Prueba Moto Guzzi California Touring

Escrito por José Ángel, Tomás, José Mª el .

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Continuamos con la prueba de las Guzzi California. Si la semana pasada iniciábamos la prueba con el modelo Custom, ahora le toca el turno a su hermana la Touring, con muchos elementos comunes pero un caracter muy distinto. (Sigue leyendo)

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Si no habéis leido la prueba de la Moto Guzzi California Custom, podéis hacerlo en este enlace.


PRUEBA DE LA TOURING

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Probador 1: Jose Angel Lorenzo

Ficha: 42 años, 74 kilos, 1,70m

Nivel: Adicto a la Kustom Kulture y a los kilómetros sobre hierros.











SUAVE Y ELEGANTE

No caigas en la tentación de pensar de que se trata de la misma moto que la versión Custom, no pienses ni por un momento que estás ante la misma creación pero con un cambio de imagen, vestida más elegante.

Tomás ya me había avisado de las notables diferencias entre ambas, pero descubro por mí mismo que son todavía más acusadas.

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Para empezar me encuentro que mi compañero olvidó decirme que el selector del control de tracción estaba en la posición “Veloce”, sinceramente, esto en la Custom hubiera supuesto darme un susto, pero vaya sorpresa: después de unos kilómetros cabalgando suavidad descubro que llevo el mapeo de motor más radical. Sin duda en esta posición “deportiva” la entrega de potencia es más moderada que en el modo “Turismo” de su melliza. Toda una declaración de intenciones.

Su conducción invita a rutear sin el punto salvaje de la flecha plateada que he tenido días antes, mis pulsaciones no se ven condicionadas por la adrenalina y me invaden unas terribles ganas de consumir carretera, pero esta vez sin retos, sin buscar hacer la hora en menos de 60 minutos, pero no te confundas, si requiero de la velocidad salvadora de situaciones comprometidas la encuentro, porque el motor sigue teniendo su tremendo par pero su potencia, su chispa, ya no esta contenida en un sector alto de las revoluciones, se diluye en toda su gama con una mayor uniformidad, si buscas exactamente lo mismo que tenías en la otra te llevarás un chasco, pero sinceramente, si tu mentalidad es la normal de un jinete de este tipo de hierros te quedarás satisfecho, así de sencillo. Aquí la ansiedad de la velocidad se cambia por la ansiedad por la distancia.

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La suavidad del motor, incluso cuando requieras su patada, es más elegante, acorde con la cuidada vestimenta elegida para la Touring, detalles como la combinación de negros y blancos o el asidero cromado de la parte posterior del asiento confieren un sabor más del gusto de la vieja escuela.

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Nuevamente la calidad de los acabados queda patente, pero aquí toman un protagonismo mayor con las maletas. En este punto hay que decir que el caballo de batalla de muchas motos que las equipan, su fiabilidad, parece que está lograda y aguantarán dignamente los esfuerzos de abrir y cerrar sus tapas. Algún plástico se cuela con mucha dignidad, de manera muy conseguida, pero plástico al fin y al cabo.

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Siento unas terribles ganas de irme muy lejos, sin rumbo y con la única premisa de las paradas para repostar, algo que consigo que ocurra después de los 250 kilómetros, el desarrollo de su sexta marcha contribuye en buena medida a ello.

Se me antoja una moto perfecta para recorrer la vieja Europa, con comodidad, con seguridad y por supuesto con la elegancia del gusto que desde Italia son capaces de transmitir a las máquinas.

Acomodado en su sillón en el que las palabras “Moto Guzzi” son un acertado adorno, la carretera se proyecta en su vertical pantalla, me siento cómodo en él, aunque en esta gama de motos si no son cómodos soy especialmente crítico, no lo considero un mérito, es una obligación.

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Volviendo a la pantalla, con mi metro setenta no he encontrado especialmente problemas con las turbulencias que se producen por encima de ella, aunque éstas sí se me anuncian, me temo que esa molesta vibración constante afectará a los más altos, pero he de reconocer que yo aquí no soy objetivo, no me gustan mucho y nunca me he acostumbrado a ellas, para muchos resultará un eficaz refugio.

Hay dos cosas en las que no noto cambios entre los dos modelos, por un lado el asunto de los frenos, magníficos, incluso exigiéndoles, no desfallecen, se muestran eficaces y el ABS cuida de ti sólo cuando es verdaderamente necesario, sin intromisiones indeseadas. Y por otro lado la suspensión, sigue siendo seca y firme, resultando lo menos dulce del conjunto, será hasta chocante para los habituales consumidores de motos Kustom Kulture.

En la Touring llama más la atención el gran velocímetro digital, el gusto un tanto añejo de los preciosos tres faros y por otro lado ese derroche electrónico… pero entramos en el ámbito de los gustos.

Estoy convencido de que estoy ante la moto de estas dimensiones, y en ello incluyo su hermana la Custom, con la que más difícil me ha resultado tocar con las plataformas en el suelo.

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Personalmente en la Touring siento mucho más placer al enlazar curvas serpenteantes, de las que salvan la orografía, de las que parecen que están hechas para divertir, la tranquilidad que me trasmite la moto es puro placer, la energía de su motor entregada de manera más racional y en un abanico de posibilidades más extenso es la culpable de ese gusto. Su hermana es más divertida si quieres correr. Tú eliges.

Elegante, sensual, suave como un filo de cuchillo… lastima que no chille, gima, cante y te hable como debe, no me cansaré en cada una de mis pruebas de maldecir la normativa vigente. Y a los que les parezca bien esta restricción, mis respetos, pero a ellos no les gusta el Kustom.

José Angel Lorenzo

SIGUE CON LA PRUEBA DINAMICA HECHA POR UN PILOTO -->

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