El Corazón de Los Pilotos

Escrito por Tomás Pérez el .

Un relato que muestra la grandeza de los fundamentales protagonistas de las carreras: Los pilotos. Y un relato, también, cuya historia sacudió a su autor para que no olvidara dar el verdadero valor a lo que realmente lo tiene, dejando al margen los pensamientos superficiales que a veces copan por completo nuestro tiempo y dedicación (Sigue Leyendo)

Corazón de pilotoSofuoglu con el pulgar

El día anterior a mi partida para la manga del Mundial de SBK en Motorland, me cité con mi compañero Vicente para que me diera a toda prisa un par de encargos que, en principio, no tenía ni la menor idea de en qué consistirían. Uno trataba una cuestión publicitaria que no viene al caso, pero el segundo era algo de una naturaleza completamente distinta. Sí, un asunto que, como una muestra más, venía a poner de relieve ese carácter tan solidario y tan humano con el que el colectivo motorista se ha distinguido siempre entre los demás de nuestra sociedad, cuando no ha provocado el anhelo, o incluso la envidia en algunos de ellos.

Y así fue cómo me llevé a la parada del WSBK en Aragón un cartel para infundir ánimo a un muchacho, lector de nuestra revista, que había sufrido un grave accidente en moto justo el fin de semana anterior. Su nombre: Raúl Vallinot. El encargo de Vicente consitía en que debería pedir a cada piloto que entrevistase el favor de que posase sosteniendo ese cartel para una foto que haríamos llegar al joven afectado junto con las de sus rivales y compañeros de campeonato.

Corazón de pilotoDSC07680De ese modo me tocó pasearme por el paddock durante todo el viernes, arriba y abajo, con el cartel en la mano, y además procurando mantenerlo perfectamente terso, sin una sola doblez y sin que el sudor de su palma lo ondulase lo más mínimo. El primer piloto con el que me encontré para hacer una entrevista a volapié fue Javier Orellana, subcampeón 2014 de la Junior European Cup. Allí, bajo una de las dos carpas rojas que hacía las veces de boxes portátiles para los participantes de esta copa monomarca, el jovencísimo mallorquín me atendió gustosamente, y posó sosteniendo el cartel junto a su Honda CBF 650 (Más tarde ganaría su carrera y una semana después, la manga siguiente en Assen).

Corazón de pilotoDSC07751Continué caminando, esta vez por el pit line tras los libres del viernes, y por supuesto sin olvidar el folio de marras convenientemente resguardado, hasta encontrarme con Santi Barragán, en su propio box. Allí mismo y antes de empezar su entrevista, le pedí la foto con el rótulo. Accedió encantado, por supuesto, y posó con su eterna sonrisa, porque, desde luego Santi, además de campeón de España y campeón de Europa, se puede decir sin temor a error que también es el piloto campeón de la sonrisa, o el campeón sonriente, como se prefiera.

Corazón de pilotoDSC07753Más tarde me había citado con Xavi Forés en el hospitality de Ducati, y allí acudió el piloto valenciano, a la hora acordada, con una chaqueta publicitaria y tocado con una de sus no sé cuántas gorras. Xavi accedió también con el mismo gusto en cuanto comprendió el objeto del gesto, mostrando una sonrisa sobre su habitual semblante intravertido. Un semblante que, desde luego, desaparece por completo en cuanto aflora el entusiasmo que muestra cuando la moto protagoniza cualquier conversación.

Corazón de pilotoRomán con RaúlNo sabía si podría ver esa tarde al siguiente invitado. Mensaje arriba, mensaje abajo; aún no habíamos conseguido concertar la entrevista, hasta que finalmente sonó la dulce campanilla de mi teléfono para encontrarme una frase suya tan escueta como definitiva: “Estoy en la Sala de Prensa". Perfecto. Aprieto el paso, por supuesto con el cartel en la mano, salvo con zancada de gigante los escalones hasta el primer piso del edificio de boxes y cruzo el umbral de la enorme estancia, habilitada con todo lujo de medios, para facilitar las tareas informativas. Busco con la vista, escruto cada cara que aún no había registrado, hasta que un brazo se alza en el fondo, como la mano de un alumno que se sabe la respuesta a la pregunta lanzada por el profesor. Román Ramos, un joven sencillo y entusiasta, campeón de España de Moto2, venido del Mundial de la misma categoría, conocida como “la canalla”, que en esta temporada 2.015 se aventura en un campeonato tan distinto, con una moto tan diferente como es la SBK. Igualmente sonriente, con la camiseta de sus sponsor, la gorra a juego y las gafas de sol sobre ella, posa con consabido cartel.

