El Mago de la "Psicoderrapada" vuelve a competir en Jerez

Escrito por Tomás Pérez el .

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El que para muchos ha sido el piloto más fascinante de la historia, el mago tejano de la moto, con sus frenadas in extremis y sus derrapadas interminalbles, volverá a competir nada menos en la pista de Jerez durante los próximos 19, 20 y 21 de Junio. Un acontecimiento único e irrepetible. Este editorial describe algunas de las hazañas más recordadas del creador de la "psicoderrapada" (Sigue Leyendo).

 tumbada derrapada 

¡Dónde va! ¡Dónde va! ¡Pero adónde va este tío!

Sí, pienso que eso fue lo que gritamos todos al verlo en aquella frenada de Donington, exigente hasta el extremo, sobre una pendiente que debería estar advertida con la señal triangulada de peligro marcando su porcentaje; una frenada en la que los pilotos tenían que echar el ancla y en la que la inercia les volcaba la cara, prácticamente, sobre la aleta delantera. Sí, allí llegó el mago de la moto, con su chistera bajo el colín y su barita mágica solapada en al manga, para escribir otro capítulo más, otra batalla, en su particular Guerra de los Cien años contra su rival natural: Wayne Rayne.

sentado en el sueloMi segunda infancia, y casi toda mi juventud, tomaron un ídolo tan claro y destacado para mí, que me llevó a rotular su número y su nombre imitando los de su mono con un bolígrafo rojo en la espalda de una chaqueta de trabajo. Barry Sheene nos supo ganar a todos con su estilo, su carisma, con sus caballitos y con su desparpajo puesto de relieve tanto dentro como fuera de la pista. Pero mi vida adulta, con ese poso y con la perspectiva que dan los años, tuvo otro ídolo, otra figura de un talante quizá menos alocado, aunque para muchos de nosotros era de auténtica locura lo que hacía sobre la pista. Lo cierto es que no es difícil establecer cierto paralelismo entre Barry Sheene, con sus transgresoras excentricidades, y las aparentes vesanias de éste nuevo ídolo, que no eran otra cosa sino trucos sacados de una genialidad privilegiada, de un talento irrepetible plasmado en un auténtico ilusionista sobre dos ruedas: Kevin Schwantz, el mago tejano de la moto, con su mirada un tanto abstraída, quien sabe si manteniendo un nexo con el mundo encantado del que sacaba sus números de antología. Wainey Rainey fue, más que su rival natural, su enemigo vital sobre el asfalto y el verdadero catalizador que llevó a Schwantz a escenificar sobre la pista todas aquellas maravillas que le convirtieron, para un servidor y para al menos dos tercios de la grada, en el piloto que traspasó la frontera del esoterismo. Su estilo sobre la moto, montado a horcajadas como que quiero y no quiero en inclinadas imposibles, le dejaban colocado sobre ella, en la salida de cada viraje, con una postura de funámbulo para grabar sobre el asfalto unas derrapadas tan largas y espectaculares que se nos antojaban imposibles, como el dibujo de un fenómeno casi paranormal delante de nuestros ojos atónicos. Sí, así fue, así lo vivimos y así lo recordamos a día de hoy, porque ahora, un cuarto de siglo después, podemos decir que Kevin Schwantz fue el inventor de la “psicoderrapada”.

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