Novecento

Escrito por Tomás Pérez el .

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Un viaje que no llega a ser ni siquiera una pequeña aventura, pero que sí pretende demostrar cómo cualquier motorista puede hacer una travesía exprés por autopista a lo largo de La Península a bordo de una sencilla naked, y no, precisamente, contando con el físico más adecuado (Sigue leyendo).

novecento 1sola en la playa

 

Que el motorista es un apasionado, no se le escapa a cualquiera; que el motorista es un romántico empedernido, pienso que tampoco; pero lo cierto es que la cuestión va mucho más allá de una mera apreciación, y si nos paramos a mirarlo con detenimiento, descubriremos que, tanto una cosa como la otra, confluyen en el motorista ni más ni menos que para darle una buena parte de su razón de ser.

Ser romántico, como todo el mundo sabe, no es una forma de vivir que se ciña únicamente al ámbito del amor; ser romántico toma su sentido, también, en algo sin razón como pueda ser renunciar a la felicidad cuando se nos ofrece en bandeja de plata (Casablanca), o luchar por unos ideales perdidos, que a la mayoría no interesan, incluso hasta el punto de entregar la vida por ello, (“Por quién doblan las Campañas”). Pero ser romántico toma también su sentido en el más puro deseo de aventura, en la búsqueda afanosa de un tesoro inalcanzable o en la travesía imposible, a lo largo de una jungla impenetrable, con un mar de peligros acechando en su seno. La aventura atrapa al romántico con esa contradictoria atracción de vivir su incertidumbre, por ese inverso placer que impulsa, por ejemplo, al visitante de un parque temático a dejarse caer por el cauce del vértigo que forma una de sus atracciones, aunque no vaya a correr, ni en lo más remoto, un riesgo que lo tilde de aventurero.

Así le hace sentir al romántico cada nueva propuesta que le planta ante sí su espíritu inquieto, su inconmensurable deseo de vivir.
Así es el Hombre de La Moto en cualquiera de sus versiones, ya sea nostálgico o vanguardista; ya sea custom, endurista, velocista o rutero;, ya sea motorista o motero.

Bien, para esta ocasión, esa inquietud existencial de quien escribe, ese deseo de aventura, continuamente palpitante dentro de cualquier motorista, llevaba tiempo buscando una nueva versión de la aventura, una nueva y modesta gesta que tuviera un significado, una representación dentro del mundo de las dos ruedas, para transmitirla después a todos los lectores de Super7 que pudieran sentirse identificados con ella.

Ya viví hace muchos años la aventura impulsada por la pura inconsciencia de los dieciocho años, y quedó recogida en este relato premiado por Radio Nacional de España. También el viaje a las profundidades del frío, en una modesta medida, trasladado al lector en el relato de Un Viaje Lunar. Más tarde, hice otro viaje, esta vez introspectivo, que tal vez resulte el pequeño sueño de muchos motoristas, ese viaje a ninguna parte, sin rumbo ni horario, recogido en el relato "Extra... Vagante".

¿Qué faltaba entonces por hacer? ¿Qué dimensión de la aventura me quedaba por explorar?
Ya tenía nuestra particular iniciativa dentro de Super7, montada desde hace años por nuestro compañero José María, con la súper ruta "Por Puertos y Pantanos", que se lleva más de ochocientos kilómetros en un día, con sus rectas, cortas y contadas con los dedos de una mano. Por otro lado, hace algo menos de un año, unos amigos, harlystas para más señas, montaron una curiosa experiencia que les llevó a hacer en grupo mil kilómetros en menos de 24 horas. Luego me llegó la información de que BMW prepara para sus clientes y simpatizantes una travesía desde el Mediterráneo hasta el Atlántico pasando por el centro de la Península, también con un tiempo limitado.

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