Corazón de pilotoSalom CartelYa tenía dos campeonatos de Europa, un subcampeonato continental y no sé cuántos campeonatos de España juntos. Tan sólo me restaba uno con el que había sido imposible vernos el viernes, dejando todo aplazado para el día siguiente. Así es que aún me tocaría estar pendiente del cartel durante otra jornada más: todo el sábado rodando con él hasta la tarde, cuando hubieran acabado todos los entrenamientos. Y así llegué por fin al hospitality que el equipo Pedercini había edificado sobre el paddock. David Salom, campeón del mundo 2014 de SBK, en la categoría EVO, llegó en un momento a bordo de un scooter. Nos saludamos y antes de sentarnos a una mesa para charlar durante unos buenos minutos sobre el WSBK y sus posibilidades en este 2.015, saqué el cartel, una vez más, para hacerle la propuesta. Por supuesto que David accedió también encantado a nuestra petición.

Y bien, cuando concluyó la entrevista con el campeón mallorquín, me retiré a la sala de prensa para reunir y ordenar todo el material recopilado y también mi cabeza, sintiendo cierto alivio –tengo que confesarlo a pesar de mi rubor al hacerlo- por haber acabado por fin con el encargo solidario. Sí, ya podía olvidarme del dichoso papelito que, la verdad sea dicha, en algunos momentos me había supuesto un incordio, bien por tener que cargar con una carpeta expresa, que de otra manera no hubiera necesitado, para que el folio no se arrugase y además fuese protegido en todo momento del roce con el público del paddock y del sudor de mi mano. Además de ello, la pequeña alarma que se activaba en mi cabeza, a modo de recordatorio, en el preciso momento en el que necesitaba mi mayor concentración para ordenar las preguntas sin que se me escapara ninguna de ellas: Justo al empezar cada entrevista.

Corazón de pilotoSofuoglu CartelPor fin me había liberado del encargo. Y empezaba a centrarme en los textos que debía componer y en las fotos que debía de clasificar, sin ser capaz de percibir el verdadero fin de la misión que acaba de concluir no sin cierto tedio. Estaba cegado por la prisa, sufriendo lo que tantas veces nos ocurre con el tipo de vida que llevamos: Lo urgente se antepone a lo importante. Pero lo que iba a vivir a continuación en aquella enorme sala, cosida por filas de monitores y cuadriculada por mesas y sillas en docente formación, me abriría los ojos de la forma más sorprendente.

Me hallaba yo sumergido en el universo de mi ordenador, cuando mi compañero Jesús llamó mi atención tocándome en el hombro. Levanté la mirada de la pantalla y me señaló apuntando con las cejas dos mesas más adelante. Allí se sentaba de espaldas una reconocible figura, toda una celebridad dentro del WSB. Se trataba del turco Kenan Sofuoglu, tricampeón del mundo de la categoría de Super Sport. Le observé unos segundos e inmediatamente volví a mi trabajo.  Pero Jesús volvió a llamarme la atención, esta vez insistentemente, para recordarme el cartel. ¡Claro! ¡El cartel Aquella era una ocasión única.

Me acerqué hasta Kenan y le hice la misma petición que a los demás pilotos españoles. El turco, con esa misma viveza con la que se le ve desenvolverse por la pista, accedió al instante. Sonrió para la foto, pero después de posar con el rótulo, ocurrió algo insólito que me dejó francamente desconcertado. Kenan me preguntó:

-¿Puedo llevarme el cartel?

Tardé unos segundos en reaccionar, hasta que naturalemente le respondí que sí, claro que sí; aunque no entendiera nada en absoluto. Entonces el tricampeón se explicó.

-Lo quiero para ponerlo mañana en la cúpula de mi moto, para que se vea en la parrilla de salida.

Cuando aún no había salido de mi sorpresa, el joven barbudo añadió:

-Y quiero darte un par de guantes míos firmados para que se los lleves.

Casi como un autómata, le pregunté:

-¿Cuándo, mañana?

-No, no. Ahora. Vente conmigo.

Corazón de pilotoKenan SofuogluY acto seguido salió de la sala como una mecha de pólvora encendida, para llevarnos, a mi compañero Jesús y a mí, por todo el paddock a ritmo de vuelta rápida, hasta cruzar por la puerta trasera el umbral de su box. Allí se fue derecho a un rincón en el que había unos cuantos pares de botas, colocados en orden sobre el suelo. Eligió unas Sidi blancas con tintes rojos, espectaculares, y nos pidió un bolígrafo que no llevábamos encima, o que, la verdad sea dicha, no tenía conciencia de si lo llevaba o no conmigo. Sí, lo cierto es que un cóctel de sentimientos comenzó a agitarse dentro de mí hasta resultarme imposible evitar que aflorasen a mi semblante. La sorpresa, la perpleja admiración, y una conciencia que comenzaba a avergonzarse se revolvían dentro de mí, mientras aquel joven inquieto rebuscaba por el box, y luego dentro del camión del equipo, algo con lo que poder rotular aquellas botas. Finalmente lo encontró, firmó las dos y en la propia escalinata del camión me las entregó.

