Entrevista Ángel Nieto

Escrito por Tomás Pérez el .

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En un margen un tanto desolado de la avenida de El Planetario emerge un escueto grupo de naves ocres y polvorientas, que recuerdan por su aspecto depresivo a aquellas que albergaban la fábrica de Ducati Mototrans, en el Poble Nou de Barcelona, donde nuestro protagonista trabajó en sus primeros años y que fueron demolidas olímpicamente hace ahora dos décadas. Al parar junto a esa fachada, nadie diría que detrás suyo se atesora una colección que representa los logros más universales de al menos medio motociclismo español (Sigue Leyendo).

 

  

Una moto roja y diminuta, en su tamaño natural, constituye el reclamo y el único indicio externo de que aquellas apagadas paredes albergan la gloria recientemente pasada de una estrella a la que siempre se debe tener presente. 

   Aún es pronto. Me he dado un tiempo para preparar mínimamente el escenario:y Carlota, la encargada, me invita a que descubra una por una las joyas atesoradas dentro de la sala. La Derbi 50 de aire, estrecha e imposible, la Bultaco monocasco, de silueta marciana e inverosímil, la Kreidler, más terrestre y racional, la imponente Garelli 125 y la irrepetible Siroko del malogrado Don Antonio; todas acompañadas por monos, cascos y botas acorde con cada una de sus épocas. A la derecha se extienden, a lo alto y a lo ancho, distintas vitrinas empotradas que, sencillamente, antes de fijar la atención en cada figura, intuyen la galería de trofeos de algún club decano del deporte rey, rey en audiencia.

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   El Santo Padre es para todos los católicos el embajador de Dios en la tierra; y Él es para muchos de nosotros el nuncio apostólico de Su Santidad (perdón por la irreverencia) en el círculo abierto del motociclismo español; un título ganado sólo con el agradecimiento que todos le debemos y rubricado por el cariño que se ha ganado día a día por su carácter abierto y su accesible personalidad.

   Y la voz de Su Eminencia se oyó al otro lado de las vitrinas cargada de energía y un tanto ajetreada, tal y como le he escuchado toda la vida, dejando adivinar ese acento acuñado en Vallecas hace ya medio siglo, mientras resolvía algún asunto con el teléfono pegado al oído y rebasaba el torno de la entrada. Me acerco, doblo la esquina acristalada que contiene la Derbi 50 y me lo encuentro de frente.

La melena plateada, como la de un sabio coetáneo de Pericles; el rostro un tanto congestionado y los ademanes, como la voz, simplemente un manojo de energía e inquietud. Un colgante pende de su cuello cogido por un cordón negro que se sumerge bajo la camisa clara remangada. Vaqueros sencillos y desgastados, rematados por un cinturón negro a juego con la muñequera de cuero.

   Nos acomodamos en el rincón que había preparado, coloco la grabadora y le muestro a continuación una fotografía a modo de introducción. En ella aparecemos los dos juntos. Me señalo a mí mismo para que me reconozca con certeza y él, con cierto asombro, añade a continuación: “Sí… y éste soy yo”. Una sensación un tanto agria emerge en su rostro: “Pero de esto hace un huevo de años…, y ésta es mi caravana”. La fotografía fue tomada en el paddock de Assen durante los entrenamientos del G.P de Holanda del año 89.

   Su aspecto insólitamente juvenil, le delata como un personaje perteneciente a esa generación calificable de diabólica por haberse confabulado con el propio Satanás. ¿Cómo se explica si no, no ya que se conserven tan frescos y lozanos, sino que emanen a su edad esa inaudita energía con la que nos deslumbran a todos? Mick Jagger, Alice Cooper, Steven Tyler, Ian Guillan, Miguel Ríos…

 

   Y Ángel Nieto.

 

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