale dejan de balbucear su humo blanco sobre el frío de la mañana. Me dispongo encontes a percibir las primeras sensaciones de su aceleración en un escenario público y sin abandonar, por supuesto, esa perspectiva de novel, a partir de la luz verde. Arranco flanqueado por una nutrida concurrencia de coches, y dejo a todos atrás con facilidad, sin apurar, en absoluto, una salida de piloto de dragster, y con la entrega natural del tricilíndrico limitado. Cambio a segunda sobre las seis mil, dejándome reservada en el puño una buena porción de caballos, y a través de los espejos veo empequeñecer a la jauría automovilista que ridículamente trata de darme caza.

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Pruebo de nuevo la aceleración y trato de sacarle el mejor rendimiento jugando con el cambio, sin apurar el régimen, pasando por la tercera y la cuarta. Estupendo: la escalada del velocímetro no sólo se ve más que sobrada en estas condiciones para ponernos a salvo de los coches, sino que incluso la siento capaz de dejar atrás a algún automovilista que pudiera saltar del pelotón con las mismas prisas que si fuera a apagar un incendio. De todas formas y aunque algún coche desmelenado pudiera meternos en un serio aprieto, la prodigiosa agilidad de la Brutaqle 675 permitiría driblarlo, incluso para un principiante, con un simple guiño al contramanillar.
Bien, tanto en las calles vecinales, como en las amplias avenidas, la aceleración de la pequeña MV Agusta limitada se basta y se sobra para saltar de un semáforo a otro con absoluta soltura y total seguridad.
Prueba superada.

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