Benjamín Grau: El Hombre de Montjuich

Escrito por Tomás Pérez el .

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El hombre de Montjuich, un piloto que forma parte de la leyenda de ese parque y de sus 24 Horas, una prueba del campeonato del Mundo que ganó nada menos que en siete ocasiones. Benjamín, o Min, Grau, en directa competencia con su compañero de equipo, el 12+1, protagonizó con él durante años una rivalidad que parecía trasladar la eterna  entre el Madrid y el Barça al mundo de la moto (Sigue Leyendo).

Derbi 250

 

Transito por una avenida crecida al amparo de unos juegos olímpicos que grabaron un recuerdo universal en la historia de un país y que transformaron tanto una ciudad de condal arraigo, que ya no es la misma desde entonces. Paseo por el centro de su bulevar bajo unas esculturas forjadas en hierro y pintadas de gris, que se antojan como una ciclópea marquesina sobre el paso apresurado de los peatones a los que brinda su palio. Al borde de una esquina y bajo un soportal, descubro el cierre echado y solitario del local que busco. Alzo la muñeca y compruebo el reloj con la aguja grande sobre la hora en punto convenida. No importa la espera, merece la pena, desde luego; pero es que, además, hace mucho tiempo que a uno le encanta aguardar con un asiento cercano y el lapso suficiente para sacar una libreta y plasmar en ella todas esas ocurrencias, ideas y soluciones que se van prendiendo en la mente mientras camina.

Pasados unos minutos, me levanto del bloque de piedra sobre el que empezaban a entumecerse mis posaderas y diviso por mi izquierda a un motorista que se aproxima subido en un scooter gigante, moviéndose por la acera al paso de un peatón. Poco antes de llegar a mi altura le escucho dirigirse a mí. Lleva levantada la mitad delantera del casco y sólo me cuesta un par de segundos reconocer el mismo rostro, inevitablemente ajado, de aquel hombre de El Parque que tanto había admirado.

Invitado.- Vengo sufriendo por ti.

IMG 3455Alega con gesto de apuro. Luego me sonríe cuando escucha mis palabras restándole importancia y aparca el Silver Wind frente al cierre de su negocio. Le ayudo a subirlo, y con el metal plegado, queda al descubierto un coqueto restaurante de estilo italiano. La cristalera cuadriculada por listones de añeja madera sirve de fachada a un rincón que ya se antoja entrañable desde antes de entrar.
Nuestro protagonista me hace pasar, y cuando cruzo el umbral, descubro algo que poco tiene que ver con un negocio, descubro el íntimo reducto de una vieja gloria del motociclismo. Una de las más grandes que ha dado este país y que desgraciadamente ha quedado en el olvido de la mayoría, incluso de sus paisanos.

Super7.- Tú eres del 45, y me comentaste cuando hablamos por teléfono, antes de venir, que ya naciste con el gen de la moto dentro de ti.
Invitado.- Sí, eso es. En el mundo de la moto hay gente que se hace y hay gente que nace. Yo nací en la moto, por decirlo así. No es que sepa más que nadie, ni es que sea más listo que nadie, pero la verdad es que antes de que pase algo en una moto, yo ya lo sé.

Super7.- ¿Te refieres a antes de que se rompa algo? ¿Quieres decir que lo presientes?
Invitado.- Sí, y me pasaba con las motos de carreras. Sabía cuándo un embrague se podía forzar, cuándo no; sabía cuándo un freno estaba a punto de gastarse y antes de que pasara en una carrera de resistencia, paraba y hacía que lo cambiaran. Otros no se daban cuenta hasta que frotaba hierro con hierro y luego era mucho más complicado cambiarlo, claro.

Super7.- ¿Recuerdas alguna anécdota sobre esta especie de clarividencia?
Invitado.- Sí. Recuerdo cuando ya tenía 55 años que estábamos en Montmeló probando una Kawa 600: Descubrir un fallo de potencia entre 6 y 8 mil, o entre cinco y siete mil, es muy fácil porque hablamos de una franja muy ancha. Pero cuando me paré con aquella moto después de dar las primeras vueltas dije que había detectado un agujero de potencia entre 10.000 y 10.500 rpm. Sería algo de carburación, evidentemente, y luego en el banco de potencia se comprobó que, efectivamente, así era, que el bajón estaba en ese régimen. No se podían creer que hubiera notado eso en sólo 500 vueltas y además tan arriba.

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Super7.- ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que te subiste en una moto de carreras?
Invitado.- Sí… Las 24 Horas últimas que hice con una Suzuki. Con una Hayabusa.

No puedo evitar sorprenderme imaginando un modelo tan insólito dentro de una carrera.
S7.- ¿Una Hayabusa? ¿Y cuánto tiempo hace de eso?
Invitado.- Pues –recuenta mentalmente-… hace seis años.

Mi sorpresa se convierte ahora en admiración:
S7.- ¿Hace sólo seis años? Es decir, que tenías 61. Bueno, fue entonces en las 24 Horas de Montmeló. ¿Y qué tal se te dio?
Invitado.- Lo pasé muy mal porque, claro, la Hayabusa no es una moto de carreras. Tenía un motor que corría mucho, pero iba tocando todo por el suelo. Cuando llegaba a –no termina, desecha la descripción-… lo pasé muy mal. Creo que ésa ha sido la vez que más he sufrido en una moto.

S7.- Bueno, ¿y terminaste?
Invitado.- Sí… Claro.

Me mira un tanto extrañado, como si la duda ofendiese, y claro, no es de extrañar, porque estamos hablando ni más ni menos que con Benjamín Grau –también conocido en el ambiente de carreras como Min Grau-, doce veces campeón de España de velocidad y vencedor en nada menos que siete ocasiones de las míticas 24 Horas de Montjuich, cuando las pruebas de resistencia se corrían con sólo dos pilotos (en la actualidad se corre en equipos de 3) y además cuando esta prueba formaba junto con la Bol D´Or, la carrera por antonomasia de la especialidad en el Campeonato del Mundo. Le recuerdo con su personal estilo, fino como nadie y muy fijo sobre la moto; y le pregunto por él.

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