Cómo ser mujer en moto y no morir en el intento

Escrito por Tomás Pérez el .

En la televisión, en las carreras, en las rodadas, en las carreteras, en los grupos de domingo y también en el mundo custom, la mujer va poco a poco apareciendo y poblando los pequeños planetas que forman el particular universo de la moto (Sigue leyendo).

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Sin embargo, tanto en unos como en otros, le va resultando un terreno realmente difícil de conquistar por la oposición, a veces realmente férrea, que se le muestra en diferentes versiones, según el escenario en el que se adentran. Unas veces la guerra abierta y declarada, como si de un alien se tratase, y otras invitándola a ocupar un lugar de figura simpática y meramente ornamental, para dar la nota estética en una pandilla.


A un servidor, su educación paleolítica, y absolutamente trasnochada, le impulsa a abrir la puerta del coche a una dama y sólo cerrarla una vez seguro de que ella se ha acomodado convenientemente y, por supuesto, de que el abrigo o el vestido están replegados, sin sobresalir ni un centímetro de tela del fuselaje. Esa educación me enseñó a caminar junto a ellas por las aceras cubriendo el lado de la calzada o del que pudiera venir el peligro, a descender por delante en unas escaleras, por si la dama tropieza, para ofrecerle generosamente mi espalda como parapeto, y esa misma educación cavernícola que me impulsa a ceder el asiento a una señora en el transporte público hoy en día me hace sentir un neardental ante los ojos más vanguardistas, y un perfecto primo, o “un pringao”, a los ojos de los más despabilados.

Pienso que la galantería es una gentileza gratuita en sí misma, y nunca, al menos en mi caso, una forma de dejar a la mujer como una criatura inútil, frágil y torpe, y mucho menos como una persona de segunda división. Bien, esa galantería, presentando su expresión habitual a la hora de ceder el paso a las damas en el umbral de una estrechez, no sé si me ha arrastrado demasiado lejos…, puede ser que sí, trasladándose conmigo hasta la pista y llevándome a abrir la puerta, o a ceder el paso directamente a una dama en plena carrera. Claro que, ¡Iluso de mí! Creo que en ningún caso lo han necesitado. Recuerdo una pasada limpia e incontestable de Carlota, muchas veces rival y muchas veces amiga, junto con su compañero Alberto, y no digamos ya la exhibición de pilotaje que hace años me dio en butaca preferente Elena Rossel, cuando cortó el aire a mi lado, y también mi aliento, a la entrada de la parabólica de Albacete, para tirar la moto y meterla en la curva segundos después, cuando estaba convencido de que se salía derecha hacia la grava.

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Ya en tiempos del Critérium AGV-Solo Moto, allá por el año de Nuestro Señor de 1.979, una tal Prisca Vázquez me metió la moto en el cambio de dirección de las eses de Calafat para perder su estela apenas media vuelta después. Entonces mi vehemencia machista, cargada con la testosterona propia de los veinte años, presentó como excusa ante mis amigos que a la niña le habían dejado un pepino intratable…, posiblemente tuviera un punto de razón, pero está claro que había que pilotarlo, y además, me dio una señora pasada en un tramo sobre el que el motor bien poco tenía que decir.

La cuestión es que parece ser, por lo que me cuentan, y es, por lo que yo mismo he podido comprobar ahora a pequeña escala, que las chicas, en general, sienten un trato especialmente discriminatorio en el mundo de La Moto, unas veces, las más, en negativo, y otras –más de las que pudiera parecer- en positivo.

Unas veces la reacción masculina es la de demostrar una pretendida superioridad de macho salvaje, otras la de un proteccionismo que, más allá de la elogiable solidaridad y de la buena voluntad, penetra en el terreno del más empalagoso de los paternalismos, y cuando no, en el caso de la competición, algunos patrocinadores se desviven por apuntarse al carro que arrastra el tirón mediático de una chica subida en una moto de carreras, independientemente del puesto que ocupe en la clasificación final.

En una versión u otra, la cuestión es que la mujer aparece discriminada de una forma particular en el mundo de La Moto y necesita ir haciéndose sitio, poco a poco, hasta que, finalmente, al resto de los motoristas, ver una mujer sobre una moto, les parezca tan habitual y tan natural como que el acelerador está en el puño derecho.

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He escuchado muchas teorías acerca de la fuerza física, o incluso de la temperatura corporal de la mujer como una seria desventaja para conducir una moto, ha planeado luego, por otra parte, ese simbolismo que muestra a La Moto como un atributo de masculinidad, atributo, a su vez asignado por muchas mujeres machistas, que realza su hombría como una venado de siete puntas en la noche de la berrea. He escuchado y leído en muchos foros cómo a la mujer se le asigna por defecto el asiento del pasajero, se le atribuye el papel del paquete y se le da, cariñosamente –según argumentan muchos- el apodo de “Artillera”. Por último y como remate de esta particular discriminación, aparece la frase que se esgrime como justificación cuando uno pide la moto a otro y éste no se la quiere ceder:

“La Moto, la pluma y la mujer no se dejan”.
O más extrema aun, como he llegado a escuchar:

“Ni la moto, ni la mujer: Las cosas de montar no se dejan”.
En mi modesta opinión, creo que aún nos queda mucho, mucho camino por recorrer en esa dirección, en la de la igualdad con la mujer en el mundo de las dos ruedas.

Tomás Pérez

El programa de Radio- Super7 número 18 de este enlace está dedicado por completo a este tema, con la participación de Paloma Lence, motorista con una vasta experiencia en moto y responsable de prensa y comunicación de Triumph para España y Portugal, Carmen López, motorista custom con un buen puñado de klómetros a sus espaldas y responsable de comunicación de Harley Davidson España, Mar Acebes, ex piloto de distintos campeonatos regionales y copas monomarcas, Azucena Prendes, asidua participante en tandas libres y monitora en cursos y María Elena Calleja, con muchos años y muchas motos poseídas y probadas en carretera y tandas en circuito.

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