DUCATI SCRAMBLER FULL THROTTLE

Escrito por Tomás, José Mª el .

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La serie Scrambler supone un paso más en la estrategia de Ducati de hacer motos “diferentes”, estrategia que se ha demostrado tantas veces acertada no solo por sus ventas también porque sus conceptos han sido copiados en muchas ocasiones por la competencia a la hora de diseñar sus modelos. (Sigue leyendo)

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Probador: Tomás Pérez

Ficha Técnica: 1,91m, 107 kg y 57 años

Nivel: Subcampeón Mac90 2012 categoría Twin, piloto del nacional de Raids 91 y 92, del Critérium AGV-SoloMoto 78 y 79; 4º y 2º en las 6 Horas Internacionales Vespa de Barcelona 1.979 y 1.980. 

 

 

Las hormonas de la adolescencia graban imágenes en la memoria que no sólo perduran en el tiempo, sino que además se perpetúan en nuestros recuerdos elevándose al grado de un tótem, o de un mito, para mantener toda su fuerza y vigencia cada vez que las evocamos. Los más corrientes y los más marcados, sin duda, son los eróticos, y tal vez la protagonista de todos aquellos sueños volcánicos fuera mi profesora de física, que en paz descanse ahora la buena señora; pero aquella etapa en la que empezaba a hacer escaramuzas con un Vespino y a sentir alguna que otra furtiva experiencia sobre una Puch Minicross, hubo otra imagen, otro mito erótico y dominical, que no por efímero ha perdido consistencia a lo largo del tiempo.

Ducati Scrambler roca

Llegaba siempre anunciado por la música de tambor que iba pregonando su paso por las cuatro colinas de aquel paraje serrano. El frente lo precedía un maromo fornido, tomando el manillar como dos mancuernas para hacer sus aperturas de pecho; un sujeto que me pasaba completamente desapercibido, porque lo que mi incipiente testosterona ansiaba, provocando mi inquietud, era comenzar a descubrir detrás el perfil de lo que aquella majestuosa Ducati llevaba encima, agarrada a aquel tipo barbudo que la conducía con orgullo, cierta chulería y dejando caer una mirada de soslayo sobre el paisaje de la urbanización que desfilaba por sus costados. Lento, casi a paso de desfile, el conjunto mostraba por fin su lateral para poder verla. El pantalón ceñido al límite de su tejido, marcando la turgencia de sus muslos y sus pantorrillas torneadas; la prenda negra, apretada al vientre y ajustada al torso, se ataba al cuello para dejar expuesta una espalda tan sugerente como bronceada, con el brochazo dorado de una media melena resplandeciendo al sol de cada mañana dominical. Así la contemplaba alejarse, poco a poco, mientras que el sonido del tambor tronaba con fuerza al escalar la elevada pendiente que levantaba la calle por la que la veía pasar. Digna, majestuosa, imponente…

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¿La moto que la llevaba? ¡Ah, sí!... Discúlpeme el lector. Sí…, era una Ducati Scrambler 250..., o tal vez 350: me resultaba imposible diferenciarla en marcha. Por eso ahora, al acudir a recoger esta neoclásica, esta Scrambler Full Throtlle, llegaba influido por el estigma de aquel modelo -rubia al margen, claro está- engendrado en serie dentro de la extinta fábrica de Mototrans, sita entonces dentro de un Poble Nou barcelonés, remasterizado hasta la transfiguración durante el final del siglo pasado.

Sin embargo, al poner en marcha el 800 cc que la impulsa, y sobre todo, al soltar el embrague tras insertar la primera, el influjo de aquella Ducati Scrambler de los setenta se esfumó -la rubia también-, para sorprenderme con otro nuevo modelo que sin duda puede proyectar una imagen neoclásica, pero que evoca, también, otra secta de motos protagonista de un pasado no demasiado lejano, que guarda dentro de sí el genio explosivo, el temperamento latino y la esencia competitiva de una marca que no hace, hoy por hoy, ni una sola concesión a las medias tintas: O eres ducatista o no lo eres. Y con esta disyuntiva creo que no es necesario añadir más para definir cuál es la idiosincrasia que desde siempre ha representado la impronta de esta firma de leyenda.

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Bien, pues esta Scrambler Full Throtlle es una moto para ducatistas, entre los que algunos podrán decidir sobre si les gusta o no les gusta, pero de la que nunca podrán decir que no es una verdadera Ducati.

Pero volvamos a la accion. Después de soltar el embrague, al instante, además de hacer el descubrimiento que he dejado descrito, la perspectiva del circuito FK-1 (Villaverde de Medina-Valladolid) apareció claramente definida en el horizonte de nuestra prueba. Sería desaprovechar una buena oportunidad no pasar con la Scrambler Full Throtlle por una pista tan particular y tan retorcida.

