Introducción.- La Moto: Una Simbiosis

Escrito por Tomás Pérez el .

Antes de pensar en comprar una moto, es muy importante saber que, al conducirla, formaremos parte de una simbiosis y que entraremos en un mundo de pura sensibilidad que podemos ver y sobre todo percibir en dos sentidos: 

De la moto hacia nosotros y de nosotros hacia la moto.
Esa simbiosis de la que formaremos parte ensamblados con la moto está basada en la en la percepción y en la sincronía.

La Moto Una Simbiosis

La Moto: UNA SIMBIOSIS basada en la percepción y en la sincronía

-En la Percepción: De la moto hacia nosotros
.

En este punto hablamos de todo lo que nos va transmitiendo la moto en marcha y de saber interpretarlo. Debemos llegar a distinguir, por ejemplo, dos casos que a menudo confunden a muchos motoristas. Cuando pasemos oblicuamente sobre una estrecha línea de pintura que levante un pequeño escalón sobre el asfalto, formado por las muchas capas que ha recibido, la moto reaccionará con un pequeño vaivén al subir y bajar esa línea. En cambio, cuando si al pasar sobre la franja de un paso de cebra la rueda resbalase ligeramente, la moto transmitiría otro vaivén similar, pero que no es el mismo.
En el primer caso, la mayoría de las motos de hoy en día serán capaces de copiar el terreno, de copiar esa bajada del escalón de pintura y transmitirla a través del neumático, la suspensión y el chasis hasta nuestros pies, nuestras manos o nuestro trasero. De la misma forma será capaz de copiar ese leve deslizamiento sobre el paso de peatones y transmitirlo hasta nosotros con un mensaje de matiz diferente del primero.
Si nuestra falta de percepción confundiera el primer caso con el segundo, fácilmente y por error, achacaríamos un fallo de adherencia al neumático. La peor consecuencia de esta confusión es la preocupante y casi inevitable pérdida de confianza y seguridad que nos va a conferir.

-En la Sincronía: De nosotros hacia la moto.

Se manifiesta en todos y cada uno de los movimientos que hagamos. Todas las motos, unas en mayor y otras en menor medida, están dispuestas, atentas a nuestros movimientos para interpretarlos como órdenes. A veces el más mínimo gesto de nuestro cuerpo, casi involuntario, es recibido como un mandato por nuestra moto y respondido a él con una maniobra que siempre se corresponde de la misma manera y en la misma medida con la fuerza y el ángulo de ese gesto nuestro.
Para hablar de esa sincronía, nos sirve como mejor ejemplo la reacción de una moto deportiva, de una doble erre. Si cuando abordamos una curva con una de estas auténticas máquinas de precisión, miramos, fijamos nuestra atención en un punto de referencia -por ejemplo, el ápice de esa curva- la moto irá hasta allí ella sola allí, únicamente con que lo pensemos. ¡Qué mayor sincronía se puede concebir que conducir sólo con el pensamiento!
Expresándolo de una forma lírica, diremos que el motorista y su moto forman una pareja de baile o una pareja de patinaje que conjuntan armoniosamente todos sus movimientos para evolucionar con una musical sincronía sobre la pista. Hacia algo como eso debe tender nuestra conducción de la moto en carretera.

Un apunte final de este capítulo:
Digamos que en una conducción deportiva se puede alcanzar una gran sincronía con el coche, pero nunca se usa circulando normalmente. En cambio, en moto, sí. En moto son imprescindibles tanto la sincronía como la percepción en el día a día.

Tomás Pérez

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