Un roquero campeón del Mundo

Escrito por Tomás Pérez el .

Índice del artículo

Takazumi Katayama, coreano de nacimiento y japonés de adopción, fue el primer campeón del mundo oriental. Takazumy hizo germinar en los ambientes del Continental Circus la leyenda kamikaze que otros pilotos nipones se encargaron de extender a lo largo de dos décadas. Lo que no recuerdan la mayoría de los buenos aficionados es que, además de un piloto agresivo como ninguno, el japonés había sido antes cantante de rock. Ésta es su historia.

Takazumi Katayama 3

 

 

Fue sin duda el piloto japonés –aunque su origen es coreano- que extendió por todo el mundial esa fama de suicidas que ha acompañado a los pilotos nipones durante décadas. Campeón del Mundo de 350 en 1977 con una polémica Yamaha tricilíndrica de fábrica, sembró, no voy a decir el pánico o el terror, pero sí la inquietud y a veces la indignación entre los pilotos de las categorías intermedias.

“¿Qué opinan los pilotos sobre Katayama?”, era el titular de una múltiple entrevista publicada por Motociclismo en la que se trasladaba la pregunta a varios de los pilotos más carismáticos de El Mundial. El que más y el que menos aprovechaba la ocasión para denunciar la peligrosidad del pilotaje que exhibía Katayama; y aunque no recuerdo las palabras concretas ni quiénes exactamente las pronunciaban, sí que conservo en mi memoria con puntos y comas lo que Giacomo Agostini contestó al periodista.

“Está loco”, decía, “cuando yo he tirado de freno y he quitado dos marchas, él me pasa en una rueda.”

descarga

Efectivamente, Takazumi Katayama era un piloto del que muchos se apartaban y al que algunos incluso temían. Retengo en la memoria algunos lances de carreras que justifican esta actitud de los más prudentes; lances y hechos como, por ejemplo, una participación esporádica del querido y admirado Benjamín Grau con la más esporádica aun Derbi 250 en El Mundial, concretamente en el Gran Premio del Jarama del 77. Transcurría la jornada del viernes cuando el bueno de “Min” daba unas vueltas de prueba a un trazado tan trillado para él como el del circuito madrileño. Apenas había calentado las gomas y tomado el primer temple a esa eterna Derbi experimental cuando abordaba la recta en sexta a fondo. Quitó dos, tres marchas y no sé si le dio tiempo a dejar la moto en segunda, el caso es que cuando hizo la primera insinuación de tirarse a la curva, apareció Katayama como un misil y le embistió. Benjamín Grau no pudo participar en aquel gran premio y quedó convaleciente en La Paz con dos o tres costillas rotas y un pulmón perforado.

katayama 350

Sí, Katayama, un piloto temido con razones que él mismo justificaba. Recuerdo, a propósito de esto mismo, unas declaraciones suyas al concluir una carrera en la que sostuvo una lucha enconada con el malogrado piloto suizo Michel Ruggeri. Al bajarse de su Yamaha, Katayama recuperaba aún un resuello que le sabía a victoria cuando declaró a la prensa: “Como vi que era imposible pasarle, opté por asustarle, y en una curva a una vuelta del final, le he metido toda la rodilla en el carenado.” Cosas como ésta, hoy en día, después de que Rossi utilice a Sete como peralte, de que Stoner se tire de cabeza a una curva empapada, de que Lorenzo adelante por fuera de afuera, tan afuera que pise la tierra y otras barbaridades más que permiten las motos de ahora, puede que no llamen la atención, pero hay que situarse en aquella época en la que acababan de aparecer los slicks, en la que se montaban los primeros frenos de disco y en la que los chasis cedían como la madera de balsa.

Artículos relacionados