Marc Márquez Jordan

Escrito por Tomás Pérez el .

Un editorial en el que se analiza un detalle revelador, que tal vez haya pasado inadvertido y que sin embargo muestra a Marc Márquez como el mago del pilotaje. (Sigue Leyendo)

 
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                                                              MARC MÁRQUEZ JORDAN

 

Durante la última carrera, la disputada en Le Mans, asistimos a una demostración sobre cómo se hace en apenas diez vueltas un curso intensivo de pilotaje sobre mojado de una MotoGP. “El Niño” -un apodo ya desgastado a lo largo de la historia del motociclismo, pero que cada vez se otorga a protagonistas más precoces- volvió a darnos otra demostración de su asombrosa capacidad de aprendizaje, de su prodigioso talento de adaptación. Algunos, sobre todo Crutchlow, agradecieron que la carrera no durase cinco vueltas más. Sin embargo, para el que subscribe existe un detalle insólito hasta la fecha en el pilotaje de una moto que se pudo observar a lo largo del Gran Premio de Jerez.

Todos los medios hablaron durante la semana siguiente de la negación al saludo. Todos, telediarios incluidos, resaltaron la polémica protocolaria, la falta a la sacrosanta corrección política, hipócrita censura de esta ulcerosa democracia, que cometió Jorge Lorenzo al negar con la cabeza el saludo que le ofrecía Marc Márquez en el parque cerrado, momentos después de que el recién llegado robara la cartera al bicampeón del mundo en la última curva. Más allá de la polémica surgida en la pista con la acción de carrera, fue el gesto airado de un auténtico pura sangre con el corazón aún a doscientos por hora lo que ha trascendido a todo un país. Uno se pregunta qué es lo que se busca: si el potente brío de un piloto ganador o el flagrante cinismo, ése mismo del que ha hecho gala la clase política en todas las épocas de la historia, no digamos ya en la actual.
Bien, la dirección de los grandes premios sabrá.

timthumbEl caso es que tanta polémica con el saludo denegado ha eclipsado un detalle que va mucho más allá del mero avance en el pilotaje, y que representa todo un descubrimiento de la física gravitatoria. Sí, pienso que por desgracia ha sido tapado por el roce del parque cerrado como el ganador de premio Nobel el mismo día que se hundió el Titanic.
El mejor momento en el que se pudo observar ese detalle fue al final de los entrenamientos libres del viernes -una hora de escasa audiencia, aunque, por desgracia, bastante más concurrida últimamente debido al lamentable crecimiento de la población desocupada-. Fue durante esas fantásticas secuencias, rebosantes de plasticidad, en las que el prodigio de esa cámara súper rápida nos muestra detalles que ni el propio piloto puede sospechar que se ponen de relieve tanto en sus movimientos como en lo que acontece debajo de él. Fue en la frenada de Dry Sack, en el momento crítico de máxima deceleración, cuando la moto de nuestro aventajado aprendiz dejaba en vilo el tren trasero, algo a lo que desde luego el espectador está y estaba acostumbrado a ver, sobre todo en las brutales frenadas de Stoner. Pero en el caso de Márquez, la inclinación subía más de lo habitual, marcando en el punto más alto un auténtico invertido, una figura muy sencilla de ejecutar, desde luego, que incluso el cincuentón que firma se permite dibujar en el aire con una natural facilidad. Sí, un invertido, sencillo, ¿verdad?

marc-marquez-gana-en-alemania-y-sigue-batiendo-recordsClaro, que es sencillo; lo sería también el de Márquez si no fuese porque lo exhibía en tiempo de pole, en el límite de adherencia y en el de la admisión de la propia curva. Bien, a pesar de lo extremo y de lo espectacular de esta figura no llegaría a alcanzar el grado de insólito, o inaudito, si no fuera por ese detalle clave al que me refería y que conviene observar con detenimiento.

Márquez tira de freno echando toda la mano sobre la maneta con contundencia, incluso con violencia, la moto eleva su tren trasero, lo eleva más aun y bascula hacia la izquierda, luego la Honda oficial se balancea sobre la pipa de dirección para torcerse a la derecha, y ahí, justo en el momento límite en el que se va a comer literalmente la curva con la moto doblada hacia interior, Marc, con toda la naturalidad y todo el desparpajo, gira su MotoGP con un golpe de contra manillar para tirarla a por el ápice de Dry Sack.
¡Pero, muchacho! ¡Eso no se puede hacer, eso es romper la Física! La moto sólo lleva una rueda apoyada en el suelo y además está doblada hacia dentro. ¡No puede girar!
Bien, pues la moto gira.
Mar Márquez ha llegado a la categoría reina para demostrarlo.

Stephen Hawking no puede, no debe ver esas imágenes. El reconocido y no suficientemente venerado científico quedaría desconcertado y posiblemente desolado al ver con frustración cómo Marc Márquez hace añicos tantos años de afanoso trabajo y exhaustiva investigación.

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Las figuras del ahora llamado “Niño” con la moto sobre la pista trascienden a la física y guardan un magia que recuerda a los tiros en suspensión, a los saltos de Michael Jordan. El fantástico jugador se quedaba suspendido, flotando en el aire, al saltar para tirar o para capturar un rebote, mientras que sus rivales caían en el implacable descenso impuesto por la ley de la gravedad cuando le disputaban un balón perdido o trataban inútilmente de taponarle un tiro certero.

Lorenzo es el triunfo del método, un piloto que evoluciona en cada carrera dentro de una estudiada línea que a día de hoy se antoja infinita. Márquez, en cambio, es el piloto del talento innato, es el piloto mágico.

Marc Márquez Jordan ha irrumpido en MotoGP para llevarse su primer título.

 

Tomás Pérez

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