Consejos para dar la vuelta al mundo

Escrito por Miquel Silvestre. Prensa BMW Motorrad el .

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Por Miquel Silvestre
El equipo
En el viaje en moto no hay barreras entre paisaje y piloto. Tú eres el exterior. O sea, tú eres la carrocería y estás expuesto al mal tiempo, al calor, al frío, al agua y al viento. Es necesario proveerse del equipo adecuado. Esa ropa será tu única protección, pero además será tu segunda piel porque la usarás durante muchos días y muchas horas. (Sigue Leyendo)

Guantes: conviene llevar varios pares puesto que tarde o temprano se acabarán perdiendo. Mete en el equipaje unos de verano y otros de invierno con membrana goretex.

Traje: Los mejores son los diseñados para trail con buenas protecciones en codos, espalda y hombros, muchos bolsillos, forro interior impermeable para cuando llueve y hace frío, pero con aberturas ventiladas que permitan la entrada de aire para los momentos en que la temperatura sube.

Casco: Muchos aventureros optan por el casco cerrado tipo enduro, pero un modular permite levantar la parte delantera y ofrecer el rostro a cualquier interlocutor. Un motorista es un hombre enmascarado y eso genera desconfianza. Si mostramos nuestra cara evitamos ese efecto. Es muy útil para entablar relación con los lugareños, para pasar fronteras, para superar controles. La cara, siempre visible, será nuestro mejor pasaporte.

Gafas: Protegen tanto del sol como del viento y los insectos. Es de los elementos que más se pierden, siempre lleva repuesto.

Botas: He dejado el asunto del calzado para el final porque quizá sea el más importante. Más incluso que el casco, porque éste lo usaremos cuando estemos encima de la moto, pero las botas las usaremos también cuando nos bajemos. El asunto de las botas en un viaje es uno de los puntos más esenciales y que se ha de valorar con calma. Ha de cumplir dos funciones básicas: proteger y caminar. Pero lo que más protege no es lo más cómodo, y viceversa. Hay que encontrar un punto de equilibrio entre ambas necesidades.

Pero para un viaje de aventura de meses o años, el calzado se convierte en tu segunda piel. Lo usas todos los días en todas las circunstancias, es lo primero que te pones y lo último que te quitas. Y, sobre todo, caminas con él. Los viajes de aventura significan caminar, caminar mucho. Hay muchas cosas que ver, muchas personas con las que hablar, monumentos, ruinas, viviendas, cascos históricos, riscos, senderos y montañas. De modo que aquí prima la comodidad siempre que la bota sea alta e impermeable.

El robo de mis botas

Hablando de botas. Hay que tener cuidado con ellas cuando acampamos y las dejamos fuera de la tienda. Aprovecho para recordar lo que me sucedió durante una edición de Pingüinos. Nos liamos hasta las tantas y nos fuimos a dormir algo intoxicados a las tiendas de campaña.

Me desperté con una resaca descomunal. El generador de electricidad rugía a pocos metros y taladraba mi cabeza. Abrí la tienda de campaña y miré al exterior. La neblina se esparcía por el campo de batalla. Saqué la mano y busqué mis botas. No estaban donde las había dejado, justo debajo del techo. ¡Coño, me las han robado! Mis carísimas botas BMW Santiago. Seguro que de madrugada se han acercado unos chorizos y han dejado al Silvestre sin calzado.

Me puse los pantalones y salí al exterior pisando el suelo mojado con los calcetines. Vislumbré al grupo de madrugadores en torno a los rescoldos de la hoguera. Me acerqué descalzo y les dije: “Unos hijos de puta me han robado las botas” Todos me miraron con sorpresa.

Regresé a la tienda a ponerme unas zapatillas y entonces me di cuenta de que la puerta de la tienda estaba cerrada. Entonces pensé “si acabo de salir, cómo puede ser que esté la puerta cerrada”. Recordé también como entre brumas lo que comentaron cuando me ayudaron unos amigos a montar el campamento. “Oye, esta tienda tiene dos puertas”. Me dirigí entonces a la puerta cerrada, la abrí y descubrí un magnifico par de botas BMW que el maldito ladrón había devuelto para hacerme pensar que soy tan gilipollas de no recordar por qué lado había entrado en mi propia tienda.