La Triste Paradoja

Escrito por Tomás Pérez el .

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Después de leer esta historia, algunos de los que creen en el destino la tomarán como otra de sus burlas siniestras. Probablemente pensará que su protagonista fue otro objeto más de su malvada diversión a costa del género humano; otra burla como la de Antonio Bienvenida, por citar alguien ajeno, que sepamos, al mundo de las motos, o la de Mike Hailwood, para hablar, en cambio, de una leyenda dentro de ese particular universo; o incluso la del propio Joey Dunlop, un poco más próximo en el tiempo. Éste es un recuerdo, un modesto homenaje, a la figura de Toni Boronat (Sigue Leyendo).

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Acababa de correr una de las pruebas de la primera edición del Critérium Solo-Moto con la misma máquina que había comprado para participar en la última temporada de la Copa Ossa-Motocilcismo, una Ossa 250. No recuerdo por qué o a través de quién me enteré de que un taller de vespas buscaba piloto para formar un equipo con el que participar en la edición de 1979 de las 6 Horas Internacionales Vespa de Barcelona. No me lo pensé ni una sola vez y acudí apresurado para aprovechar aquella oportunidad.

Busqué el número de la calle Aragón hasta que encontré un local raquítico en el que podía ver desde el umbral cómo dos tipos, ataviados con mono azul convenientemente engrasado, trabajaban afanosamente acuclillados en los motores de los scooters. Aquel chiscón no tenía puertas, y únicamente quedaba aislado de la calle por un cierre con forma de persiana, que, evidentemente, sólo se echaba a la hora de comer y al final de la jornada. Los dos hombres me recibieron con el entusiasmo que parecía ser su estado de ánimo habitual y, para mi sorpresa, no pusieron ninguna pega, más que previsible, a mi exagerada estatura. Sosteniendo una sonrisa de orgullosa satisfacción, Jeremías y Montesinos, que así se llamaban, me hicieron pasar directamente al rincón donde guardaban su preciada joya de carreras: la “Sebi”. Una sencilla Vespa Primavera. Yo les mostré una expresión tan entusiasta o más que la suya, porque por aquel entonces…, en realidad, prácticamente igual que ahora, estaba dispuesto a subirme en cualquier cosa con tal de correr. Me comentaron algunas características particulares de las vespas y de la “Sebi” en concreto, y seguimos conversando hasta la hora de cerrar. Hablamos de mil detalles y, por supuesto, del piloto con el que haría equipo: otro chaval como yo que hasta entonces sólo había corrido en moto-cross y que en aquella época participaba en el trofeo Montesa-El Corte Inglés. Sus aptitudes sobre una vespa eran todavía una incógnita y mis dos nuevos mánagers no podían darme referencias ni sabían hablarme de sus cualidades técnicas, tan sólo repetían permanentemente: “Toni está loco”, un calificativo que no me sorprendió en absoluto, viniendo de dos auténticos profanos del mundo de las carreras, como eran ellos entonces.

A partir de aquel día pasé la mayor parte de mi tiempo libre allí, en Vespa Aragón. Iba una tarde tras otra, después de trabajar, para observar la rudimentaria evolución del pepino. Se le había desmontado el cofre, la rueda de repuesto, se intentó rebajar la espuma del sillín, se vació el tubo de escape de serie (aún ni siquiera existían preparaciones Pollini, Pinasco, etcétera, como ahora), se probaron diferentes carburadores y distintos reglajes, encendido avanzado y bujías de platino… También proyectábamos las diferentes pruebas que deberíamos hacer durante los entrenamientos, la forma de darnos los relevos y preparábamos los recursos necesarios para los repostajes. Todo se iba perfilando con claridad, pero el citado Toni no aparecía. Estaba fuera de Barcelona o trabajando hasta la noche con su hermano, no lo recuerdo.

 

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