La Expedición a las Aldeas Olvidadas: Continuación

Escrito por Tomás Pérez el .

Hace unos meses publicamos el reportaje "La Expedición a las Aldeas Olvidadas", fue la primera entrega del trabajo realizado por el joven fotógrafo Joel Martín, con la que había iniciado su particular vuelta a España, navegando por las carreteras más recónditas, en busca de rincones tan pintorescos y cercanos, como desconocidos para una gran mayoría. Ahora os traemos otro capítulo de esta particular forma de viajar (Sigue Leyendo).

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Comencé esta tercera etapa de la vuelta a España en moto un dos de agosto de 2014 con la inestimable compañía de mi padre, de Miguel Martín, conocido también en este mundo como Macalayus. Un viaje de siete días, 1001 curvas y 11 provincias que nos esperaban.
Desayunamos en Madrid y partimos con todo el equipaje en nuestras motos. Macalayus con su Yamaha Super Tènèrè 750 y yo como siempre, con mi incombustible KTM Duke 125. Una trail y una naked de pequeña cilindrada, la cosa ya prometía. Recuerdo que la primera etapa de esta aventura, a modo de toma de contacto con nada más que 700 kilómetros y unas cuentas rutas más he sido acompañado por él, tanto con su anterior BMW R1100S como con su actual Super Tènèrè 750 y hemos ido sin mayor complicaciones siendo ambas motos muy diferentes. Por las carreteras en las que serpenteamos la cosa se iguala.

Recorrimos la A3 hasta su salida en Villarejo de Salvanés, de hecho justo en el punto kilométrico donde comenzaba el gran atasco, típico en estas fechas. Este sería el único paso de autovía que haríamos durante todo este viaje de 2390km, exceptuando algún que otro kilómetro de paso obligatorio por zonas riojanas.
A partir de aquí ya, por fin, carreteras secundarias hasta llegar a Albarracín, no sin antes parar más a menos a medio camino en Tarancón, donde cómo no, nos perdimos. Tales fueron las vueltas que dimos sin saber dónde íbamos que tuvimos que parar, poner neutral y arrancar a reir sin parar. Anécdotas, buenas anécdotas que hacen aún más especiales estos viajes. Comimos en la Ciudad Encantada de Cuenca y finalmente llegamos a Albarracín, pueblo instalado dentro de sus murallas encima de la piedra a modo defensivo. Pueblo con gran historia y belleza. En principio no teníamos intención en quedarnos demasiado tiempo aquí, pero dado que ya llevábamos 450km, en pocas horas anochecería y nos quedaba bastante para llegar a nuestro primer punto objetivo, la Comarca del Matarraña, decidimos en una buena decisión, pernoctar allí. Lo hicimos en el Camping Ciudad de Albarracín. No hay mucho que contar de esta noche salvo que fue una de las peores por el frío y quizás un poco por el trato recibido, pero por los 22€/noche pudimos aparcar las motos, tener baño, electricidad y pasar la noche "cómodamente", o lo más cómodamente que se puede dormir en el suelo que seguramente fue más cómodo de lo que parecía debido al cansancio de todo el día, unas 10 horas encima de la moto.

DSC 4737Nos informamos en la oficina de turismo de la zona y nos dirigimos al centro de la ciudad, subiendo la montaña, una ciudad fortificada preciosa que fue núcleo de uno de los reinos taifas y que contó con población musulmana que posteriormente fue convertida al cristianismo a comienzos del siglo XVI. De calles estrechas y gente hospitalaria hay que destacar también su fauna y vegetación, por donde pasan los ríos Tajo y Guadalaviar donde los antiguos trashumantes se abastecían y de donde quedan los recuerdos árabes y medievales.
Cenamos y a la mañana siguiente recogimos el campamento y nos dirigimos a los diversos abrigos que se encuentran en la sierra de Albarracín para ver las cuevas y pinturas rupestres de la zona. Era ya el momento de ir rumbo a la comarca del Matarraña. Llegamos sin más problemas a Calaceite donde haríamos noche en una plácida cama en los apartamentos Maribel. Sin ningún tipo de lujo pero cómodo y bien situado aunque fue la noche más cara. Los precios no son caros en cuanto a comidas se refiere pero pasar la noche sí que sale caro en toda esta comarca. 60€ por la habitación. Si os tuviera que recomendar algún lugar, cualquier hotel de la zona de Calaceite por este precio aproximado tendréis una habitación mejor y con una conexión wifi decente. Incluso en La Fresneda, a poco más de 10km tenéis un hotel rural el cual antes era una bodega, con unas instalaciones espectaculares con un desayuno fabuloso incluido por el mismo precio por el que dormimos en Calaceite. Improvisar también tiene sus cosas malas, claro. Pero si queréis ahorrar, por 15€ podréis dormir en habitaciones compartidas en el albergue de la zona y por 30€ tener una habitación individual en el mismo lugar. Pero reservad con antelación en toda la comarca pues se llena de reservas en temporada alta.