Mientras caminaba por el paddock de vuelta al Media Center con las Sidi en la mano, no pude sujetar la emoción y agradecí llevar puestas unas gafas oscuras al cruzarme con el público que aún rondaba entre los camiones y los hospitalitys. ¡En qué demonios estaba pensando!, me decía. ¡Cómo es posible que me haya vuelto tan superficial e indiferente, tan estúpidamente egoísta, que me haya llegado a molestar un encargo de una dignidad tan elevada!

A la mañana siguiente, caminé por el pit line hasta asomarme al box de Sofuoglu, tan sólo cinco minutos antes de que él y los pilotos de su carrera saliesen a pista para hacer la vuelta de reconocimiento. Allí lo encontré, sentado apaciblemente sobre su sillón ergonómico arrancado de un coche de rallies. Lanzó una mirada a un lado y arriba, hacia el asistente que tenía de pie junto a él y le mostró una mueca imperativa, tal vez acompañada de alguna palabra –no fui capaz de percibirla-, y el mecánico le dio un folio enrollado. El cartel. Kenan lo tomó y  me lo mostró alzándolo con una sonrisa. Al momento salió con paso decidido y acelerado, se enfundó el casco y se encaramó a su Kawasaki, que le estaba esperando sobre el pit line con el motor en marcha.

Corazón de pilotoDSC08445Mientras Sofouglu recorría la vuelta de reconocimiento y formación, caminé hasta la parrilla y le esperé en su posición –por esa vez la segunda- y justo delante del despliegue que había hecho su equipo en torno a ella. La Kawa del turco alcanzó su plaza tras completar la vuelta. Se detuvo, y las asistencias del equipo la elevaron sobre los caballetes mientras él se quitaba el casco para cambiarlo por su gorra a cuadros y parapetaba su mirada tras unas negras gafas de sol. A continuación hizo un gesto con la mano sin mirar al mismo mecánico que guardaba el cartel. Lo sacó, y el propio Kenan lo colocó con minucioso primor tras la cúpula de su carenado. Me miró, cuando estaba justo frente a él, me sonrió y posó con el pulgar alzado para la foto que le hice. Otros compañeros gráficos tomaron la instantánea mientras el turco les sonreía con la misma complacencia. Medio minuto después, cambió la postura y aposentó sus pies sobre los semimanillares de la Kawa y los antebrazos sobre sus rodillas, dejando la mirada perdida, tras las gafas de sol, en el fondo de la recta, sobre la primera curva, mientras el cámara de televisión se recreaba dando un repaso en primer plano a toda la figura de la estrella de Super Sport. Kenan Sofuoglu ganó la carrera de Motorland, y la siguiente de Assen y también  la Imola, por añadidura, y, lo que es el destino, viviendo el que posiblemente sea el momento más difícil de su vida, con su hijo recién nacido convalenciendo de una operación cerebral.

Llegados a este punto, algún lector puede pensar que el gesto de Motorland fue una estratagema publicitaria del tricampeón para añadir nuevos admiradores a su ya nutrido grupo de seguidores. Es posible: siempre es posible. Sin embargo, si hubiera visto, como un servidor, la fulgurante espontaneidad con la que el joven turco me pidió el cartel el día anterior, sólo le cabría pensar en dos opciones: o que tiene el marketing integrado en sus genes como el mismísimo instinto de supervivencia o que, realmente, aquel gesto le brotó del corazón, de su Corazón de Piloto.

En cualquier caso, toda esta historia deja una profunda enseñanza para un servidor: algo así como un par de cachetes, uno por cada mejilla, para despejarle, para mostrarle que las prisas y el estrés colocan delante de nosotros un velo de estúpido egoísmo que no nos deja ver el verdadero valor de nuestros propios actos y, desde luego, la generosa bondad de quien menos te lo esperas.

Corazón de pilotoIMG 20150419 WA0006La casta de los pilotos ha demostrado a lo largo de la historia: la furia, el tesón, la ilusión, la valentía, la romántica pasión, la rabia y a veces, por qué no decirlo, un punto de locura; pero lo que también se ha puesto de relieve a lo largo de la historia y que resulta imposible ver en la pista es la grandeza que abarca el corazón de un piloto.

Javier, Santi, David, Xavi, Román, Kenan, creo que no hay mayor premio para vuestro gesto que ver brotar la esperanza en el rostro de Raúl mientras reposa sobre el lecho en el que se recupera.

Gracias de Corazón.

Y, por supuesto, Raúl, ánimo, mucho ánimo también desde Super7moto.

 

Tomás Pérez

 

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