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Motor

La patada es instantánea, el empuje imprimido por ese genio Ducati se siente con contundencia en el mismo momento de soltar el embrague, para luego continuar, eso sí, con una progresión mucho más asimilable, que para nada debe interpretarse como una flojera de esta modalidad más sencilla del motor en ele, a la que Ducati parece haberle sacado auténtico oro negro en esta versión.

Efectivamente, la entrega de potencia que este dos válvulas hace sobre la rueda no compromete el agarre del neumático dirt track sobre el asfalto y facilita el derrapaje controlado sobre la tierra para el que ha sido concebido.

Ducati Scramble derrapando atras

Ciclo

En cuanto a esta parte: geometría, cotas y dimensiones, la sensación general es tan ligera y manejable,  subrayada, además, por la desmesura del manillar dirt track, que hubo momentos en los que creí sentirme –exagerando- sobre una bici de descenso. Por otro lado, la nobleza del chasis, el tacto de sus suspensiones y el equilibrio general de la moto están tan compactados que mantienen la trayectoria incluso forzándola en las situaciones más extremas. Tal fue el caso cuando busqué la foto en tierra con una buena cruzada de la moto, acelerando a fondo, sin contemplaciones, y la Scrambler Full Throtlle se obstinaba en mantener la rueda trasera alineada con la delantera, aunque fuera rodando en el vacío por encima de la tierra.

Ducati Scramble invertido

La Frenada

Lo mismo que el genio Ducati del motor, en esta Scrambler Full Throtlle, como en todos los modelos engendrados en Bolonia, ofrece un tacto contundente, con una mordida que no deja ni el más mínimo resquicio a la duda. Así se siente en el primer milímetro que recorre la maneta, para mostrarse en los siguientes más progresivo, a medida que la horquilla se comprime y que, a continuación, nos va acercando al límite del neumático. Una frenada rotunda y eficaz que planta esta Ducati en el punto de giro de la curva, igual que lo hace el buen subalterno con el morlaco, al dejarlo frente al caballo del picador.

Ducati Scrambler Detrás

El Giro

Entrar con la Scrambler Full Throtlle en el viraje es un auténtico juego de niños, basta una insinuación a la envergadura del manillar para que el faro, redondo y eficaz en carretera, siga la orden de nuestra mirada al milímetro, apuntando de inmediato al vértice de la curva, yendo a buscarlo con la avidez que un perdiguero cobra la pieza.

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El Apoyo

Cuando te has tirado a bocajarro, que es la forma en la que lo sugiere la geometría, la ligereza y la idiosincrasia de esta Scrambler Full Throtlle, sientes al momento el apoyo de todo el conjunto como el pilar de un puente; a pesar de la obligada moderación que muestran unas suspensiones que también transitarían sobre la tierra batida de un óvalo. Lo cierto es que el apoyo de esta Ducati invita a una inclinación de SBK, con el codo por el suelo; sin embargo, esta evocación del cross contry americano de los sesenta no puede permitirse semejante tumbada por un simple matiz de concepción: Sus estriberas, metálicas y desnudas, deben de ir situadas en una posición consecuente con sus neumáticos de dirt track, y son las que representan el límite, un límite conservador en el asfalto de la pista, dadas las posibilidades que podría desarrollar esta parte ciclo, pero un límite, por otra parte, lógico y suficiente en carretera, además de coherente, como decía, con la filosofía de de esta moto en general. Por añadidura, en el lado derecho, la preciosa ejecución del doble escape Termignoni echa un alto racional a esa tumbada…, si no quieres ver el desagradable arañazo del asfalto marcado en su panza.

Ducati Scrambler campo de frente

El Pasajero

Hay plaza trasera, desde luego. Y a pesar de la terminación recortada del asiento, ofrece un espacio suficiente para que un pasajero de tamaño medio pueda disfrutar del sonido y las vibraciones de esta Scrambler Full Throtlle durante un trayecto de trámite o incluso interurbano. Eso sí, el conductor deberá ser cauteloso con el acelerador –esto es lo mismo que decir preciso como un control digital- porque el tapizado antideslizante que forra su plaza desaparece en la trasera para rendir tributo a una estética dirt track con una polipiel más brillante y colorista.

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Conclusión

Una moto que me ha sorprendido, y que pienso que sorprenderá a todo el que se deje llevar sólo por el rancio aspecto que transmite parte de su estética, ya que en el mismo momento de arrancarla, se hace notar el corazón latino de una auténtica Ducati palpitando en sus entrañas. Una moto, además, con el comportamiento noble e intachable que caracteriza la dinámica de todos los modelos engendrados en Bolonia, y con una frenada a la altura, o incluso por encima, de las prestaciones que ofrece el conjunto.

En definitiva, toda una Ducati, que sólo guarda el nombre como relación con aquel aparato gestado en la desaparecida fábrica de Mototrans.

 

Tomás Pérez

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