DSC 4744Pasamos un día de frío con tan solo 10ºC por la mañana y mucho calor, con más de 30ºC al llegar a Calaceite. Esto nos desgastó mucho pero no impidió que conociéramos bien la zona. A la mañana siguiente, recogimos el petate y nos dirigimos a los poblados íberos y pinturas rupestres que se encuentran en Calaceite y alrededores.
El más destacado fue el poblado íbero de San Antonio, en el que hicieron una piscina natural con la intención de llenarla con las aguas pluviales y de este modo abastecer a este pequeño poblado situado en lo más alto de la montaña a las afueras de Calaceite. Todas casas rectangulares con pasillos entre ellas a modo de calles estrechas se conserva perfectamente la estructura de lo que fue, incluso de su muralla.
Nos dirigimos al sur de la comarca, a Beceite. Para nosotros el lugar más bonito, junto con la Fresneda, pueblo medieval situado en el pico de la montaña con unas calles tan empinadas como estrechas. Fue en Beceite donde conocimos una de sus gargantas y nos quedamos sentados presenciando el espectáculo de color y agua que ofrece con su vegetación y cascadas. Continuamos subiendo hacia el parque natural "Parrissal" de Beceite, donde tan solo nos cobraron 1,50€ por acceder. Increible ver las águilas y buitres entre sus picos escarpados, toda la vegetación y el pequeño riachuelo que lo recorre entero. Aquí nos encontramos con las pinturas trupestres mejor conservadas de la zona, pintadas en pared de piedra en la que creemos que en su día debía tener un pequeño techo.

DSC 4728Continuamos nuestro camino dirección Huesca cruzando el desierto de los Monegros. Este día fue completamente de transición. Muchos kilómetros de rectas interminables y carreteras comarcales con socavones infinitos conociendo parajes increíbles hasta llegar a Broto, donde pasaríamos la noche. Pasamos de una vegetación pobre como la del desierto a una exuberante, frondosa, húmeda y fría de los bajos Pirineos. Esta zona desde luego nos enamoró tanto por la belleza del paisaje como de sus carreteras y pueblos pirenaicos de estilo muy Francés. Me encantaría volver a esta zona en temporada de nueve, debe estar espectacular.
Aquí pasamos dos noches. Es una zona muy amplia con carreteras infinitas que son el sueño de cualquier motero y además necesitábamos medias más bajas y establecernos un poco y no desgastarnos tanto físicamente. Con esto quiero decir que estos viajes son una carrera de fondo. Claro que hubiéramos aguantado haciendo más kilómetros pero lo más seguro es que llegados el último día no habríamos estado tan frescos. Se trata de disfrutar también.

Visitamos multitud de pueblecitos de la zona, Panticosa y su balneario, lo más alto que estuvimos, a unos 3048m de altura. Pueyo, Torla, Broto, Biescas, Jaca... todos ellos tremendamente bien conservados con un estilo de montaña cautivador. Fueron dos días de disfrutar de la zona de Ordesa y Monte Perdido y todas sus regiones, de los paisajes tan abrumadores y con carreteras tan serpenteantes que cuando nos queríamos dar cuenta íbamos casi parados debido al asombro. Estuvimos un rato viendo las gargantas, cascadas y pequeña laguna de la zona y volvimos a bajar deshaciendo el camino y parando en Pueyo, un pueblecito increible pasado Panticosa. Es el típico pueblo de montaña francesa, de estilo clásico y sobrio, como de estación de esquí. Aquí nos explicaron que todos los tejados tienen nervaduras que sobresalen en forma de pico para evitar que caiga del “pitu” que no es otra cosa que la nieve que cae de los tejados a causa del deshielo con la salida del sol. Y esto es así ya que a veces cae tanta nieve de tanto peso como el de una vaca y han visto cómo ha destrozado techos de coches hundiéndolos por completo y gente morir a causa de esto.
Seguimos dirección Ordesa, por lo que para os en Torla, pueblo donde tiene acceso a la zona. Por las horas que eran comimos en el primer asador de la zona. Hoy sí nos hemos dado un homenaje, en el restaurante “La Cocinilla” pero creo que también lo merecíamos. Unas vistas espectaculares al monte y una temperatura fenomenal.

dos motosAl final del primer día en esta zona decidimos, dado que lo teníamos tan cerca, cruzar los Pirineos por el túnel de Biescas para verlos por el lado Francés y visitar Francia. Mi pequeña Duke ya ha estado en el país Galo, quién se lo iba a decir. Decidimos llegar hasta el túnel por una carretera que bordea Monte Perdido y Ordesa y que parte desde Sarvisé, donde estaba nuestro hotel, hasta casi Biescas. Un tramo de unos 60km lleno de baches, desperfectos, asfalto degradado... un verdadero desgaste para los brazos y el trasero, y sobre todo para los frenos, pero las vistas y el tramo lo merecían.
Llegamos justos para la cena en el Hotel los Piranillos. 30€/noche. De habitaciones modestas pero limpias y bien montadas y camas para nada cómodas. Lo definiría como el mejor donde hemos estado, sobre todo por el trato tan amable y hospitalario de todos sus trabajadores, una cosa increíble, de hecho quedamos en volver. Un complejo familiar, de los de antes que ya no quedan, con actividades para la familia y los niños, un servicio exquisito y en pleno monte. Una delicia por un precio de risa. Además hicimos muy buenas migas con la camarera del lugar. Cordobesa afincada en Madrid y trabajando los veranos en un pueblo perdido de Huesca... ¡vosotros diréis! Una sal y una gracia que no paramos de reir con ella, otra de las anécdotas del viaje.

DSC 4721Se acabaron por desgracia los días en esta zona, de la cual notamos mucho la diferencia de la forma de ser de las gentes según íbamos cambiando de zonas. Ahora nos tocaba llegar a La Rioja con parada a medio camino en Tudela para comer sus famosos cogollos. Dio la casualidad que coincidiéramos justo el día que estaríamos allí con mi madre y su chico, mi padrastro. Cómo no decidimos ir a cenar con ellos en Haro, muy cerquita de Miranda de Ebro a medio camino antes de llegar a Logroño. Un pueblo fabuloso, con una cultura vinícola especial que se nota andando por sus calles y viendo la cantidad de bodegas que ay por su carretera riojana. Cenamos y tomamos unos vinos por la zona de la Herradura, la zona típica de pinchos y vinos. Un lugar de visita obligatoria. A la mañana siguiente nos dirigimos a Ezcaray, otro pueblo de visita obligada, precioso, por donde pasa el Río Oja, afluente del Ebro, que da nombre a La Rioja. Lástima no poder estar más días pues tiene tantos pueblos y carreteras que conocer...

DSC 4748Acabamos el viaje en Soria, tal y como empezamos, en un camping. Pero qué camping. Refugio de Pescadores es un centro de acampada libre y muy económico. Regentado por personas muy jóvenes nos dieron todas las facilidades del mundo, incluso un colchón, una mesa y un par de sillas y tan solo por ser moteros. Aquí pasamos la tarde bebiendo y cenando al lado del río. Cuando se hizo de día teníamos dos lugares que visitar antes de volver a casa. El primero a 12km, ya en la provincia de Burgos. En Regumiel de la sierra encontramos huellas de dinosaurios que se conservan en piedra tras la sedimentación de 120 millones de años. Da qué pensar, sobre todo por la calidad de la conservación de las mismas. Dimos media vuelta dirección Vinuesa para ver la Laguna Negra. Una vez aparcadas las motos por 2€ nos esperaba una subida a pie de 1,7km pero merece la pena el esfuerzo, solo hace falta ver las fotografías...

Joel Martín

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